En las últimas semanas varias empresas han lanzado sus planes promocionales de "Viaje ya"; esto es una forma muy particular de hacer "viajar" a sus trabajadores. El paquete turístico se vende como "retiro voluntario"; una práctica que no tiene regulación legal y que fue inaugurada por nuestro recordado presidente Carlos Menem, en la década del 90, cuando comenzó a privatizar empresas públicas a troche y moche.
Técnicamente, el retiro voluntario implica la exteriorización de la voluntad de la empleadora de reducir su personal y la aceptación del empleado de abandonar el empleo en las condiciones que se le ofrecen.
La perplejidad que se advierte en torno de este tema se ve reflejado en el fallo dictado en 1995 por la Sala X de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo que expresa: "El acuerdo suscripto por un empleado para acogerse al retiro voluntario, y que fuera homologado por el Ministerio de Trabajo es una figura nueva con relación a la cual es difícil saber si se trata de una renuncia negociada, un mutuo acuerdo, un cese indemnizado, un despido incausado o una nueva forma jurídica que no tiene nombre preciso..."
Alguna jurisprudencia ha dicho que "el plan de retiro voluntario constituye, normalmente y salvo que se establezca en forma expresa lo contrario, una oferta lícita de negociación dirigida a los trabajadores para que éstos, si lo aceptan, negocien y/o acuerden con el empleador acerca de la posibilidad de su alejamiento del trabajo" (Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo, Sala V).
Sin embargo, la mayoría de la jurisprudencia observa con disfavor a esta mecánica. Así se han entendido que: "Si la empleadora, por una reestructuración y con la finalidad de achicar el cupo de trabajadores, negoció con el empleado en cuestión una renuncia con la verdadera finalidad de aligerar los costos del despido, satisfaciendo una indemnización menor que la que legalmente correspondía; frente a esta determinación y ante la incertidumbre sobre el futuro de la relación laboral, la adhesión del trabajador no puede ser calificada de "libre o espontánea''. Es evidente que el acuerdo y la consecuente renuncia del trabajador en las condiciones expresadas solo encubrieron un verdadero despido" (CNAT, Sala VI). Con el mismo criterio en otros fallos se entendió que la apertura de un registro para anotar al personal que quisiese acogerse al "retiro voluntario" no constituía más que una simulación fraudulenta, ya que "con el concurso de la voluntad del trabajador se quiso transformar el despido (acto oculto) en una renuncia o mutuo disenso (acto ostensible), que debía caer para ser sustituida por la figura del despido".
Cabe aclarar que no siempre el retiro voluntario implica una reducción en lo que correspondería como indemnización por despido; al contrario, en muchas oportunidades el monto ofrecido supera esa indemnización en un 20 o 30%. Inclusive muchas empresas agregan una cobertura de Obra Social que puede extenderse hasta un año después de concluida la relación. En estos casos no se entiende bien cuál es la motivación de la empresa para recurrir a un mecanismo que puede ser cuestionado. Quizá sea una cuestión de imagen, o también puede ocurrir que sean beneficiarias de planes que caducan cuando se despide a trabajadores. Honestamente, no sabemos cuál es la justificación. Máxime que al trabajador se le ocasiona el perjuicio de perder la prestación por desempleo. Si bien, ésta, económicamente no es atractiva (poco más de $3.000 por mes) implica la no percepción de asignaciones familiares, la falta de cobertura de obra social y que el período durante el cual perciba la referida prestación, no se computará a los fines previsionales.


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