Al momento de la Independencia, por razones de tamaño y de riqueza, Salta ocupaba el tercer lugar del sur de Sud América, después de Buenos Aires y Lima, dentro de los virreinatos del Perú y del Río de la Plata, incluyendo lo que hoy son Perú, Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay.
Las razones para esta afirmación eran muchas: la comprobación de navegabilidad del río Bermejo, la ubicación geográfica, el inicio de la actividad azucarera en la Hacienda de San Isidro de Campo Santo y también en Jujuy, las iniciativas para la instalación en nuestra provincia de la industria sedera, la instalación de curtiembres para enviar importantes cantidades de cueros al puerto para embarcar a Europa, la explotación de maderas de nuestro bosque subtropical, entre otras.
El más significativo fue el comercio de mulas que mediante la intervención e invernada se comercializaban en nuestra provincia, especialmente en la feria anual en Sumalao, las mismas eran utilizadas como medio de transporte en las ciudades y especialmente en la actividad minera peruana y alta peruana.
La época de esplendor de Salta concluye cuando se inicia la guerra de la emancipación, ya en 1817, el profesor Luis Colmenares, en su extensa obra de investigación, transcribe que el 27 de septiembre de 1817 en una comunicación del Cabildo de Salta al director supremo Pueyrredón, señala que "Salta esta aniquilada" y también citando esta misma fuente y justamente el mismo día y año Martín Güemes envía al general Belgrano una carta en la que manifiesta primero la opinión que escuchaba de las distintas familias en Salta al solicitarles bienes para financiar la guerra, además de expresar en un párrafo lo siguiente: "Esta provincia no representa más que un semblante de miseria, de lágrimas y de agonía... confieso señor excelentísimo que si no se me proporcionan de cinco a seis mil caballos y diez mil cartuchos no podré empeñarme en una defensa vigorosa ni responder por la provincia".
Estos son algunos ejemplos de cuál era el estado de nuestra provincia por aquellos años, situación que se fue agravando por la disolución de los poderes gobernantes nacionales y las luchas internas.
El haber cerrado las fronteras al comercio con nuestros países limítrofes y las grandes distancias al puerto de Buenos Aires y otros centros de consumo, esta región dejó de crecer y ha provocado que muchas generaciones de salteños emigren a otras ciudades en busca de trabajo y mejores condiciones de vida.
El tránsito de estos doscientos años de Salta y la región lo tenemos más fresco; solo recordar lo que fue nuestra provincia y al compararlo con los índices actuales, nos demuestra lo lejos que estamos en materia de desarrollo. Salta es una de las provincias más ricas del país y su posición estratégica le da un carácter de región favorecida.
Con solo observar los aportes naturales y humanos que entregamos al país en estos 200 años, concluimos en que los argentinos tienen una gran deuda histórica con nuestra provincia.
Las provincias del NOA y NEA disponen de recursos potenciales que convierten a la región en una segunda pampa húmeda. Depende de nosotros y de nuestros gobernantes que volvamos a ser lo que fuimos hace más de 200 años. Defender nuestros objetivos, mantener nuestras tradiciones y capacitar a nuestros jóvenes es el camino,
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