Sobre la calle Buenos Aires, entre San Juan y Mendoza, se puede ver el frente de una casona sobre el que cuelga un antiguo cartel de chapa con letras gruesas pintadas en negro: Relojería Ruben's. Este comercio lleva -entre una mudanza y otra- 48 años de trabajo, y quien lo gerencia es Rubén Ramos, de 76 años.
"Antes de tener mi propio negocios trabajé para 12 joyerías. Estuve en empresas como Premier, La Joyita, JD, Klim y El Trust Joyero, hasta que por fin puse mi propio negocio. Primero estuve cerca de la avenida San Martín. Ahí alquilé por 13 años, después me trasladé a la esquina de San Juan y Buenos Aires, ahí estuve otros 10 años, y acá trabajo hace 15 años", detalló Rubén, mientras se apoyaba sobre las vitrinas que muestran los relojes pulsera para damas.
"Tengo 76 años y mi especialidad es relojería. Arreglo relojes de todo tipo. Desde los 7 años que estoy con los relojes. Comencé ayudando a mi tío en su negocio que se llamaba Hidalgo y estaba en Buenos Aires, entre San Martín y Urquiza", le describió a El Tribuno.
Así, cuando llegó a la juventud Rubén ya era un especialista en el rubro. Su primer trabajo pago fue en la primera relojería Tic Tac que hubo en Salta.
En otros tiempos compraba oro y hacía alianzas. "Era la época en que todo el mundo vendía oro, ahora ya no hago nada de eso", dijo con nostalgia de aquel pasado.
Arreglos y mejoras
Fuera de la venta, el fuerte de Rubén son los arreglos de esos viejos modelos que ya no se fabrican y que pasaron a ser piezas únicas e invaluables.
"Arreglo relojes pulsera, de pared y despertadores. En el negocio tengo modelos que son una reliquia", afirmó Rubén mientras se dirigía a una de las estanterías sobre las que se luce una pieza única: un reloj de mesa que marca la hora, la media y el cuarto, armado dentro de una caja de cristal que deja ver el mecanismo.
Tiene modelos antiguos a los que se les adapta una máquina y siguen funcionando. "Hoy en el mercado ofrecen relojes despertadores con todas su partes en plástico. Estos modelos no llegan a tener un año de duración, mientras que los modelos con piezas de metal, pueden llegar a durar 10 años y más", explicó.
Muchas personas a las que gustan las piezas antiguas se acercan a este negocio. Rubén contó que hay clientes que buscan relojes de décadas atrás, sobre todo los de bolsillo.
"El arreglo de un reloj pulsera automático de la marca Omega puede llegar a costar unos 450 pesos. El arreglo de un Rólex puede salir 2.000. Claro que el que tiene un Rólex quiere que lo arregles adelante de él, y en el momento, y eso puede llegar a costar el doble", contó.
Herramientas
Las herramientas que maneja Jorge puede que sean únicas en Salta. "Los relojeros de ahora no las tienen", agregó.
Hace 40 años hizo un curso de Citizen en el hotel Salta y después de 10 días le entregaron una serie de herramientas, que son algunas de las que este relojero utiliza hasta ahora.
"Sé que soy el único que las tiene porque todos los que hicieron el curso ya están muertos, solo quedo yo y un relojero de la 20 de Febrero que ya dejó el trabajo por problemas en la vista", dijo Rubén.
Reliquias
En la relojería se pueden ver dos modelos Junghans de pared. La empresa que los vende está ubicada desde sus inicios en Schramberg, Baden-Württemberg, Alemania. El 15 de abril de 1861, Erhard Junghans fundó la fábrica Junghans und Tobler, en asociación con su cuñado, Jakob Zeller-Tobler. Estos modelos son únicos y ya no se hacen. "Son de una clienta que los tiene acá hasta que se mude. Un reloj de pared cuesta lo que quiera el dueño porque ahora ya no se fabrican", destacó. También se pueden ver dos cucú que esperan arreglos. A uno le faltan las agujas y los pájaros que los caracterizan. A los fuelles de un cucú los trajeron de Europa y costaron US$600.
Hoy Rubén consigue los repuestos para algunos de sus modelos en Buenos Aires. "Tengo un amigo que vive allá y se los pido. Los busca y los manda", destacó quejándose de la falta de disponibilidad de piezas.
Otro de los modelos que tiene Rubén es un despertador Blesing, también alemán, con números romanos. "Se fabricaron en los 50 y fueron de buenísima calidad", contó.
Al final del encuentro con El Tribuno, afirmó que no tiene ningún aprendiz. "Cuando yo me vaya, se acaba la relojería", reflexionó.

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