El segundo miércoles de octubre de cada año se celebra el "Día Internacional para la Reducción de los Desastres Naturales", que fuera instituido en 1990 por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Ese día fue creado para promover una cultura mundial de la reducción de los desastres naturales.
La idea es educar y generar conciencia sobre qué son los peligros naturales y también tecnológicos y ambientales, cómo prevenirlos, cómo estar preparados ante los eventos -mayormente impredecibles- y cómo mitigar sus efectos. El ruso V. Kartzev (Moscú, 1975), sostenía en este sentido que "la contienda del hombre con la naturaleza es tan eterna como la unidad de ambos".
Uno de los líderes en estos estudios es el Dr. Manfred R. Strecker, geólogo alemán de la Universidad de Potsdam. Strecker ha realizado en las últimas décadas numerosos programas, cursos, congresos, encuentros y convenios científicos internacionales para el estudio de la cuestión del riesgo geológico; entre ellos, un convenio de cooperación científica y académica entre Alemania y Argentina.
Por Argentina participa el Conicet, junto a las universidades nacionales de Buenos Aires, Tucumán y Salta. En el marco de esta colaboración, el suscripto publicó un libro sobre riesgos geológicos del cual se hicieron dos ediciones: en 2011 y en 2012, ambas prologadas por el Dr. William J. Wayne de la Universidad de Lincoln (Nebraska, USA) y el mencionado Dr. Manfred R. Strecker de la Universidad de Potsdam. El libro a que se hace referencia es: Riesgos geológicos en el Norte Argentino. Terremotos, volcanes, avalanchas, inundaciones, desertización y otros fenómenos naturales. Prólogo del Dr William J. Wayne, Prefacio del Dr. Manfred R. Strecker. Mundo Gráfico Salta Editorial, 252 p. Salta.
En diciembre de 2015, el Dr. Strecker fue electo con el más alto reconocimiento que otorga la Asociación Geológica de América (GSA), esto es miembro fellow honorario. Es importante destacar que, salvo los accidentes cósmicos que pudo haber en el pasado y que estuvieron relacionados con supernovas, explosiones solares o caída de asteroides sobre la Tierra, y que produjeron devastación generalizada, tal como la sospechosa extinción de los dinosaurios, en realidad los eventos más destructivos por la enorme pérdida de vidas humanas estuvieron asociados con pestes o guerras. Las estadísticas palidecen cuando se comparan las fatalidades por acontecimientos geológicos versus los de origen humano o biológico. Para ello sirvan algunos números simples de comparación.
"Los eventos más destructivos por la enorme pérdida de vidas humanas estuvieron asociados con pestes o guerras".
Entre las numerosas erupciones volcánicas registradas a lo largo de la historia humana hay dos que se destacan por el saldo de víctimas. Una de ellas es Tambora (Indonesia), con la erupción de abril de 1815 que dejó un saldo de 92.000 muertos. Se considera la erupción más grande de la historia en cuanto a cantidad de materiales expulsados. Las cenizas y el polvo atmosférico arruinaron el clima global y causaron que ese año no hubiese verano en el hemisferio Norte, con lo cual se perdieron cosechas y hubo hambrunas en Europa y América del Norte. La erupción del Huaynaputina, descripta en un artículo anterior en El Tribuno, no tuvo ese nivel de fatalidades pero afectó mucho más el clima global y su enfriamiento.
La segunda erupción más destructiva fue la de Krakatoa (Indonesia) en agosto de 1883, con 36.000 muertos. Esta explosión hizo volar por los aires una isla completa. En gran medida, los muertos estuvieron relacionados con el tsunami asociado a la explosión volcánica. Téngase presente que alrededor de 400 millones de personas viven en peligrosa proximidad a volcanes activos. En cuanto a los terremotos, se considera como el peor de los tiempos modernos el que ocurrió en Tangshan (China) el 27 de junio de 1976, con una magnitud Richter de 7,6 y que mató a 650.000 personas.
El terremoto de Sumatra (Indonesia) del 26 de diciembre de 2004, con una magnitud de 9, mató a 250.000 personas por el tsunami asociado. Al respecto el científico afroamericano Neil de Grasse Tyson (1985), sucesor de Carl Sagan, reflexionaba que: "Incluso con toda nuestra tecnología y los inventos que hacen la vida moderna mucho más fácil de lo que era, sólo se necesita una gran catástrofe natural para limpiar todo eso y nos recuerdan que, aquí en la Tierra, aún estamos a merced de la naturaleza".
Por ejemplo una repetición de la mega tormenta solar de Carrington de 1859 tendría hoy consecuencias catastróficas e inimaginables. Las dos guerras mundiales dejaron también un saldo enorme de muertos. La Primera Guerra Mundial (1914-1918), 20 millones de muertos; y la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), 56 millones de muertos.
Sin embargo, han sido las pestes las que han diezmado las poblaciones. La peor, sin dudas, fue la llamada "Muerte Negra" o "Peste Negra" que asoló a Europa en la Edad Media desde 1347 a 1352. Peste bubónica causada por el bacilo Yersinia pestis y ocurrió principalmente como consecuencia de la falta de higiene y la suciedad urbana generalizada. La trasmitían las pulgas de las ratas. Mató a 43 millones de personas, y se calcula que eliminó a la mitad de la población europea.
Otra plaga memorable fue la influenza, llamada "gripe española", que tuvo su clímax entre 1918 y 1919. Fue una forma de gripe sumamente mortal, que mató a 20 millones de personas en Europa y Estados Unidos. La trajeron los soldados que volvían de la Primera Guerra Mundial. Resulta impresionante comprobar que la "gripe española" mató la misma cantidad de gente que toda la Primera Guerra Mundial.
Otra mortandad masiva de seres humanos, cuyas cifras no han sido cuantificadas, pero que superan varios millones de personas, fue el tráfico durante varios siglos de esclavos negros de África para las distintas colonias en América. Como se aprecia, por ahora los fenómenos naturales, a pesar de su magnitud y dejando de lado los de potencial origen cósmico, causan daños menores que las pestes o guerras inducidas por el hombre. Sin embargo, debe tomarse en cuenta que el aumento de la población, las mayores áreas urbanas, la falta de planificación geológica y el uso de territorios vedados por su naturaleza física e historia de riesgos, convierten a muchas regiones en blancos potenciales de desastres naturales. Es allí donde se debe velar por la vida y los bienes de los habitantes, tal como procura la declaración de Naciones Unidas. Los eventos y fenómenos que han ocurrido en distintos tiempos humanos y geológicos, son una lección del pasado y una advertencia del futuro. Como sostiene el científico ruso I.A. Rezanov (Moscú, 1987), lo que juzgamos ser catastrófico y ocasional son manifestaciones naturales del proceso de trasformaciones evolucionarias de la Tierra y el Universo.
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