Las caricaturas políticas de Hermenegildo Sábat expresan siempre el rostro del poder. A este lo considera imperfecto, agujereado y de constitución incierta ya que oscila entre el lado de los ideales y el campo de la imposibilidad. Pero, tiene arte para insertar al sujeto político, con trazos naif, en esa distancia que hay entre el discurso y los hechos.
No es cuestión de hacer un psicoanálisis a Sábat (una tarea irrealizable) ni tampoco expurgar su arte para conocer cómo proyecta su alma. Hay que leer sus dibujos para ver qué proponen a secas porque muestran la distancia que hay entre lo que el sujeto político se presenta como hombre del bien común y lo que en realidad gestiona para alejarse del mismo bien.
Sus criaturas que van al lado de un comentario, dan cuenta de la política con una ecuación, sin ninguna palabra hablan desde un ciclo histórico, desde la acción del poder o, desde el esplendor o decadencia de la cultura ciudadana a través de sus éticas que, en Clarín, Sábat llama los "Imprescindibles".
Hace cincuenta años dibuja acerca del tabú de personas, acciones y procesos sociales. No usa -como dicen sus críticos- una plástica para expresar la violencia simbólica, sino para participar como artista y editorialista con sus dibujos en la vida política del país y el mundo. Opina y muchas veces fue polémico y controversial, pero hace pensar con su humor leve y acotado los vaivenes de la historia social.
Recientemente, un grupo mayoritario de mujeres senadoras de la Nación, de la fracción K, lo repudió porque el Senado le había confirió el premio cultural Domingo Faustino Sarmiento. Las damas adujeron que no lo merecía, que gusta hacer violencia simbólica con el lápiz y promueve la violencia de género. Las legisladoras aludieron al Sábat que dibujó en el 2008 a la expresidente Cristina Kirchner con una mordaza en la boca, opinando así que debía hacer silencio prudente y político en pleno debate del agro a raíz de las retenciones al sector.
Las caricaturas facilitan a miles de lectores la vía del humor y dibujos sin palabras que sigan interesándose en la política y en el Estado; y esa es la causa ganada por Sábat, el desenmascaramiento del poder absolutista.
El efecto cómico que producen las caricaturas de Sábat fue repudiado por las senadoras que niegan la libertad de expresión al periodismo gráfico para extraerle la libertad de opinión que Sábat propone en cada una de sus ilustraciones sobre el malestar de la política, llena de obstáculos internos y externos. El país y el orden globalizado no pueden ser construidos por el partido del Uno o el pensamiento único, eso produce representaciones políticas sintomáticas que el artista ausculta.
La política para Sábat es búsqueda y él descubre, a través del dibujo, la relación ausente -muchas veces- entre la subjetividad ciudadana y los modos de gozar de la clase gobernante que construye y conserva el poder.
El psicoanalista Jacques Lacan sostuvo: "Hay síntoma social donde ya no hay lazo social". El lector lo necesita a Sábat, él le propone lazos y suturas desde el arte, a la política nacional e internacional; dibuja los síntomas de Argentina de la grieta y del mundo unipolar en guerra.

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