Si hubiera nacido en estos tiempos, probablemente Roberto Karanicolas estaría en algún equipo de fútbol de Europa, su pase costaría millones de euros y sería una estrella.
Pero nació antes, en los tiempos en que lo deportivo estaba por encima de lo económico, aún en el fútbol profesional. Y ni hablar de fama ni farándula entre sus protagonistas.
Karanicolas nació en General Mosconi y desde niño ya demostraba su habilidad innata, su impronta de estrella del fútbol. Jugaba de 9, un delantero que era la atracción en el equipo de madereros.
Tan diferentes eran las cosas en ese entonces que su padre Demetrio, un inmigrante griego dueño de una panadería y fábrica de velas y de jabón, era quien más se oponía a dejarlo volar en las canchitas de su pueblo porque estaba convencido que lo importante, lo único que en realidad valía la pena, era trabajar.
Si hubiera nacido hacia estos tiempos, seguramente los padres mirarían con otros ojos las condiciones futbolísticas del hijo, sin descartar la posibilidad de tener un Messi en casa y pelear a brazo partido para que el chico logre éxito económico y fama.
Primera escala, San Martín de Tucumán
Cuando Roberto cumplió trece años, su habilidad y maestría con la pelota no podía seguir solapada y solamente admirada por los simpatizantes del club Unión Madereros donde jugaba. No faltó el dirigente que apareció por Mosconi y se lo llevó, así de simple, a jugar en el club San Martín de Tucumán, donde el niño comenzó su carrera profesional. "Si alguien hablaba mal de mí en Tucumán, se hacía enemigo de todos", cuenta Roberto a El Tribuno, al recordar la estima y admiración que despertó en la provincia vecina.
En el conocido club tucumano y vistiendo la camiseta número 9, Karanicolas estuvo más de tres años. Su equipo resultó campeón argentino en 1964 en el Campeonato Beccar Varela en un partido para el infarto disputado contra Bahía Blanca.
A Vélez, Uruguay y Colombia
En ese partido y al terminar el primer tiempo, a algunos dirigentes de Vélez Sarsfield como Victorio Spinetto, un emblema del club, que estaban mirando el partido en la búsqueda de nuevos talentos, no les quedó la mínima duda y compraron su pase.
Roberto brillaba con 21 años recién cumplidos, en tiempos de Artime y de Valentín. Dos años pasó en Vélez hasta que fue vendido al Fénix de Uruguay, donde el crack norteño hizo 16 goles en 24 partidos. Su equipo quedó en la historia del fútbol de ese país cuando le ganó 1 a 0 a Peñarol con estrellas como Forlán, Caetano y Goncalves, club que ya se había coronado campeón por diferencia de goles pero que no pudo mantener el invicto.
El partido fue transmitido por Víctor Hugo Morales, quien recién se iniciaba en las transmisiones radiales de fútbol con su clásico "ta-ta-ta".
El próximo paso de Karanicolas fue el América de Cali, donde jugó un par de años hasta que un desgarro, por un accidente casi doméstico, lo sacó de las canchas. De regreso a Buenos Aires debió someterse a una compleja operación, pero llegó a tiempo a su país . "El médico que me atendió, una eminencia reconocida en esos tiempos, me dijo que si me demoraba un mes más seguramente me tenía que cortar la pierna", recuerda el mosconense.
Después de seis meses fuera de actividad y ya con 32 años de edad, Roberto pasó al equipo de San Lorenzo, pero su rendimiento después de una intervención quirúrgica tan invasiva, no volvió a ser el mismo. Regresó al norte, jugó un corto tiempo nuevamente en San Martín de Tucumán, y volvió a Salta, donde se integró a Mitre hasta que regresó a su Mosconi natal.
El desarraigo
Hecho a "los tiempos de antes", Roberto Karanicolas descree que el desarraigo de los adolescentes, que deben emigrar hacia las grandes ciudades y los clubes de primera, sea el principal motivo de su fracaso como opinan los dirigentes de fútbol del interior. "A mí me parece que más que eso es que tienen que dejar las salidas, las fiestas, las noviecitas y prefieren volver. En mi época de joven no había tanto entretenimiento y las opciones, al menos en mi caso, eran pocas. Había que trabajar al lado de los padres y las salidas eran al cine llevando la silla cada espectador y nada más. Cuando estuve afuera, todos los meses le escribía cartas a mi mamá porque, como mucho, volvía dos veces al año a descansar y compartir con mi familia".
En uno de esos regresos, se encontró con las cenizas de lo que había sido la casa de sus padres, la fábrica de velas y jabones y el almacén fueron arrasados por un incendio. Ayudó a sus hermanos y a sus padres a empezar prácticamente de cero, compró una casa, instaló una despensa y ayudó a la familia a remontar el trabajo de la panadería en la que también trabajaba uno de sus hermanos menores, séptimo en la lista de hijos de esa numerosa familia y ahijado del presidente Juan Domingo Perón. Se trata de Inocencio Karanicolas, quien llegó a ser intendente de Mosconi.
El presente
A sus 74 años, don Roberto sigue vinculado a su pasión, pero desde otro lugar muy loable, como es el de enseñar.
"El intendente Isidro Ruarte me dio todo su apoyo para la escuelita de fútbol a la que asisten muchísimos changuitos, tanto criollos como aborígenes. Algunos van descalcitos, así que la idea es ayudarlos en lo que podemos. Lo lindo de los chicos y sobre todo los aborígenes, es que son dóciles, escuchan y obedecen los consejos, son afectuosos y sobre todo tienen mucho talento", dice un hombre que si de algo conoce y bastante es de fútbol.
Entre tantas privaciones y dificultades que viven esos niños es difícil, pero no imposible, que hombres como Roberto Karanicolas, el cabeceador de Vélez que le clavó un golazo al entonces arquero de River Plate, Amadeo Carrizo, jugada magistral que quedó en la historia del fútbol argentino, puedan ayudar a que desde el norte surjan otras estrellas. Y quizás muchos otros, deportistas y docentes, se sumen a la iniciativa de este mosconense que trazó un camino que enorgullece al norte.

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Sección Editorial

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Jose Tabera
Jose Tabera · Hace 6 meses

Hace poco menos de un año fallecia en Salta don Armando Andrès Vazquez, arquero de San Martin de Tucumán, compañero de Karanicolas, y que tambien atajò en el arco de Central Norte de Salta. Si se llegan por el barrio Santa Ana 1 pueden entrevistar a su esposa, bueno serìa rendirle "un pequeño homenaje" al "Ñato Vazquez" otra gloria del deporte salteño... Un Abrazo.


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