Por estas latitudes Didier Mombilo Ebongeza (35) está más que acostumbrado a que le extiendan una lapicera y un papel para pedirle que escriba su nombre y apellido. Lo hace amablemente y también coloca las lenguas oficiales de su país: la República Democrática del Congo: lingala, kikongo, tshiluba y shahili, que domina a la perfección, además de ser proeficiente en inglés, francés y español. Hace ocho años que este congoleño llegó a Salta, de la mano de una novia salteña a la que conoció en Camerún. Actualmente es el administrador del hotel de Iruya hace un año y siete meses.

Didier nació y vivió en Kinshasa, la capital de la República y una ciudad con diez millones de habitantes.
Según refiere un sitio de la National Geographic, la República Democrática del Congo, ubicada en África occidental y sobre la línea del Ecuador, tiene su población concentrada en el sudoeste y selvas en el norte prácticamente deshabitadas. Además, desde su independencia en 1960, las revueltas políticas han agitado el país. Después de tres décadas de gobierno marxista, el Congo adoptó un sistema democrático multipartidista en 1992. Los conflictos de fines de los 90 sacudieron la democracia, pero la nueva constitución de 2002 constituye una promesa de estabilidad.

"En el Congo la vida es diferente -dice Didier-. En la capital tenemos la vida más tranquila que la que se vive en las colonias. Hace 20 años está afrontando el problema de alguna rebelión que surge por una cuestión económica", comenta Didier. Luego instruye que el "mal" del Congo es un mineral metálico, negro y opaco compuesto por cuarzo y tantalita: el coltán. Este mineral es motivo de conflictos geopolíticos, sobre todo en el Congo, donde se mezclan los intereses del Estado y de los países fronterizos, de las guerrillas que operan en la región, de las multinacionales occidentales y de los contrabandistas. De acuerdo con informes de agencias internacionales de prensa y Naciones Unidas, la exportación de coltán ha ayudado a financiar a varios bandos de la Segunda Guerra del Congo, conflicto este que ha resultado en un balance aproximado de 6 millones de muertos. Agrava el hecho que Uganda exporte coltán robado del Congo a Occidente, principalmente a los Estados Unidos, en donde se utiliza en la fabricación de condensadores electrolíticos de tantalio.
En palabras de Didier: "Las multinacionales van ahí y se aprovechan de algún oportunista y le dan armas para quedarse con eso. Es para explotar el coltán de forma ilegal. Eso surgió en 1996 y se habla de diez millones de muertos en el Congo. Hay un gran genocidio del que nadie habla. Hay muchas violaciones de mujeres". Añade que el movimiento rebelde usa este repudiable acto, la violación a las mujeres, como arma contra los pobladores. Va más allá, vincula al genocidio de Ruanda con la lucha por la hegemonía del coltán. El genocidio de Ruanda se desarrolló durante cinco meses de 1994. Se inició una jornada infausta, el 6 de abril de aquel año, cuando se produjo el atentado que le quitaría la vida al presidente Juvénal Habyarimana, que durante dos décadas había gobernado Ruanda en favor de los hutus, la etnia a la que él pertenecía. En aquel momento casi la totalidad de la población tutsi (15%) pereció en manos de la de origen hutu (85%). Murieron entre 800 mil y 1 millón de personas, en un territorio con menos de 8 millones de habitantes. "El genocidio era para desestabilizar el poder por el coltán. Según los historiadores, crearon desorden en Ruanda para ingresar al Congo gente armada con la excusa de perseguir a los rebeldes", opina.
Le preguntamos acerca de la seguridad de su familia. "Por suerte mi familia está en la zona donde no hay ese mineral. Todas las rebeliones curiosamente empiezan en esa zona, en el este, y nunca llegan a la capital. Los dirigentes políticos tampoco hacen esfuerzos para terminar eso y que la gente viva mejor porque son corruptos y tienen sus intereses. Les conviene mantener esa situación de tensión y desorden", manifiesta. Entre las actividades económicas del Congo se encuentran la extracción de petróleo, cemento, madera, producción de cerveza, azúcar, aceite de palma y jabón. En la agricultura se destacan la cassava (tapioca), azúcar, arroz, maíz y productos forestales.
Además, el país es un fuerte exportador de petróleo, madera, contrachapado, azúcar y cacao. Sin embargo, es destino de muchas naciones en este planeta el que la riqueza no se derrame hacia los estratos sociales vulnerables.
"Hay gente que se está muriendo de hambre cuando hay gente a la que le sobra la plata y esto difícilmente va a cambiar. En principio debe haber elecciones el 19 de este mes, pero el que está en el poder habló con las minorías para sostener sus intereses y va a estar hasta 2018. Es un país potencialmente rico y la gente podría vivir mejor", se desahoga. Añade que muchos jóvenes tratan de migrar a Europa y Estados Unidos. "Latinoamérica no está en la agenda", comenta.

En la búsqueda de compatriotas
El año pasado Didier concurrió a la embajada la República Democrática del Congo para averiguar cuántos compatriotas hay en la Argentina. "Somos menos de cincuenta porque Sudamérica no está en la agenda. Acá no hay guerra, pero el tema del trabajo y los sueldos lo hace poco atractivo para la gente del Congo", se sincera.
Dice que si por su camino no se hubiera cruzado aquella salteña en Camerún, donde él cursaba estudios superiores de Filosofía, nunca se hubiera imaginado en Argentina. Acá cursa la misma carrera en la UNSa y Derecho en Tucumán. Aunque es un alumnos avanzado en ambas, siente que su tierra lo llama.
"La idea mía es volverme al Congo por el tema de la política, me encanta la política y quiero ver qué puedo aportar. Congo me necesita, Argentina no", sintetiza.

Sobre esta tierraDidier dice que los salteños "son buena gente. Yo en principio cuando llegué acá, me molestaba el horario, no respetan el horario, parece que no tienen reloj. A un amigo le dije "¿Cuándo es tu cumpleaños?, que te voy a regalar un reloj''. Es cultural eso. También que en el tema del trabajo la cuestión acá no pasa por la capacidad que la gente tiene para el trabajo, sino más por una cuestión de relación". Entre los paisajes salteños comenta que le asombró y quedó prendado para siempre de la Puna "sobre todo, la zona de Iruya, que me transformó en un monje que vive en zona de montaña. También la zona de Cafayate, Cachi, son excepcionales. Parece que estás viviendo más cerca del cielo", se explaya. Didier es tan particular que entre todos los Lejos del pago que entrevistó este medio destaca porque dice no sentir nostalgia. "Si pensara en el Congo no podría tener la mente acá", cierra.

Los elegidos de Didier

Una bebida: el congoleño dice que aquí aprecia los buenos vinos regionales, aunque reconoce que en Argentina toda hay excelentes variedades.
Una comida: disfruta mucho de las empanadas y también de los tamales. "Pero fuera de eso la culinaria es común, como en cualquier lugar del mundo", dice.
El trabajo: cuenta que lo primero que le preguntan los turistas a los que recibe es qué hace en Salta. "Estoy para servirte a vos", es la respuesta que les da.

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