La riqueza de términos que nombran lugares en la región andina y en el norte argentino y cuyo origen se remonta a las lenguas que hablaban los primitivos habitantes es un tema del mayor interés para comprender la naturaleza e historia de la región.
Es así como se encuentran palabras que provienen del quechua, aimara, cunza, cacán u otras lenguas de donde nos ha llegado información parcial hasta nuestros días.
Así resulta valioso atesorar los vocablos de los cuales se conoce su origen con bastante certeza.
Un término geológico quechua es "rumi" que significa roca o piedra.
A partir de él derivan decenas de combinaciones que dan lugar a topónimos clásicos y otros menos conocidos. La "r" inicial se pronuncia suavemente.
Diego González Holguín, en su Diccionario de la Lengua Quechua o del Inca, publicado en Lima en 1608, da una larga lista de términos formados por la palabra rumi.
En el noroeste argentino hay un abundante inventario de topónimos incaicos que llevan a rumi en su composición. Asimismo hay otros de naturaleza híbrida donde se mezcla el quechua con el español.
En la forma simple, rumi, lo encontramos en Santiago del Estero cerca de Villa Figueroa.
Rumi rumi hace referencia a abundancia de piedras o pedregal, tal como ocurre con algunas plantas nativas puneñas como la copa copa, muña muña o rica rica. Cuando se tiene un campo cubierto de estas plantas reciben el nombre de copa copal o rica rical.
También se tiene un cerro Rumio en el departamento de La Poma.
Samuel Lafone Quevedo, Atilio Cornejo, José Vicente Solá, Fernando Figueroa, Osan de Pérez Sáez y Pérez Sáez, Susana Martorell, Rolando Braun Wilke, Carlos Diez San Millán, Antonio Paleari, entre otros, realizaron valiosas contribuciones para rescatar topónimos o términos del habla regional que se incorporaron al castellano.
Rumiampato es el nombre con que se designa a la tortuga y viene de rumi igual a piedra y ampato igual a sapo. Hay al menos tres localidades conocidas como Rumiarco en Salta; una en San Carlos, otra en Iruya, y una tercera pasando la Cuesta del Lajar, en Guachipas.
El término es un compuesto híbrido que toma del quechua rumi como piedra y arco del español, o sea "arco de piedra". Alfredo R. Burnet-Merlín cree que Rumiarco es una alteración de rumi-arkuy y significaría además "piedras amontonadas".
Como en Rumimontón, o "montón de piedras" en Belén (Catamarca). Al vecino o natural de Rumiarco se le aplica el gentilicio de rumiarqueño. Rumibola también es un término híbrido por "piedra bola".
Existen numerosos lugares donde se observa este particular fenómeno que tiene que ver con la meteorización de ciertas rocas, entre ellas los granitos, que forman paisajes en bolas. Uno de ellos se ubica en Tastil, donde está la vieja ciudad prehispánica.
También existe este topónimo en el departamento de Molinos y en el departamento Los Andes. En la Puna, el geólogo Juan Carlos Turner bautizó en 1960 a una formación geológica a la que llamó Rumibola por el cerro del mismo nombre. En el departamento de Rosario de Lerma y en Jujuy hay un par de localidades llamadas Rumicruz.
También es un híbrido por piedra en quechua y cruz en español, o sea "cruz de piedra". En igual sentido se tiene en el departamento de Orán el topónimo de Rumichiquero, que mezcla piedra en quechua con chiquero en español y se refiere a un espacio pircado para la crianza de cerdos. O rumical por piedra para cal.
Al igual que rumiampato (tortuga) en el campo de la zoología se tiene el rumiguanchi, una especie de avispa colorada que hace sus nidos entre las rocas. Rumihuasi es "casa de piedra" y se registra este topónimo en el departamento de San Carlos.
Sin embargo el mismo ha sido señalado en otros lugares como cueva, caverna o lugar donde ocurren salamancas, esto es aquelarres demoníacos. También se registra en Santiago del Estero, mientras que en Córdoba y San Luis aparece deformado como Rumiguasi.
Ruminisque, un lugar del departamento La Viña, sería un topónimo formado por la fusión de la palabra quechua piedra o rumi con la palabra cacana "niqui" en el sentido de lugar. En el departamento de Guachipas hay una localidad llamada Rumipalta, derivando ambos términos del quechua en el sentido de piedra (rumi) y palta o ppallta que puede traducirse como ancho, chato o plano con lo cual vendría a significar algo así como piedra ancha, chata y lisa.
Los bloques de calizas amarillas que se liberan de la Formación Yacoraite, una unidad geológica muy bien representada en el norte argentino, tienen dicha característica. Precisamente hay un campo de estas rocas, aguas abajo del cañón del río Juramento, en el departamento de Metán, donde los bloques están distribuidos en una amplia llanura o campo a lo largo de un tramo de la ruta 47 que une Cabra Corral y la ruta nacional 34.
Dicho lugar es un sitio arqueológico y se conoce como Rumipampa (campo de piedras).
Una localidad del departamento Los Andes lleva el nombre de Rumisaicue, al cual Atilio Cornejo hace derivar de piedra (rumi) y de saincue "que se cansó".
Se dice que este nombre deriva de cuando Diego de Almagro realizaba su expedición a Chile acompañado del inca Paullu, llevando una roca con forma de rueda y allí se cansaron y la abandonaron. Una historia parecida a la Piedra del Molino en la Cuesta del Obispo.
Rumiyaco es un topónimo que debería estar ampliamente distribuido ya que significa “aguada o arroyo de las piedras”.
Sin embargo solo se lo registra en Santiago del Estero y en el departamento de Molinos en Salta. En Graneros (Tucumán) se tiene el topónimo Rumi Punco que viene a significar “puerta de piedra”.
Una importante formación geológica del basamento precámbrico del norte argentino lleva el nombre de Puncoviscana.
Rumi Cocha es “laguna de las piedras”, Rumi Yura, “matas entre las piedras”, Rumi Yana es “piedra negra” y Rumi Tacana “piedra de golpear”. Otro topónimo puneño es Rumicaigue, en el sentido de rumi (piedra) y qhawaj (centinela), con lo cual se tendría Rumiqhawaj o “centinela de piedra”.
Este tipo de monolitos naturales de roca han recibido otros nombres como “pilares”, “penitentes de piedra”, “dedo de dios”, “piedra parada”, “piedra clavada”, etcétera.
Rumi Koncha, que deriva de piedra y fogón, era el fuego que hacían los viajeros en los altos de los caminos de las cordilleras.
Se prendían algunas matas secas del desierto entre tres piedras, se comía, se bebía, se convidaba a la Pachamama y se dormía allí al pie de una apacheta.
Antonio Paleari recopiló para Jujuy los fogones o Rumi Koncha conocidos como del “bandido” en Cochinoca, del “tapado” en Susques y de la “Robada” en el extremo oeste de Santa Catalina; cada uno de ellos con sus propias historias de amores, fortunas y recuerdos.
Otros topónimos de referencia son Rumicamañan que significa camino de piedra o pedregoso; Rumi Chakra o Rumi Horcona, que hace referencia a las canteras de extracción de las piedras y Vini rumi, una piedra durísima, como acero, que los incas utilizaban para poder labrar otras piedras.

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora