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"¿Mamá, qué podemos hacer con esto?". Carla Conesa (41) contempló los ojos de su hija Isabella (6), brillantes como estrellas, mientras la pequeña le alcanzaba el vasito de yogur que acababa de comer y al que ya se había ocupado de lavar. La niña, entonces de tres años y medio, estaba recibiendo educación para el cuidado del medio ambiente en su salita de tres y deseaba aplicar estas primeras nociones de reciclaje aprendidas. Carla se sorprendió de que Isabella a sus pocos años hubiera entendido la ligazón directa del reciclado con la ecología y, sobre todo, con la sustentabilidad que supone que el ser humano debe aprovechar los recursos que el planeta y la naturaleza le brindan, pero sin abusar de ellos ni generar daños significativos al ambiente natural.

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Así, ambas fueron guardando madera, todo tipo de envases de vidrio, hierros. Hace un año y medio, cuando el volumen de los objetos era en verdad copioso, Carla comenzó a manipularlos y halló una conciencia semidormida en su interior. Ella es poeta y por varios años se dedicó a rozar lo inalcanzable: la frontera entre lo sensible y el sentido que derivó en varias publicaciones como los poemarios "Armonía crepuscular" y "Trasmundos". Luego se aplicó a la fotografía para acompañar el trabajo de su pareja, el fotógrafo Marcelo Gómez, de manera sistemática y, a la par, se le planteaba buscarse un oficio en el que desplegar su creatividad y, en el mismo movimiento, que su hija no prescindiera de la figura de su madre muchas horas al día.

De este terreno surgió "Rincón de luz", su marca de objetos para el hogar elaborados a partir de cosas desechadas. El vidrio, los textiles, los metales, las maderas y otros elementos mediante procesos de reciclaje y de reutilización variados derivan en luminarias de fuego, estantes, equipos con especieros, objetos para el tocador, percheros, corbateros y macetas.

"Cuando empecé a trabajar todos los días en el taller me di cuenta de que me hacía bien, de que había encontrado un equilibrio entre el correr cotidiano y ese silencio que tanto me gusta. Así fue surgiendo Rincón de luz", relata.

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Hace un mes y medio se dio con que tenía las repisas llenas de cosas terminadas y se preguntó que haría con ellas. Familiares y amigos comenzaron a comprarle, a encargarle piezas y a recomendarla. Incluso hace un mes y medio abrió una fanpage en Facebook. "Tenía las cosas ahí y todos me decían que eran bonitas y me preguntaban por qué no las publicaba para que las vieran y pensé que era una manera de compartir lo que hago", comenta a El Tribuno. Ella es autodidacta y confía mucho en la experimentación. Para ella las cosas no son objetos inanimados, sino que tienen una entidad corporal y, por qué no, espiritual.

"Estoy rodeada de cajones, botellas, latas, altos de madera, frascos y desde el momento en que los tomaste en las manos y te ponés a pensar qué hacer con eso les das un poco de vida y en el mundo en que vivimos creo que eso vale", reflexiona.

Añade que su marca debe su nombre a que donde está, su taller, es "mi rincón y me ilumina siempre la luz del crear algo, del tener la suerte del poder hacer algo". Añade que hasta el momento el desprendimiento no le resultó difícil porque "me gusta trabajar con un material que otro tira. Es así, pero poniéndole un poquito de amor. A veces hacer un alhajero me puede llevar dos días, pero si otro lo ve útil y se lo lleva contento no me molesta".

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Quien escribe poesía es consciente de que pronto convertirá a otros en el protagonista, en el cuerpo de la "experiencia" poética. De la misma manera Carla dice que cada objeto, al ser irrepetible en su especie, no seriado, se lleva un pedacito de ella y provocará experiencias que no podría adivinar de antemano. "Crear algo es el equilibrio entre el correr cotidiano y el silencio interior que nos exige ser uno mismo en medio de la multiplicidad, en medio de la generalidad, en medio, si se quiere, de la globalización. Crear algo es, por tanto, un gesto de generosidad para con nosotros mismos, es detenerse para trascender", expresa en su taller, entre procesos que involucran el barniz, el betún y el craquelado sobre madera. La importancia del reciclaje reside en el hecho de que mientras más objetos sean reciclados, menos material será desechado y el planeta sufrirá menos el crecimiento permanente y desorganizado de la basura humana. "Hay que huir de la industrialización en que vivimos sumergidos", sentencia Carla, sabiamente, y vuelve al trabajo.

Para contactar a Carla Conesa se puede ingresar en la fanpage Mi Rincón de Luz.

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