Cerca de 400 surcoreanos cruzaron ayer la frontera con Corea del Norte para reunirse con sus parientes, que no habían visto en más de 60 años, en un inusual encuentro entre familias separadas por la guerra (1950-1953).
Los surcoreanos, ancianos, cruzaron la frontera, fuertemente militarizada, a bordo de unos autocares precedidos de cuatro autos de la Cruz Roja.
Tras franquear el puesto fronterizo, el convoy continuó hacia el Monte Kumgang, para este encuentro de tres días que estará cargado de emociones muy fuertes.
Las dos ambulancias que acompañaban al convoy eran una señal de la frágil salud de muchos de los participantes. Más de veinte pasajeros iban en silla de ruedas, y una mujer viajaba incluso con oxígeno.
"No pude dormir esta noche", contaba Lee Joo-Kuk, de 82 años, que luce una etiqueta con su nombre, su edad, y el nombre del hermano mayor que lo espera en el Monte Kumgang.
"Nuestra familia estaba segura de que había muerto. Incluso todos los años organizábamos ceremonias en recuerdo de él", cuenta. "Luego me enteré de que estaba vivo y quería vernos. Es como si hubiera resucitado".
Kim Ok-Ja, de 72 años, en cambio, ya no puede hablar, aunque aun así irá a ver a su hermano mayor, enrolado a la fuerza en el ejército norcoreano en 1951, según explica su marido, que viaja con ella.
El encuentro entre familias, que es apenas el segundo en cinco años, fue decidido a fines de agosto como parte de un acuerdo que permitió atajar una escalada entre el Norte y el Sur.
Durante la guerra de Corea, millones de personas se vieron desplazadas, y en el caos del conflicto, familias enteras -padres e hijos, maridos y mujeres, hermanos y hermanas- se vieron separados.
Ahora, más de 65.000 surcoreanos están en la lista de espera, con la esperanza de poder viajar algún día al Norte.
La gran mayoría de miembros de la generación de la guerra ha muerto sin volver a tener el más mínimo contacto con sus parientes del Norte.

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Sección Editorial

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