Tras un operativo en la celda del asesino de los hermanitos Leguina, Marcelo Alejandro Torrico, efectivos le encontraron un teléfono celular por lo que "fue puesto a disposición de superiores", informaron desde el Servicio Penitenciario.
Por este hecho, que deja abierta la posibilidad de una cierta complicidad interna, las autoridades de la unidad carcelaria realiza actuaciones suamariales para determinar como el aparato llegó a mano de Torrico, considerado el autor del secuestro, violación y asesinato de Mélani y Octavio Leguina.
Según informó el Servicio Penitenciario, los efectivos realizaron una requisa sorpresiva en el Pabellón R de la Unidad Carcelaria Nº1.
Por el secuestro también se realizó la denuncia correspondiente en la Comisaría Novena, dando intervención a la Fiscalía Penal de turno.
El 1 de enero de 2006, Marcelo Torrico logró escapar junto a su compañero de celda, Diego Enríquez, con la complicidad de al menos 15 guardiacárceles. Fue recapturado en Buenos Aires el 30 de agosto del mismo año.
El crimen atroz
Torrico registraba, al momento de su captura, un largo prontuario delictivo entre los que acumulaba robos y violaciones. El 3 de mayo de 1998, estuvo bebiendo y consumiendo drogas hasta la madrugada del día siguiente junto a Ariel Brandán, momento en que decidieron secuestrar a dos de los hijos de Miguel Angel Leguina, un pintor, para vengarse, supuestamente, de una 'mejicaneada' de este.
Ambos conocían el itinerario de Melani (9) y Octavio (6), quienes salían muy temprano de su casa para dirigirse al hogar de niños Casita de Belén. Los nenes subían a un colectivo y luego caminaban 14 cuadras hasta llegar al lugar donde tomaban el desayuno y luego iban a la escuela Nuestra Señora de la Candelaria, en Villa Costanera. Esa mañana, los pequeños inocentes fueron interceptados por los delincuentes, quienes los invitaron a subir a un auto Volkswagen Gacel amarillo. Sin sospechar nada, subieron confiados, ya que conocían a Brandán, que formaba parte del círculo de su padre.
A partir de allí todo fue un misterio. Los niños fueron buscados durante 6 días hasta que en una senda rural, en la zona sur de la capital salteña, encontraron sus cadáveres. Quienes vieron sus cuerpos se desvanecieron: sus cabezas estaban destrozadas. Los habían ultimado a golpes de piedra. Pero no fue todo: las pericias demostraron que previamente fueron torturados y la niñita violada por Torrico sobre el capot del auto, mientras Brandán obligaba al hermanito a observar la terrible escena. Después de varias detenciones y de casi un año de investigación, aprehendieron al cómplice de Torrico. Y en enero de 1999, tras el arresto de dos hampones, surgió el nombre del despiadado criminal, que por entonces escondía sus actividades actuando como remisero. En marzo de ese año, fue atrapado. Torrico confesó el crimen, se hizo cargo de la violación de la nena pero endilgó los asesinatos a su amigo.

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