Medellín es un recuerdo recurrente. ¿Cuál Medellín? No nos referimos a la ciudad colombiana donde murió trágicamente Carlitos; ni a Medellín, municipio y lugar de España, en la provincia de Badajoz, partido judicial de Don Benito. Hablamos de nuestro Medellín, el Medellín Rugby Club, una casi mítica institución deportiva que surgió de la nada, y a la nada regresó.
En 1955 un grupo de muchachos, principalmente vecinos del barrio de Federación, tuvo la ocurrencia de fundar un club de rugby, disciplina que en Salta estaba ganando adeptos. Cabe destacar que los jóvenes que en la aún ciudad-aldea practicaban ese exótico (para muchos) deporte provenían, unos, de la clase media acomodada, bien llamada "medio pelo", y del catalogado "cholaje", otros. Los primeros integraban clubes como Gimnasia y Tiro, Spaguetti y Gauchos; los segundos jugaban en Tigre, Salta Polo y Sporting. Los changos que formarían Medellín eran changos de barrio, en su mayoría (cuando en Salta había barrios y no sólo dormideros), y para colmo, jugaban al fútbol en clubes como Federación Argentina, Argentinos del Norte, Libertad, Peñarol, Rivadavia y Central Norte.
Las autoridades de la Unión de Rugby de Salta miraron con desconfianza ese "Medellín" que les sonaba a reaje, a estirpe tanguera, a malevaje. Y estaba el asunto de la procedencia social: era gente que vivía en Barrio Evita, en el de los Gauchos de Pueyrredón, en el Federación, en el 17 de Octubre. ¿Qué era eso? ­Había que tener mucho ojo con ellos! El rugby era un deporte para "gente bien", que nunca se había rebajado a patear una pelota de trapo, y esos chicos... ­vaya uno a saber!
"Las autoridades de la Unión de Rugby de Salta miraron con desconfianza a ese club Medellín". "Los chicos y chicas de la hinchada de Medellín eran bullangueros. Desbordaban entusiasmo y pasión".
La cosa fue que la URS se resistía a admitir en su pulcro seno al flamante club. ­No, no y no!, de la mañana a la noche. Y ahí fue que apareció el joven escribano santafesino Aldo Melitón Bustos (años después asesinado vilmente por esbirros de la dictadura) y merced a sus esfuerzos consiguió que Medellín fuese aceptado.
Los chicos y chicas de la hinchada de Medellín eran bullangueros. Desbordaban entusiasmo y pasión. Y el circunspecto ámbito del rugby lugareño se estremeció cuando introdujeron el bombo para alentar a sus jugadores.
Eran famosos los bailes de Medellín para reunir fondos. Y nadie se dio cuenta de que las exquisitas presas de cabrito que se servían eran, en verdad, presas de gatos domésticos que el vate Acuña y el Panzón Bustos cazaban. Debidamente oreados, sazonados y horneados, resultaban un manjar. Nadie se dio cuenta hasta que el Panzón Bustos, pasado de copas, mostró, en plena fiesta, los cueros de los sacrificados felinos.
Como todo llega su fin, en un partido contra Salta Polo hubo una gresca entre dos jugadores adversarios. El referí, un subteniente del Ejército, jovencito él, penalizó solamente al de Medellín, y lo expulsó. Y se armó una piña generalizada.
Resultado: la URS suspendió por 99 años a todos y cada uno de los jugadores de Medellín, y al mismo Club. A los de Salta Polo les dieron las gracias y un chupetín. Y así Medellín Rugby Club que había surgido de la nada, regresó a ella.

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Sección Editorial

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GORILA  CONVERSO
GORILA CONVERSO · Hace 10 meses

Amnistia para Medellin Rugby Club..que vuelva ya!jajajaja


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