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Salta convertida en botín de apetencias políticas y termómetro de candidaturas
Mientras los vecinos de la ciudad de Salta suman quejas por las falencias en los servicios básicos, el pavimento, el tránsito y una larga lista de prestaciones deficitarias, la lucha política y la antesala de una nueva etapa proselitista, se ha instalado sutilmente en varios niveles de la comuna capitalina.
En este bastión, donde se concentra la mitad del electorado de toda la provincia, se van desnudando de a poco infames estrategias que no tienen otro objetivo más que las elecciones legislativas del año que viene. Parece una absurda teoría, sobre todo luego del agotador año electoral que pasó, pero la evidencia deja afuera a la suposición y plantea que indefectible existe un plan premeditado para el posicionamiento de las líneas políticas en Salta Capital, con miras a los escenarios venideros.
El que terminó por confirmar esta teoría fue el concejal del PJ Gustavo Serralta, quien admitió esta semana que el exintendente Miguel Isa recibía más fondos de parte del gobierno provincial en la anterior gestión porque, simplemente, formaba parte del proyecto político del gobernador Juan Manuel Urtubey. "Ambos pertenecían al mismo proyecto político y era dinero de la provincia; el gobernador podía usarlo para otra cosa. Sáenz pertenece a otro proyecto político", dijo Serralta en un programa radial.
Serralta no es un improvisado y no pudo haber cometido un error de apreciación en sus conceptos; fue, en la gestión del exintendente Isa, titular de una unidad de Seguimiento y Control de Gestión y antes estuvo en la secretaría de Hacienda. Conoce el movimiento de los fondos; el origen, el destino y las discrecionalidades en el gasto público.
El sinceramiento de Serralta no es más que la confirmación del manejo de caja de acuerdo a las conveniencias políticas, donde el interés de los vecinos queda relegado y a la espera de los resultados de la "próxima elección".
Mientras esto ocurre, los diputados capitalinos también ensayaron un argumento contra el intendente Gustavo Sáenz a quien reprocharon su poca capacidad para gestionar. "Cuando un candidato gana una elección, asume los problemas que le dejaron en la gestión anterior" fue el discurso en el que se encolumnaron varios diputados urtubeycistas en la última sesión legislativa, aunque ninguno hizo mención al dinero que antes recibía Isa y al que hoy recibe Sáenz en la municipalidad de Salta.
Fiel a su estilo, con mucha actividad en las redes sociales y siempre bajo cualquier amparoeconómico que pueda suministrarle su pluralidad ideológica, Assenato disfruta con el papel de manzana de discordias
Las definiciones de los diputados giraron en torno al destino de un nuevo crédito que tomará la provincia para invertir en la ciudad y que fue direccionado a obras que para el municipio no son tan importantes. Allí le aconsejaron a Sáenz -palabras mas o menos- que deje de lagrimear y que gobierne.
El ríspido debate se manifestó en los ámbitos legislativos y es así que un fuerte intercambio llegó también al Concejo Deliberante. Esta semana se llevó a cabo un plenario de Tránsito y Seguridad Vial, donde no estuvo ausente esa cuota de confrontación que va sumando estados de ánimo poco recomendables en un momento de crisis como el que se vive en todo el país.
Como si faltara un elemento más de confrontación, el secretario del Área Metropolitana, Matías Assennato, -convertido en una especie de microintendente- se presentó en el plenario planteando cuestionamientos a las obras de pavimentación que afectan los recorridos del transporte público de pasajeros.
La concejal Socorro Villamayor lo interrumpió y le preguntó enfáticamente qué es lo que hace desde la secretaría a su cargo con la plata que recibe de la provincia porque no se ven obras encaradas desde su área.
Fiel a su estilo, con mucha actividad en las redes sociales y siempre bajo cualquier amparo económico que pueda suministrarle su pluralidad ideológica, Assenato disfruta con el papel de manzana de discordias que le dieron desde la Provincia para el área metropolitana, una suerte de estado paralelo que maneja fondos que le son propios al municipio y por ende a los vecinos que eligieron a un jefe comunal por la vía del voto. El intendente del desmalezado, no puede arrogarse tareas que exceden los derechos constitucionales de autonomía y autarquía municipal.
La ciudad de Salta aparece hoy como el botín de guerra de las apetencias y las mediciones de candidaturas. Sirve para marcar la cancha de las aspiraciones políticas a futuro, pero no para brindar respuestas a la gente.

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Sección Editorial

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