Recuperar la fraternidad

Natalia Buira

Recuperar la fraternidad

A tan solo dos días de la asunción del nuevo presidente de los argentinos, a la que asistirán los primeros mandatarios de los países latinoamericanos; es el caso que todos los argentinos estamos pendientes si la Presidenta saliente entregará o no los atributos del mando al presidente entrante.
Es sabido que cada uno muere en la ley en la cual ha vivido y el populismo que reconoce como su líder a la presidenta saliente llega a su fin de ciclo en la Argentina comportándose hasta el último momento conforme sus premisas.
A estas alturas nos debiera haber resultado más que evidente que la Presidenta saliente no iba a entregar nunca los atributos presidenciales -símbolos de poder- a alguien que ella colocó del lado del "enemigo".
El populismo construye tanto el enemigo externo cuanto el enemigo interno siguiendo la máxima "Divide y reinarás", que implementaron tanto Julio César como Luis Bonaparte, es por esto que autores como Juan José Sebrelli llaman también a los populismos: cesarismos plebiscitarios o bonapartismos.
"Divide y reinarás" es el "nosotros nos quedamos con la alegría, que ellos se queden con la tristeza" que expresara este año la Presidenta saliente en la Casa Rosada -la casa de gobierno- a los jóvenes militantes que la aplaudían en los patios internos cuando hablaba respecto de la muerte del fiscal de la nación Dr. Alberto Nisman. "Divide y reinarás" es el sustento de la Grieta que fue abierta deliberadamente en medio de los argentinos con la finalidad expresa de reinar, de dominar, no de gobernar una República fraterna, sí de reinar. Será por ello que el 10 de diciembre de 2011 quien le colocó la banda presidencial a Cristina Kirchner fue su hija, en una actitud más monárquica ligada a la sangre y la herencia que a la República.
La presidenta saliente gobernó haciendo lo que quería, y se retira haciendo lo que quiere, dando excusas: que debe estar en la asunción como gobernadora de su cuñada: Alicia Kirchner; porque si concurrirá a la asunción de quien pertenece al "nosotros" máxime si es de su entorno familiar. Otra característica de los populismos es el nepotismo, los cargos públicos para los familiares.
Allí estará la Presidenta saliente -no donde le corresponde entregando los atributos presidenciales al presidente entrante- en Santa Cruz, donde el poder lo asume alguien que para ella pertenece al "nosotros" y alguien de su familia.
Lo raro es que no pensáramos que esto sería así, que por un momento creyéramos que Cristina Kirchner entregaría el poder a su "enemigo", poder del que se ha imbuido de tal manera que ha llegado a identificarse con él, a consustanciarse con el mismo. Por este motivo es que no puede entregar los símbolos del poder, lo viviría como algo atentatorio contra sí misma, es por esto que estará en la asunción de su cuñada y vaya a saber si no le coloca la banda a la gobernadora entrante, no sería nada descabellado siguiendo la lógica populista.
Una República es otra cosa. Una República no se sustenta en la grieta que divide a los argentinos, una República se sustenta en la unidad, se sustenta en la fraternidad.
Para un presidente republicano no resulta difícil traspasar el poder al presidente entrante, sabe cuando asume que lo hace para servir a todos sus conciudadanos sin distinción alguna, sabe y desea que esa misma ceremonia de entrega de los atributos presidenciales él la realizará al fin de su mandato respetando la ley y colocando la banda y entregando el bastón presidencial a quien en las urnas los argentinos hayan elegido para que ejerza la titularidad del Poder Ejecutivo.
Es deseable que la entrega de los atributos presidenciales se realice en la sede del Poder Ejecutivo Nacional es decir la Casa de Gobierno y no como lo hizo el gobierno saliente en el Congreso de la Nación, sería todo un símbolo de que se respetará la división de poderes, cada cosa en su lugar, y no como ocurrió en el gobierno saliente que el Congreso de la Nación se trasformó en un apéndice del Poder Ejecutivo Nacional.
En el bastón presidencial está en su empuñadura grabado el Escudo Nacional Argentino y en el escudo dos manos entrelazadas -símbolo de la fraternidad- sostienen "juntas" la pica con el gorro frigio, símbolo de la libertad. Quien detente el bastón de mando debe conducirse y conducir el gobierno haciendo realidad los valores de Libertad, Fraternidad e Igualdad de todos los Argentinos. Este será quizás el máximo desafío del nuevo presidente: cerrar la grieta abierta en medio de los argentinos de forma adrede para reinar, para dominar y recuperar la unidad sustentando su gobierno en la fraternidad porque es de esta única manera que recuperando la Fraternidad -uno de los tres principios en que se asientan las repúblicas junto con la Libertad y la Igualdad- se establecerá la República.
Mis votos desde aquí para que el traspaso presidencial se realice en paz, sin incidente violento alguno y para que comience un ciclo de concordia y fratría entre todos los argentinos.

¿Qué te pareció esta noticia?

Compartí

0

Te puede Interesar

Comentá esta Noticia