El título le pertenece al escritor británico George Orwell en su clásica novela satírica, aunque con otros personajes.
En una votación que significó una de las primeras derrotas legislativas para el Gobierno, diputados opositores dieron el 6 de diciembre media sanción al proyecto unificado del impuesto a las ganancias, propinándole una importante derrota a la coalición oficialista Cambiemos, que hasta el día de hoy no puede digerir.
Ese día los diputados, por primera vez después de mucho tiempo, votaron a favor de los trabajadores. No importó que la iniciativa vino de parte del sector del kirchnerismo, que tanto habían criticado. Las principales bancadas opositoras se encolumnaron detrás del proyecto. La victoria fue categórica: 140 votos afirmativos contra 86 opositores y 7 abstenciones.
Un duro golpe, que luego, gobernadores (no pudieron disciplinar sus propias tropas) y luego senadores, salieron a cuestionar el proyecto. El escenario muestra el particular momento y revela algunas debilidades. El Gobierno no tiene mayoría en ninguna de las cámaras, pero son contados con los dedos de una mano los gobernadores que tienen control absoluto de sus legislaturas provinciales y sus legisladores nacionales. En la mayoría de los distritos, los mandatarios comparten el poder con exgobernadores y fuerzas opositoras competitivas, que en muchos casos podrían ser ultracompetitivas si el Gobierno nacional se decidiera a respaldarlas enfáticamente. Más allá de la decisión final, es muy difícil que algo cambie si no incluye una reforma amplia que contemple mayor equidad en el pago del tributo. Un simple dato reafirmaría este análisis: de cada tres argentinos uno no trabaja, otro lo hace en negro y solo el tercero trabaja en blanco. En definitiva, es el que paga el impuesto.

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