¿Cómo analizan desde la organización la mejora del 75% en el rendimiento de los alumnos?

El año pasado lo que hicimos fue comparar cómo le había ido al alumno en esa misma materia el año anterior y si se había modificado esa trayectoria con la presencia del PExA. Si hay dos personas dentro del aula debería haber una mejora, y el 75% habla de un buen trabajo en el primer año.
¿Cuál es la reacción del docente anfitrión? Hay cierta resistencia a la hora de incorporar a un joven profesional en la clase...

Creo que el modelo desafía tanto al docente anfitrión como al profesional porque ambos tienen que encontrar un espacio para compartir. No es fácil trabajar el liderazgo colaborativo, entiendo que los argentinos todavía no estamos acostumbrados a ese liderazgo que se potencia a partir del trabajo del otro, de hecho las aulas no vienen siendo un espacio abierto. En este espacio está el docente, los alumnos, y salvo una excepción, algún practicante. El compartir el espacio es de alguna manera una propuesta innovadora, y como toda propuesta que intenta modificar algo tiene su resistencia; también hay desconocimiento.
Hasta que un docente anfitrión comprende que son los pexas, por supuesto, que existen prejuicios.

¿Cuál es la experiencia con los directores?, ¿dejan hacer?

Tuvimos la experiencia de directores muy abiertos, con ganas de innovar, introducir cambios. Fueron aliados desde el primer momento. Sin ellos hubiera sido muy difícil que los profesionales trabajaran en las escuelas.

Además de apuntar al aula, también se trabaja pensando en el diseño de políticas públicas en temas vinculados a la educación...

Nuestro objetivo a corto plazo es la mejora en los aprendizajes, el beneficio de quien es el foco del programa: el alumno. A largo plazo la idea es conformar un movimiento de profesionales que haya pasado por la experiencia de la educación, y que el día de mañana, desde donde esté tome decisiones a favor de la educación.

¿Qué fortalezas del programa pueden destacar?

El trabajo colaborativo con los docentes, el poder ir introduciendo en las escuelas el trabajo en red, innovar en las herramientas y estrategias en la clase (con testimonios, nuevas tecnologías, actividades lúdicas); hay que perder el miedo a dinamizar la clase por sentir que se pierde el clima en el aula, sino que al revés se lo refuerza. La alianza entre el directivo, los supervisores, profesores anfitriones y profesional compartiendo el interés por la cultura evaluativa. El entender dónde estamos y hacia donde vamos.
Se va a poniendo al alumno en una línea de protagonismo.

A un año y medio, ¿qué cosas aún están pendientes o tienen que mejorar en el programa?

Creo que tenemos que mejorar en el proyecto de asignación. Es cuando vemos en qué materia y cómo presentamos el programa a cada directivo. En 2017, tenemos el desafío de insertarnos en 10 escuelas técnicas y tendríamos que hacer un trabajo más conjunto con Educación. El mensaje debe ser claro de entrada. Debemos preparar mejor el terreno para la llegada de los profesionales a la escuela.

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Sección Editorial

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