La firma de las Capitulaciones de Santa Fe el 17 de abril de 1492 permitió a la Corona de Castilla y a su monarca Isabel, iniciarse en la experiencia marítima, y acceder al conocimiento de nuevas tierras, un continente hasta ese momento ignoto para los europeos. Este descubrimiento, seguido de viajes de reconocimiento y exploración se transformó, en un hito en la historia universal.
El acceso al trono de Carlos I, mantuvo el impulso de expansión territorial. La llegada de los conquistadores, Hernán Cortés y Francisco Pizarro, a México, en 1519 y al Perú en 1532, colocó a la monarquía castellana en posesión de nuevos territorios y de sus recursos.
Estos vastos espacios americanos, de selvas, llanuras, desiertos y macizos insondables, de disímiles poblaciones, ofreció un desafío a estos pequeños contingentes que eran las huestes de conquistadores.
En nuestro territorio argentino, contamos la gran entrada de Diego de Rojas en 1543, quien penetró por la quebrada de Humahuaca, recorriendo muchas provincias del actual territorio argentino.
Si bien una motivación para la conquista y el poblamiento fue la extracción de metales, no fue el único y exclusivo objetivo.
En 1542, una Real Cédula funda el Virreinato del Perú, con capital en Lima, compuesto por extensos territorios que abarcaban desde el istmo de Panamá hasta Tierra del Fuego. Lima se transformó en un polo económico movilizado por la extracción de metales.
Coetáneamente, la política indiana, se encaminó al establecimiento de ciudades, metodología para afianzar la conquista. Así surgieron Asunción en 1536, Chuquisaca en 1538, la Villa Imperial de Potosí en 1545, San Bernardo de la Frontera de Tarija en 1574.
En nuestro actual territorio argentino, se sumaron Santiago del Estero en 1553, Córdoba de la Nueva Andalucía en 1573, San Miguel de Tucumán en 1565, Salta en 1582, San Salvador de Jujuy en 1593, entre otras. La ocupación de estos espacios territoriales fue decisiva para la configuración geopolítica de la Argentina. Esas fundaciones, permitieron la integración de los españoles con las poblaciones preexistentes. La relación de estos actores sociales fue diversa y constituye un tema sujeto a polémica, pero el proceso de mestización y fusión de elementos culturales, le confirió a Hispanoamérica una identidad propia.
A los recursos prexistentes y de explotación por los aborígenes, se agregaron los que incorporaron los españoles, tanto en cultivos como en ganados, definiendo áreas productivas, y rudimentarias industrias, como los ingenios que procesaban la caña de azúcar.
Entre las nuevas ciudades se destacó Salta, ubicada en una región con amplias conexiones en el Tucumán, y vinculada al Alto Perú y Lima. Salta fue el nexo entre la capital del Virreinato y las restantes ciudades ubicadas al sur. El tráfico comercial debía hacer escala en nuestra ciudad, y esto generaba una fuente de ingresos en transacciones comerciales e impuestos. Fue significativo el comercio de mulas, destinadas a las minas peruanas, como así también el ganado vacuno. Una intensa actividad comercial otorgó prosperidad a nuestra región. Nuestros vínculos generaron un importante desarrollo económico, cifrado en la centralidad del emplazamiento que le otorgara Lerma.
Caracteriza a esta etapa la aplicación de medidas monopólicas, un centralismo político y la difusa aplicación de la legislación que la monarquía española había previsto para los territorios americanos. La lejanía de la autoridad real, significó en muchas oportunidades, olvido, abandono y negligencia, en la observancia del frondoso marco legal que representan las Leyes de Indias, solamente recordado a los súbditos de la Corona por una pléyade de clérigos, ansiosos por dotar de un orden justo a sus habitantes.
La llegada al trono de los Borbones, implicará un giro en la aplicación de medidas en territorio americano. Las reformas de Carlos III modificarán sustancialmente la política hispánica. La Pragmática Sanción de 1767 suprime a la Compañía de Jesús, orden religiosa exitosa en gestión educativa como en la administración de misiones, pero crítica del ejercicio del poder real, por consiguiente, inconveniente a sus intereses.
Otra decisión regia, fue la creación del Virreinato del Río de la Plata en 1776, y acontecimiento determinante en la vida virreinal peruana. La aldea de Santa María en el puerto de los Buenos Aires, tornó en capital del novel virreinato, desplazando al Perú que detentaba la hegemonía política y en el tráfico mercantil. Buenos Aires y su puerto, adquirieron una vitalidad creciente que la convierte de ciudad periférica, a centro dinámico de un complejo entramado de liderazgo político, social, financiero, militar y hasta cultural.
La Real Cédula de Libre Comercio de 1778, y la Real Ordenanza para el establecimiento e Instrucción de Intendentes de Ejército y Provincia en el Virreinato de Buenos Aires de 1782, configuran una nueva dimensión política, administrativa, económica para nuestro territorio, y su correlato en nuestra región.
Salta y las ciudades vecinas, acusan el impacto del desplazamiento político y económico de Lima a Buenos Aires. En las postrimerías del siglo XVIII y en los inicios del siglo XIX, aún se mantienen los lazos de nuestra tierra con la región altoperuana. El estallido de la Revolución de Mayo en 1810, colocará a Salta en un conflicto bélico durante más de una década, en la que sus recursos se verán agotados. En vísperas de la Independencia, el gobernador Martín Miguel de Gemes habría de recurrir a empréstitos forzosos para surtir las crecientes necesidades del estado.
Las campañas por la emancipación americana, agotaron las fortunas locales, incluyeron a todos los habitantes salteños en un esfuerzo económico colectivo sin precedentes, además de la ofrenda de sus vidas, en pro de la libertad. Pero también implicó el quiebre definitivo de nuestro vínculo con Lima y la retracción con las ciudades altoperuanas.
Salta, que constituyera otrora un centro neurálgico en la vida virreinal, luego de consolidar la Independencia con notables esfuerzos; nunca reconocidos por la Nación; devino en área periférica. Esta situación se debe a erráticas decisiones políticas, a la falta de planteos que ofrezcan objetivos a largo plazo, y no solamente a subsanar provisoriamente los problemas coyunturales.
El pasado nos presenta las luces de una gesta emancipadora que adquiere ribetes épicos, en los que la pluma de poetas y de historiadores exaltan la bravura y el coraje, donde un pueblo sublimó la idea de libertad.
Corresponde a quienes habitan este tiempo, restituir a Salta en el rol protagónico que por siglos ha ocupado en el contexto nacional e hispanoamericano.
Son deudas pendientes, que sin replanteos de políticas responsables ante la sociedad, no se podrán saldar. Salta no puede reducirse a evocar un pasado glorioso y tradiciones gauchas. Es menester, construir un presente y un futuro digno para sus habitantes

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