Reportaje al ?diablito?, el personaje de estos días

20-02-2012 - El personaje dice que taparon al Cristo crucificado para que no viera la alegría que la gente derrochaba en la invitación.

TILCARA (Corresponsal) Walter Apaza, que entre otras cosas es director del museo Soto Avendaño y un enamorado de la cultura tilcareña, que ejerce y transmite con esa sonrisa de travesura que se abre bajo el ala de su sombrero, venía cruzando el puente del río Grande con una botella de vino, sin abrir, en la cartera. Alguien le dice que es poco para la cantidad de gente que hay en la comparsa, pero Apaza responde que "es para mi querido mojón".

Luego, cuando volvemos a verlo en la invitación del doctor Altamirano, en la vieja estación de trenes, entendemos un poco más por qué pidió permiso: llevaba en uno de los dedos de su mano lo que muchos podían confundir con un títere de rostro rojo y cascabel. Con él se acercaba a cuanta dama festejaba, ya entalcada, el ritmo de la orquesta, y con la voz impostada del disfrazado que supo ser en sus años mozos, les decía esta o aquella frase ingeniosa.

Dije que lo que llevaba en la mano parecía un títere, y es que nuestro diablito carnavalero, gusta encarnar en muñecos y en disfraces rojos y encornados. ¿Por qué son rojos los disfraces del patroncito de la chacra verde y del agua turquesa? Una invitación más allá, al pie de la Escalinata, mientras Apaza conversaba con una muchacha que lucía un ramito de albahaca entre sus cabellos, el diablito que llevaba en su mano se volvió para responderme.

Me dijo que "habré sido verde, pues, pero de eso ha pasado harto tiempo. ¿Sabe?", agregó el muñequito, "cuando llegaron los españoles pensaban que todas las deidades que no eran cristianas eran el mismo diablo, y aunque eso no fuera tan del todo cierto, que muchos estábamos para proteger a la gente, se nos terminó por vestir de rojo. Mire si no a mi primo, el Tío de las minas, que muchos lo tienen por el mismo Malo y sin embargo es el que le asegura tanto mineral a esta provincia."

Agregó que "yo era algo así como el patrón de la cosecha, podrían haberme vestido con alitas de ángel o con aureola de santo, pero es que mi fiesta fue siempre tan divertida que en algo los comprendo, es difícil ver en el carnaval una fiesta patronal." Aprovecho que Apaza sigue con su conversación coqueta para señalarle al diablito como taparon al Cristo crucificado para que no viera la alegría que la gente derrochaba en la invitación.

Entonces el diablito me dijo que "qué se yo, pues, yo nunca creí que a Dios le fuera a molestar ver la alegría de la gente, por el contrario. Nadie lo tapa cuando hay una guerra, que es algo mucho más feo que el carnaval. Pero, si quiere que le diga algo, sepa que a Dios le gustan esas cosas, digo, que lo tapen, que cuiden sus imágenes. No es que le preocupe ver que, una vez al año, alguien tome una copita de más o se exceda en romances, sino que le gusta que lo cuiden, aunque no sea necesario." Escuchado esto, que no registré por temor a que algún alegre me mojara el grabador, Apaza dio por concluida su conversación con la moza, se volvió hacia mi y, acaso sin saber que su diablito me había hablado, impostando la voz en un agudo, me dijo: "vamos, Dubin, hay que bailar, hay que estar alegre". No es que no lo estuviera, sino que estaba sorprendido por lo que me había pasado, y le hice caso, total que era su fiesta.
 

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