Roxana Belbruno (55) es profesora en Artes Visuales y técnica en Restauración de Obras Pictóricas. Ha confeccionado diseños de luces y luminotecnia para espectáculos. Ejerce la docencia en la Escuela Provincial de Bellas Artes Tomás Cabrera. Recibió a El Tribuno en su hogar, ubicado en el barrio El Refugio, donde tiene su taller "El refugio del ángel" y dicta capacitaciones para enseñar a elaborar diversos objetos con vitrofusión.

¿Qué es la vitrofusión?
La vitrofusión no es nada más ni nada menos que la fusión del vidrio a través de la temperatura. Es un arte del fuego que permite trabajar con la fragilidad que tiene el vidrio, con lo que tiene el fuego de inmanejable y muchos otros factores que me hacen pensar que es un material que se parece a la vida, en la que todo es frágil. También porque se presenta como una gran expectativa y porque el producir el mejor resultado va a depender de cómo te vas fogueando.

¿Para vos qué representa este arte?
Representa una pasión y una terapia. Me inicié en esto llevada por una tragedia que tuve en mi vida (su hija Sabrina Berton, de 17 años, fue asesinada en 2008 de un disparo en la cabeza) y la mentora fue mi hermana, que con la idea de que no me deprimiera me fue arrastrando a ciertos cursos. Así me fui involucrando poquito a poco y apasionando por la actividad.

¿Es sencillo dominar tantas técnicas y dominar los tiempos de cocción?
Durante mi formación como técnica en Restauración de Obras Pictóricas aprendí mucho sobre química, entonces se me hizo fácil acceder a la información. En esto no se puede improvisar. El vidrio es un material que tiene una estructura molecular que tenés que aprender a dominar porque puede sufrir estrés, puede explotar, puede reaccionar y eso es algo que con el estudio se lo puede controlar para no obtener un resultado desastroso. Yo fui estudiando durante estos años y me fui perfeccionando. Porque no es solo combinar materiales, tengo que dominar el calor y eso viene del horno, que si bien es electrónico y se maneja con programas, hay que ajustarlo y aprender a hacerlo bien me llevó casi un año. También tuve que comprender los desperfectos que pueden llegar a presentarse. Yo enseño este arte y tengo que garantizar a los alumnos un profundo conocimiento, así la gente lo toma en serio y no como un hobbie de hacer vajilla. Quiero que la gente tome conciencia de que está produciendo una obra artística única, a la vez que utilitaria.

¿Para vos se aproxima a un objeto artístico?
La vitrofusión siempre se va a convertir en un objeto único y exclusivo, aunque uno no persiga un objetivo artístico. Como es irrepetible tiene un valor que se aproxima mucho al arte. Los alumnos vienen al taller y descubren ese protagonismo que te da el arte de decir: "Hice una pieza única", y se la puede exhibir como un objeto de arte, más allá de que sea un plato o una fuente.

¿Por qué definís al taller como un spa creativo?
Porque la vitrofusión produce en quien la practica una fuerte conexión con el objeto y el material que lo lleva al relax.

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora