A la vera de la Cordillera de los Andes, una decena de pueblitos catamarqueños conforman un corredor turístico que revela una de las técnicas más ecológicas y ancestrales de construcción: el adobe.
El paseo abarca poco más de 50 kilómetros y se concentra en el Departamento de Tinogasta, entre casonas, iglesias y oratorios.
Catamarca se constituye como uno de los destinos culturales más interesantes para el turismo extranjero por las raíces y costumbres que conserva de antiguas culturas aborígenes. Uno de los testimonios regionales que más sorprende al viajero es un conjunto de pueblitos que aún conserva edificaciones realizadas en adobe hace más de 300 años.
Las iglesias, casonas y antiguos oratorios erigidos bajo esta ecológica y ancestral técnica de construcción conforman, a unos 280 kilómetros de la ciudad Capital de Catamarca, un camino histórico y cultural que pone al descubierto gran parte de la identidad local, recomendado especialmente para los amantes de la arquitectura popular americana.
La "Ruta del Adobe" se completa en un día y transcurre a lo largo de 55 kilómetros de carreteras asfaltadas y caminos consolidados. El viaje se realiza mediante una excursión guiada o también de manera particular, ya sea en auto, a caballo o bicicleta.
Al igual que Chan Chan en Perú -una de las ciudades más grandes del mundo construidas en adobe- estos pueblitos catamarqueños, invitan a descubrir los secretos que guardan paredes levantadas a base de agua, tierra, arcilla y pasto. Un estilo de trabajo que se distingue por estar moldeado con las manos del hombre, tal como si fuera una artesanía única.

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