La reforma educativa, que constituye uno de los ejes sobresalientes de la gestión del presidente ecuatoriano Rafael Correa, llevó a una prolongada confrontación con el gremio docente, nucleado en la Unión Nacional de Educadores (UNE), cuya radicalización acaba de provocar nada menos que la disolución de la organización sindical, dispuesta por la autoridades que acusaron a su dirigencia de graves incumplimientos estatutarios.
Si bien la inusual dureza de la medida gubernamental reverdeció las viejas imputaciones de autoritarismo con que la oposición vapulea a Correa, calificados expertos latinoamericanos en materia educativa, insospechables de simpatías ideológicas con el polémico mandatario, ensalzan la reforma educativa, hasta el punto de considerarla como un modelo digno de imitación.
Alieto Guadagni, miembro de la Academia Nacional de Educación, señala que "los países que están avanzando en educación son tres: Corea, Ecuador y Finlandia". En ese sentido, Correa dice: "Sin educación no hay revolución ni democracia". A tal efecto, afirma: "Seamos globalizados: para compararnos a los mejores, para aspirar a lo más alto, necesitamos un sistema de educación superior que pueda estar entre los mejores del mundo".
Correa no acostumbra rehuir la confrontación. Suele citar a Woody Allen: "No conozco la fórmula del éxito, pero la fórmula del fracaso es querer contentar a todo el mundo". A pesar de su impronta ideológica izquierdizante y del énfasis que intenta imprimir a la relación de cooperación Sur-Sur, entiende que la vanguardia del conocimiento se encuentra todavía en los centros educativos occidentales.
Con el fin de fijar parámetros objetivos de comparación para verificar la evolución de su sistema educativo, Ecuador ingresó al sistema de las pruebas PISA. Inauguró también la Universidad Nacional de Educación (UNAE), bajo el lema de "formar formadores". Para ello, firmó convenios con la Universidad Católica de Lovaina y la Asociación Flamenca de Cooperación al Desarrollo y la Asistencia Técnica, que incluyen el perfeccionamiento de los docentes ecuatorianos, la cooperación en investigación y el diseño conjunto de la maestría en "Formación de Formadores".
La convocatoria para conformar el cuerpo docente de la UNAE no se limitó a Ecuador ni a los países de la región, sino que fue abierta a profesionales de todo el mundo. El objetivo fue atraer a expertos en educación, cualquiera fuera su nacionalidad, para que formen parte del cuerpo de élite que se dedicará a educar a los educadores.
El Proyecto Prometeo es un programa oficial que ofrece manutención, pasajes aéreos y viviendas a docentes e investigadores con distintas especializaciones dispuestos a radicarse en Ecuador. Es como si el mandatario ecuatoriano se hubiera inspirado en el ejemplo de Domingo Sarmiento, quien en su presidencia importó de Boston un calificado puñado de maestras estadounidenses para impulsar la naciente escuela pública argentina.

La batalla de la evaluación

Otro capítulo fundamental de la reforma educativa ecuatoriana es la exigencia de la evaluación permanente. Esto llevó a Correa a criticar al "progresismo" que se jacta de ser custodio de la educación pública. Cuestiona a "los partidos de extrema izquierda, que arrasaron con la educación de ese país, que no alcanzaban a lanzar ideas, sino tan solo a lanzar piedras y destrozaron la calidad académica".
El Gobierno lanzó un programa de evaluación de la totalidad del sistema educativo: alumnos, docentes, escuelas y universidades. Para los alumnos, se implementaron las pruebas "Ser estudiante".
A partir de 2011, pese a la dura resistencia estudiantil, se estableció el examen de ingreso en la universidad. A las críticas de izquierda, Correa respondió que en países como Cuba y China no existe nada parecido al ingreso irrestricto en las universidades.
Guadagni defiende el sistema implementado por Correa: "La carrera docente en Ecuador es universitaria. Se puede ingresar a la universidad para estudiar abogacía, ingeniería, historia, filosofía o letras con 550 puntos sobre 1.000, pero Correa dijo que hay dos carreras en las que se debe alcanzar 800 puntos: la de médico y la de docente. Porque el presidente de Ecuador se preguntó: ¿quién cuida al hombre?, y la respuesta es: el maestro y el médico".
El modelo inspirador de la reforma educativa ecuatoriana es la experiencia de Finlandia, donde la preocupación prioritaria es atraer a los mejores talentos al ejercicio de la docencia. Por ese motivo, Ecuador suscribió un convenio de cooperación bilateral que permite que expertos finlandeses participen activamente en el reordenamiento del sistema educativo.
Con relación a la actividad docente, la Constitución de 2008 prohibió los paros en las escuelas públicas. La ley de educación introdujo también otro cambio sustancial: todos los cargos docentes se concursan y los salarios dejan de estar subordinados a la antigedad, privilegiando la formación. Al respecto, Correa señaló: "Lo más fácil sería decir: todos los maestros con contratos inmediatamente adquieren el nombramiento, pero sería destrozar nuestro principio: el principio de una estricta meritocracia".
En 2013 se implementó el programa "Quiero ser maestro" para reclutar nuevos docentes. Se presentaron 80.000 aspirantes, pero solo el 30% de los postulantes alcanzó elegibilidad para concursar por un puesto. Las evaluaciones también se implementaron en el nivel universitario, lo que motivó que catorce instituciones cerraran por insuficiente calidad educativa.
Otro tema de controversia fue la discusión sobre la autonomía universitaria, una de las "vacas sagradas" de la izquierda. El gobierno impulsó una reforma legal que estableció que el respeto a los principios de libertad académica y autogobierno de las universidades no son contradictorios con el deber de rendir cuentas sobre el empleo de las partidas presupuestarias.
Más allá de las ácidas críticas de la oposición, Correa conserva el índice de popularidad más elevado entre los actuales presidentes latinoamericanos. Esta fortaleza le permite resistir las embestidas del sindicalismo docente. Porque en materia educativa, los cambios suponen problemas en el corto plazo, mientras que las soluciones solo se empiezan a percibir en el largo plazo. El tiempo de maduración de los resultados de las reformas nunca se compatibiliza con los plazos electorales.
Como le decía Paracelso, un célebre médico y alquimista suizo del Renacimiento, personaje además de un cuento de Jorge Luis Borges, a su impaciente discípulo: "La meta es el camino". Hay que tener espalda política para aguantar.

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