Riesgos laborales y trabajo femenino

Walter Neil Bühler

Riesgos laborales y trabajo femenino

La conmemoración de un nuevo Día Internacional de la Mujer es excusa suficiente para que abordemos la problemática que conlleva el trabajo femenino en las empresas. En la evaluación de riesgos hay que tener en cuenta que la adopción de un enfoque neutral a los géneros puede derivar en la involuntaria omisión de las particularidades que presenta la actividad de las mujeres trabajadoras. La "doble presencia", en casa y en el trabajo, determina las condiciones laborales de las mujeres y produce riesgos específicos del género.
Existen diferencias en la manera que hombres y mujeres se distribuyen en el mercado laboral. Se aprecia una segregación horizontal entre sectores, los hombres se concentran en la construcción, minería, metal e industria pesada, mientras las mujeres se aglutinan en el sector servicios, y una segregación vertical dentro de las empresas, teniendo los hombres más posibilidades de ocupar puestos más altos.
Según la Superintendencia de Riesgos de Trabajo, los principales problemas laborales que tienen las mujeres son:
- Los trastornos musculoesqueléticos derivados de trabajo repetitivo, trabajo pesado o posturas difíciles.
- Problemas dermatológicos (el número de mujeres que padece dermatitis es el doble del de los hombres).
- Problemas urinarios debido a la retención de orina que se produce por no evacuar durante muchas horas.
- Cánceres específicos (de mama, cervical, de los ovarios).
- Problemas de salud reproductiva, infertilidad, abortos espontáneos, daño al feto o malformaciones.
- Discriminación, acoso sexual y violencia sexual.
De acuerdo al Instituto Regional de Seguridad y Salud en el Trabajo de la Comunidad de Madrid, la división por sexos del trabajo en las empresas favorece que las mujeres se concentren en puestos de trabajo caracterizados por:
- Exigencias referidas a posturas mantenidas, estáticas o dinámicas: secretaria ante el monitor, cajera de supermercado, azafata de congreso.
- Exigencias de posturas forzadas y mantenidas durante tiempo: labores de encerado y pulido de pisos.
- Movimientos rápidos y precisos: procesadora de datos, auxiliar administrativo.
- Ciclos cortos y repetidos: operadora en cadenas de envasado de productos.
- Altas exigencias de atención, especialmente de tipo visual, táctil.
Estar paradas durante las 8, 9 o 10 horas de jornada laboral produce un aumento de la presión venosa en los miembros inferiores que puede generar y/o agravar las várices. Por el contrario, existen mujeres que trabajan en una oficina y tienen fundamentalmente trastornos musculoesqueléticos, porque realizan trabajos en posiciones forzadas y con movimientos repetitivos que se traducen en riesgos ergonómicos.
Por ello, se recomienda a las que pasan muchas horas sentadas hacer ejercicios físicos, deambular al menos 100 metros cada dos horas, hacer ejercicios de relajación de cuello y de miembros superiores para prevenir cervicobraquialgia y tendinitis y pestañear frecuentemente para contrarrestar el ojo seco de la computadora.
Como conclusión: es importante que las empresas adopten normas de prevención específicamente adaptadas a las capacidades individuales de las personas sin distinción de género, contemplando la especial sensibilidad en cada caso y situación, ya sea ésta permanente o transitoria.

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