Eso de "quitarle el bozal a la bestia", que volvió a repetir el presidente Mauricio Macri en la comida por los 150 años de la Sociedad Rural Argentina, es una de las imágenes que mejor resume el momento que vive el campo. La tomó de las declaraciones de Luis Etchevehere, quien actuó como anfitrión del festejo que reunió a 800 personas con una destacada presencia de gobernadores, ministros, legisladores, jueces y diplomáticos.
La frase en cuestión representa uno de los grandes activos que hoy tiene el agro. Nunca antes un presidente argentino hizo pública esa confianza en el campo como una "fuerza imparable". Al punto que apuesta que será el sector que dinamizará al resto de la economía. El campo pasó a ser la locomotora y no el furgón de cola.
Macri es de los que cree que el impulso innovador está en el ADN del productor y que los progresos se encadenan. En 1866 lo que había enfrente de los ganaderos de vanguardia que fundaron la Sociedad Rural era el desierto. Y lo transformaron. La importación de toros británicos puros obligó a tener personal especializado. Esto dio piedra libre a la incorporación de alfalfares y maquinaria agrícola y a una serie de adelantos entre los que vale rescatar a la Rotania, la primera cosechadora autopropulsada del mundo, que se diseñó y fabricó en Argentina.
Hoy los productores se encuentran con la tranquera abierta después que los liberaron de los cepos, retenciones, agresiones y de las torpezas que prodigaba casi a diario el extinto gobierno K. Lo desconcertante por el momento es que "la bestia" que debía salir para arremeter con todo lo que tiene por delante todavía se mantiene inmóvil.
"Macri es de los que cree que el impulso innovador está en el ADN del productor".
Por ahora, solo levantó la cabeza, pega resoplidos y se tira tierra por arriba del lomo.
Si bien ya brindó señales positivas con la mayor superficie sembrada de trigo, la retención de vientres y la futura campaña del maíz, que se está traduciendo en más ventas de insumos y maquinaria agrícola, el tiempo que se está tomando para hacer temblar lo que pisa no deja de poner ansioso a más de uno. Las causas de esta demora son múltiples. Van desde los problemas financieros que vienen arrastrando muchas empresas agrícolas y lecheras hasta los desastres que causaron las repetidas inundaciones en la región central del país. Contabilizando la última de junio, con precipitaciones acumuladas de apenas 100 milímetros, el este cordobés ya sufrió la quinta inundación en tres años. Hay cerca de tres millones de hectáreas afectadas de los mejores suelos del país. Y por lo tanto miles de productores están en la lona.
Pero hay también un freno mental en los productores y empresarios tanto de la pampa húmeda como de las economías regionales. Es indudable que el escenario cambió. Y que a la bestia le sacaron el bozal.
Lo que no está tan claro es si la actitud defensiva que tuvieron los protagonistas del campo durante los últimos años fue reemplazada por una mentalidad más ofensiva. En algunos casos, la fuerza emprendedora quedó castrada o por lo menos adormecida.
El cambio hacia una actitud más acorde al nuevo escenario es un proceso que se está tramitando. Lo seguro es que la innovación tecnológica, el empuje empresarial y la integración con los mercados del mundo que demanden nuestros alimentos ocuparán nuevamente la escena.

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