La figura de Roberto Romero, empresario y exgobernador, va consolidándose en la historia de Salta como uno de los grandes paradigmas del compromiso con la provincia, de la vocación por el desarrollo y de la política entendida como instrumento de transformación social.
Ese fue el perfil que imprimió a El Tribuno desde el día en que asumió como director y se propuso transformarlo en uno de los diarios más importantes del norte argentino. También ese espíritu estuvo presente en cada una de las empresas de distintos rubros que fundó y condujo.
Líder natural y dueño de un temple inquebrantable, el anecdotario sobre su persona se multiplica debido, entre otras cosas, a su capacidad y disposición para acercarse a la gente.
A nivel popular, el nombre de Roberto Romero se asocia con el trabajo. En gran medida, esto se debe a la extensión de su jornada de actividad, que comenzaba muy temprano y concluía a la medianoche. Su proyección como político y como empresario llevaba esa impronta, que inspiró su obsesión por generar actividad productiva, valor agregado y empleo de calidad. Esa, y no otra, es la dinámica del desarrollo que, partiendo de las posibilidades que brinda la realidad, se intenta ampliar el horizonte, innovar, incorporar tecnología.
Romero miraba a Salta como un espacio con enorme potencial en un mundo en plena transformación.
Como empresario, mostró su vocación estratégica al trasladar el centro de gravedad de su actividad al entonces marginal sur de la ciudad, cuando creó la planta editorial de Limache y convirtió al diario en el primero en utilizar en el país el moderno sistema offset color.
Construyó el barrio El Tribuno y el barrio Intersindical. Concibió además el quehacer periodístico en términos multimediáticos y en permanente transformación. En la década del 60 fundó el primer canal de cable en circuito cerrado en Salta.
Como gobernador, entre 1983 y 1987, en el renacimiento de la democracia, aplicó los mismos criterios.
Los planes de vivienda con alto contenido social, la Atención Primaria de la Salud, la adquisición del primer tomógrafo público del NOA, el acercamiento a los pueblos de toda la geografía salteña, las obras de infraestructura estratégica, la ampliación de la oferta educativa y las mejoras edilicias en las escuelas son algunos de los rasgos que describen el perfil de Romero político.
Su gobernación alentó la inversión privada e impulsó la incorporación de vastas extensiones del territorio salteño a la actividad productiva.
Fue defensor acérrimo del federalismo y los intereses provinciales y, en momentos de inestabilidad económica a nivel nacional, concibió los bonos provinciales como un modo de garantizar el pago de sueldos y facilitar el financiamiento público.
Roberto Romero fue, además, alma mater del Norte Grande, un proyecto que apuntaba al crecimiento de diez provincias que padecían y padecen el subdesarrollo económico, educativo y social. La gran región, con una superficie equivalente a la de Alemania, Polonia, Holanda y Bélgica y un potencial agroindustrial sin techo, fue concebida como el corredor entre ambos océanos, que intensificaría el intercambio comercial y permitiría exportar la producción a todo el planeta desde los puertos del Atlántico y el Pacífico. Todos los habitantes de esas diez provincias reivindican hoy ese objetivo, frustrado a lo largo de treinta años por el centralismo argentino y por la incapacidad histórica para establecer acuerdos de largo plazo, centrados en los intereses nacionales y regionales, sin veleidades ideológicas que los distorsionen.
Fue, como gobernador, impulsor del turismo, y puso en marcha un plan muy enérgico que mostraría su éxito a lo largo del tiempo. Por ese camino, Salta se fue convirtiendo en el centro receptor más importante del NOA.
Romero transformó la forma de mirar, sentir y pensar Salta desde el lugar de las decisiones.
Como sucede con las figuras históricas, Roberto Romero fue un líder de su tiempo y no es legítimo conjeturar qué opinaría sobre la Salta y la Argentina de estos días. Es válido, en cambio, observar que sus convicciones más profundas se inspiraban en el espíritu de la república y en la democracia representativa como sistema inclusivo por excelencia. Es imposible compatibilizar su trayectoria pública con la cultura populista y el estilo de construcción de poder en base a los recursos del Estado, prescindiendo de los proyectos y los objetivos de gobierno que se proponen metas generosas y a largo plazo.
Los salteños evocan hoy a Roberto Romero a 24 años de su muerte; la mayoría, con emoción, afecto y respeto por este dirigente extraordinario, convertido ya en un referente político cuyos valores perduran en el tiempo.

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