No hay pases mágicos posibles. Ni para el Presidente, los gobernadores ni los ministros.
El que gasta menos de lo que produce, ahorra. El que gasta lo que tiene, queda empatado. El que gasta más de lo que percibe, termina en quebranto. Pasa en la actividad pública como en la privada.
Néstor Kirchner parecía haber aprendido la lección: durante sus primeros años de presidencia, de la mano de Roberto Lavagna, aplicaba el "superávit mellizo", es decir: más ingresos que gastos a nivel interno, y más exportaciones que importaciones en el comercio exterior.
En 2006, al irse Lavagna, el país se quedó sin ningún ministro de Economía; fue justamente cuando comenzó a destruirse el comercio exterior al impedir la exportación de carne, y Guillermo Moreno se especializó en disfrazar la inflación.
Después, Axel Kicillof fue una suerte de ministro de Economía que actuó como un Moreno sofisticado.
Si se sigue el derrotero de la economía argentina en los últimos cuarenta años, los procesos se repiten.

El ciclo argentino

Al no haber un proyecto con políticas de Estado a largo plazo, no hay inversión en infraestructura. Sin resolver la ecuación de energía y transporte, los costos son altos y la competitividad del país deficiente. El Estado gasta más de lo que tiene y financia el déficit con emisión monetaria o con deuda.
Cada tanto, todo explota. Pasó en 1982, en 1989, en 2001 y en 2015. La inflación es un cáncer que se combate con eficiencia.
Este escenario es el que enfrentan hoy los gobiernos nacional, provinciales y municipales.
El déficit del 7% es uno de los más profundos de la historia. El gasto público alcanzó en 2015 la friolera de $2.300.000 millones (dos mil trescientos millones de millones, o unos 150 mil millones de dólares). Solamente en subsidios económicos (sin contar los planes sociales) se gastaron $ 350.000 millones. Los 120.000 millones de pesos anuales en subsidios energéticos y los 12.000 millones de dólares en importaciones en combustibles, son insostenibles.
En la reunión de ayer con el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, los gobernadores llevaron el mensaje de los intendentes: cualquiera sea la medida que tomen, no definancien a las provincias porque el hilo se corta por lo más delgado.
Punto final para la retórica nacionalista y conspirativa. La única gobernadora genuinamente K, Alicia Kirchner, es una de las más necesitadas.
A nivel local, los intendentes salteños son sencillamente explícitos: lacoparticipacióncayó por los cambios en Ganancias. Con lo que había, alcanzaba apenas para sueldos; ahora, ya les llegan las insinuaciones de "achicar la planta".

El mito del eterno retorno

El ministro Alfonso Prat Gay ya explicó que para evitar el "ajuste" hará falta financiamiento; para que haya financiamiento externo, hay que acordar con los fondos buitre. Es previsible que los legisladores aprueben el acuerdo, porque la necesidad tiene cara de hereje. Para más adelante, nada es seguro.
Si hubiera un boom de inversiones productivas, favorecido por el financiamiento y la seguridad jurídica, el país volvería a producir energía y a generar empleo genuino en el sector privado. El Estado dejaría de funcionar como caja de desempleo.
Pero si esto no ocurre, si el país no pone la proa hacia la actividad productiva, la historia se repetirá: déficit, inflación, crisis y desempleo. Al final, los ministros buscan cualquier atajo.
Los grandes protagonistas siguen siendo Mauricio Macri, Sergio Massa y los gobernadores. El que se equivoque puede pagarlo caro, pero también puede arruinar el juego de todos. Esto, los peronistas lo saben.

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