Toronto es la capital de la provincia de Ontario, Canadá. Tiene una población de 2.615.060 habitantes, y es la ciudad más grande de Canadá. Allí vive Rosario Avellaneda, un salteña que comenzó su gran viaje por la vida cuando decidió irse desde Salta a Brasil para participar de la fiesta por la visita del papa Benedicto XVI a ese país en 2007.
Allí fue donde conoció a quien ahora es su esposo. Durante el noviazgo, él se mudo a Salta y después de casarse se instalaron en San Pablo, Brasil.
"Allí vivimos seis años porque él estaba trabajando. Es economista y logró acceder a una especialización en Toronto. De un día para otro nos mudamos y nos vinimos para acá", contó Rosario vía telefónica a El Tribuno.
La decisión de dejar las familias y buscar nuevos rumbos no fue fácil, pero para ellos, este era el momento.
"Lo pensamos mucho, analizamos los beneficios que nos daba este cambio, como el simple hecho de conocer otro país, perfeccionar nuestro inglés, y por mi parte pensé en hacer una maestría o algo", detalló Rosario.
Hace dos meses, esta salteña tuvo a su tercera hija, una canadiense. La familia ya cuenta con otras dos pequeñas: una de 5 años y otra de dos que llegaron junto a los padres a Toronto.
Por el momento Rosario no tiene trabajo, solo hace traducciones del inglés al castellano y al portugués.
"Canadá es un país abierto a la pluriculturidad pero es cerrado a la hora de trabajar. Ahora bien, cuando se invierte en estudio acá es más fácil conseguir un trabajo. Por eso también es que quiero estudiar para poder trabajar. Estudié en Buenos Aires, Ciencias de la Educación", detalló esta joven profesional y madre de 31 años.
Su esposo cursa los estudios de una especialización en finanzas que incluye todos los gastos de la familia.
La vida diaria
"Es un país muy diferente, porque hay gente de todo el mundo. Es un contraste muy grande con Argentina. Tenés comunidades musulmanes, hindúes, filipinas y orientales. A la vez es una ciudad que recibe a todos muy bien. Entonces no te sentís tan extranjero porque son todos extranjeros", dijo entre risas Rosario.
Desde el sur
La mudanza desde San Pablo a Toronto no fue fácil. Para poder buscar una vivienda se contactaron con la amiga de una prima que vivía en Canadá y que les recomendó dónde poder alquilar.
Si algo le gusta a Rosario de Toronto es su seguridad. La ciudad es tranquila, no hay hechos de atracos o robos callejeros. Rosario cuenta que incluso si se olvida algo en el parque estará ahí hasta que recuerde dónde lo dejó. "Nadie te toca nada ni te levanta nada", aseguró.
Pese a este gran beneficio, Rosario no se olvida de su Salta. "Extraño esa cuestión de raíz cultural. Acá es muy multicultural y por la misma razón no hay una raíz que los identifique", describió.
Las dos nenas más grandes de Rosario, de 9 a 15, van a la escuela. Son retiradas y dejadas en la casa por un transporte escolar público igual que la escuela.
"Acá la educación es pública lo mismo que la salud. No existe la salud privada. Mi hija nació en una clínica pública, que tiene una atención excelente. Eso si no podés elegir el médico que te atiende", detalló Rosana al ser consultada sobre su vida en Toronto.
Los paisajes, las costumbres, las temperaturas, las caras conocidas son muy diferentes en Toronto. "Las cuatro estaciones son bien marcadas. Ahora estamos en otoño y está todo amarillo y anaranjado. El invierno es muy crudo. El año pasado las temperaturas llegaron a - 40, y casi todo el invierno es -15. Eso hace que la vida sea muy diferente. Se puede salir pero es mucho más limitado, porque no se disfruta tanto de la naturaleza como allá", describió Rosario añorando los inviernos templados de La Linda. Los padres, abuela, tíos y primos de Rosario viven en Salta. Su hermanos sin embargo, están distribuidos por todo el sur de la Argentina.
"Mi mamá me dice que si volvemos a San Pablo no se quejará más de que estamos lejos. Imaginate que de Buenos Aires estábamos a dos horas. Ahora se tiene que cruzar todo el continente para vernos", dijo.
Hace dos mes, Rosario tuvo la visita de su mamá para acompañar el nacimiento de su tercera hija. Se quedó un mes.
Las ganas de volver persisten
"Las ganas no faltan. Si tuviera que elegir un lugar en el mundo para vivir sería Salta, pero estoy limitada porque mi esposo es brasileño y sobre todo por las posibilidades laborales", reconoció con un dejo de tristeza.
De a poco Rosario se fue aclimatando a su nueva vida y a los nuevos paisajes de Toronto.
"Ya tengo muchas amigas de todo el mundo".

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