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Desde el año 1948, saber leer y escribir se consideran un derecho humano inalienable; a través del tiempo, reducir el analfabetismo fue un desafío importante en los distintos países.
Son muchas las investigaciones acerca de cómo el analfabetismo afecta al desarrollo de las personas; a los argumentos éticos, sociales, políticos, se suman los económicos como formas de reforzar las políticas de alfabetización. Si hacemos un repaso de las estadísticas recientes indican que en América Latina alrededor del 8% de la población de 15 años y más es analfabeta absoluta (declaran no saber leer ni escribir), lo que equivale a 35 millones de personas; Argentina tiene importantes logros en este sentido, ya que registra una de las tasas más bajas dentro de la región (alrededor de 1,9%) y más del 98% de la población tiene la primaria completa.
Al analfabetismo absoluto hay que sumarle el funcional, es decir, el que da cuenta del funcionamiento de la lectura, escritura y del cálculo en distintos ámbitos y que inciden en la inserción social de las personas.
Y es aquí donde se presentan los próximos desafíos y donde la calidad educativa tiene un papel protagónico y se vincula con la equidad, relevancia, pertinencia, eficacia y eficiencia de la educación.
El analfabetismo funcional es un concepto clave que se debería medir y seguir desarrollando en las distintas economías por el impacto que produce. En este sentido, coincido con las posturas que reclaman poder avanzar sobre las habilidades y competencias para percibir mejor los impactos sociales y económicos.
Un nuevo concepto dice que la alfabetización es una habilidad que representa una necesidad básica de aprendizaje a lo largo de la vida y que permite a las personas desarrollar sus conocimientos y capacidades para participar plenamente de la sociedad.
Ahora bien, para adquirir las competencias que permitan desarrollar estos conocimientos y capacidades, estudios recientes indican que el individuo debería cursar 6 o 7 años de escolaridad y para una competencia más avanzada , que se corresponde también con una inserción más alta en el trabajo, se debería cursar 11 o 12 años o más de escolaridad.
Nuevos estudios, establecen el umbral de alfabetización en los 400 puntos de las pruebas PISA que evalúan el conocimiento y destrezas de los alumnos de 15 años en lengua, matemáticas y ciencias; estas pruebas permiten analizar hasta qué punto los sistemas educativos de los países participantes preparan a sus alumnos para continuar aprendiendo a lo largo de sus vidas y que puedan tener un papel activo en la sociedad como ciudadanos.
Allí se establece un nivel de desempeño mínimo básico, midiendo con esta vara, en varios países que participan de la prueba, más del 40% de su población puede considerarse analfabeta.

La sociedad del conocimiento

En la actual sociedad del conocimiento, además de la lecto escriturar como medios elemental de comunicación, las tecnologías juegan un rol fundamental; antes el lápiz y papel o tiza y pizarrón bastaban, hoy existen otros recursos.
Las pruebas consideran, en la medición del analfabetismo, la evaluación de la lectura y la comprensión de textos con distintos grados de dificultad; el uso de números y el estudio de estas competencias en el desempeño de las personas en distintos contextos y realidades sociales.
Independientemente de estas mediciones técnicas, la realidad es que el analfabeto tiene mayores dificultades de inserción social a nivel personal (problemas de inclusión social, trabajo precario, etc.), sino también a nivel de su grupo familiar (nutrición, higiene, salud, reproducción y escolaridad de los hijos entre otros) y a la sociedad (pérdidas de productividad, impactos en el sistema de salud, etc.).
El adulto analfabeto tiene problemas de empleabilidad por su bajo nivel de conocimientos y especialización; también tiene muchos problemas de inserción, autoestima, autonomía, creatividad y reflexión crítica y es acá donde la educación y la capacitación tienen un rol protagónico porque ella permite incrementar el valor del capital humano accediendo las personas a obtener un mejor ingreso y mejorar su productividad, con el impacto que esto tiene a nivel macroeconómico en el crecimiento económico; varios economistas reconocidos en el tiempo destacan la importancia del capital humano en el crecimiento económico.

Analfabetismo y Empleo

Estos analfabetos tienen empleos de menor calidad y padecen elevada precariedad ocupacional, las personas con un mejor nivel educacional logran mejores ingresos que los analfabetos.
La alfabetización y el aumento de la escolarización conducen a mejoras en la productividad y a un crecimiento económico de los países. En los últimos años, el conocimiento se ha convertido en un nuevo paradigma productivo y la necesidad de una transformación o cambio educativo pasó a ser un factor fundamental para la modernización de los sistemas productivos. ¿Cómo se podrán potencializar los parques tecnológicos o la innovación, sin apostar previamente a mejorar la educación? ¿De dónde saldrán los recursos humanos con mejor cualificación que hagan posibles los cambios que hacen falta en la economía para seguir creciendo? Es de esta forma que la educación influye en los niveles ocupacionales de los trabajadores, su capacidad para emplearse, y el desempleo. Los jóvenes que no concluyen la primaria o que abandonan la secundaria, tienen menor probabilidad de tener empleos de calidad suficiente para mantenerse fuera de las situaciones de pobreza.

Números lacerantes

En este sentido, la desaceleración del crecimiento económico que se viene registrando en Argentina en los últimos tiempos tiene impacto sobre el mercado laboral y genera preocupación en la sociedad.
Según datos del Indec, en el tercer trimestre del 2016 la desocupación se ubica en 8,5% en nuestro país, lo que significa que alrededor de 1.100.000 personas están desocupadas; en cuanto a la tasa de subocupación, se ubicó en el 10,2% y hay un 33,8% de empleo no registrado, es decir, que 1 de cada 3 personas trabaja en negro.
El SIPA (Sistema Integrado Previsional Argentino) registró en abril 42.000 puestos de trabajo menos que el año anterior. La tasa de pobreza se ubicó este año en el 32,6%, afectando a 14 millones de personas aproximadamente; relacionado con este tema, los planes sociales que hay en el país ascienden a 18,2 millones aunque el número de personas beneficiarias puede ser menor ya que una misma persona puede estar recibiendo más de un plan social. En Salta la tasa de desempleo para el tercer trimestre de 2016 fue de 7,5%. siendo la subocupación de 7,2%, y el 47% de empleo no registrado.
De la población económicamente activa (PEA), el 0,2% no tiene instrucción, 4,3% tiene la primaria incompleta, 11,5% primaria completa, 20,6% secundaria incompleta, 26,6% secundaria completa, 19,2% superior y universitaria incompleta y 17,6% superior y universitaria completa.

Los jóvenes, los más afectados

En Argentina, según un estudio realizado por Adecco, hay más de 1 millón de jóvenes que no estudian ni trabajan (ni-ni); de ese número hay más de 700 mil que ni siquiera están intentando insertarse en el mercado laboral.
Adecco detectó que en Argentina hay 4,4 millones de jóvenes de los cuales un 34,2% trabaja, un 26,7% estudia, un 10,3% trabaja y estudia, y un 3,3% estudia y busca trabajo. Además hay un 24,6% (1,08 millón) que no estudia ni trabaja, y sobre ese porcentaje hay un 17,3% que no estudia, no trabaja y además no busca empleo.
Además, la falta de calificación de los jóvenes que buscan insertarse en el mercado laboral argentino, está siendo un problema para empresas como las del sector software que tiene 5.000 puestos sin cubrir cada año; en este sentido, el estudio destaca que de 879 empresas relevadas en todo el país, el 69% buscó incorporar personal técnico en los últimos 12 meses y la mitad, un 51% tuvo inconvenientes para cubrir el puesto por falta de competencias técnicas de los postulantes o ausencia de candidatos.
Este hallazgo es coincidente con un reciente informe realizado por el INET (Instituto nacional de Educación Tecnológica) sobre la "Demanda de capacidades laborales 2020", entre las principales conclusiones del mismo, se destaca la dificultad de las empresas para incorporar personal idóneo con perfil técnico necesarios por la incorporación de nuevas tecnologías, cumplir con estándares de calidad y procedimientos; las dificultades se incrementan cuanto mayor es el tamaño de las empresas.
Las principales limitantes se relacionan con la falta de competencias técnicas o "habilidades duras" de los postulantes como también la falta de experiencia transformándose esto en una preocupación para las empresas tanto de los sectores primarios, como en la transformación industrial o las industrias de servicios.
Esto debería constituirse en indicador importante para replantear las deficiencias en la educación técnico-profesional principalmente en el nivel secundario. Las limitaciones de personal calificado impacta directamente en la competitividad de las empresas porque afecta los niveles de productividad laboral y se funciona con sobrecostos o bien porque no se logran los estándares de calidad requeridos.

Lo que se viene

Los mercados de trabajo siempre están evolucionando, lo sabemos los que conocemos algo de historia. Periódicamente leemos noticias que hacen referencia a robots haciendo distintos tipos de tareas que tal vez antes la hacían personas; o la presencia de drones para ciertas acciones.
Están siendo estas algunas de las consecuencias que la "revolución informática" está causando en el mercado. Hace poco leía una referida a que China, en el 2017, será el país con más robots trabajando en fábricas y esto tal vez obedezca a que la tecnología robótica es más barata y fácil de instalar, como señalan algunos expertos. Yo me pregunto: ¿cuántos puestos de trabajos, ocupados por personas, ya no serán necesarios como consecuencia del avance de las nuevas tecnologías?, ¿qué nuevas habilidades se requerirá a las personas que deseen trabajar?, ¿requerirá esto de una nueva alfabetización? Este tipo de noticias, relacionadas con el primer mundo, ¿están muy alejadas de nuestra realidad?
En fin, las nuevas tecnologías vienen impulsando cambios en el mercado del trabajo muchas veces resistido y con una marcada generación de conflictos que son imposibles de evitar.
En este punto es donde se vuelve a plantear la relación existente entre educación, alfabetización, empleo, innovación tecnológica y equidad. Para pensar.

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Sección Editorial

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