En este 24 de marzo se cumplen cuarenta años del golpe de Estado que instauró el autodenominado "Proceso de Reorganización Nacional", la más atroz dictadura militar que, como se dijo en el Nunca Más [1] "produjo la más grande tragedia en nuestro país, y la más salvaje."
A partir del valiente y extraordinario paso dado por el presidente Alfonsín con la creación de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) y el inmediato juicio a las Juntas, en momentos enormemente difíciles por el poder que todavía conservaban los militares, conocimos en detalle el horror del plan sistemático de violación de derechos humanos llevado a cabo por la dictadura: secuestros, torturas, centros clandestinos de detención, asesinatos, vuelos de la muerte, apropiación de niños, desaparición de personas.
A esa barbarie también sumaron la rapiña, el pillaje, la apropiación de bienes, el desvergonzado saqueo del que fueron capaces.
A pesar de los años transcurridos en democracia, todavía sufrimos sus consecuencias sociales, políticas, económicas y culturales, porque ese plan sistemático no solo exterminó personas y destruyó familias, inhabilitó partidos políticos y sindicatos, dañó instituciones y devastó la estructura cultural y productiva del país.
Quienes padecimos la dictadura, aunque en grados y formas abismalmente diferentes, no podemos evitar dolorosos recuerdos de hechos sufridos, no siempre ni necesariamente en carne propia.
Pero hoy hay miles de argentinos nacidos durante y después de la dictadura que solo saben de ella por referencias y, según éstas sean, estarán o no sensibilizados con los horrores de ese tiempo.
Seguramente en estos días los análisis abundarán en datos, en referencias, en testimonios sobre todas estas cuestiones.
Bienvenido todo lo que se pueda conocer sobre ese oscuro pasado porque las sociedades necesitan crecer en la verdad.
Mi contribución será más limitada. Mi interés en esta oportunidad es recordar cómo se vivió en la Universidad Nacional de Salta en ese período, al menos desde mi experiencia en la Facultad de Humanidades.
Pienso en la necesidad de que esos miles de jóvenes estudiantes, que solo conocen la democracia y disfrutan de ella, aun con sus fragilidades, sus carencias y las promesas no cumplidas, puedan, en el contraste con el pasado, apreciarla y afianzarla.
El golpe de 1976 se produjo a escasos años de creada la Universidad Nacional de Salta, que desde entonces vivió un período de enorme turbulencia política.
Fue intervenida al poco tiempo (1974) produciendo las primeras cesantías por motivos políticos e ideológicos, no académicos.
Ocurrido el golpe, nuevamente las cesantías diezmaron los claustros y casi en secreto, se supo de la "ausencia" de profesores y alumnos.
Supimos de controles, de delaciones, de denuncias, de allanamientos, de confiscación de libros considerados subversivos (¡La Tregua de Mario Benedetti!), del retiro de libros de la biblioteca de la Universidad con el mismo argumento (La República, de Platón, entre ellos).
Después supimos de la quema de libros en todo el país. Supimos de la imposibilidad de usar determinada bibliografía en las cátedras y de adquirir libros o revistas que se producían en el mundo porque no se editaban en el país ni las librerías podían importarlos.
Se obligó a todas las carreras de la Facultad de Humanidades, por razones fáciles de comprender, a rehacer los planes de estudio.
En ninguno debería advertirse nada que hiciera pensar en un lineamiento contrario "a los valores de la nación".
Hubo otras situaciones que definen claramente el clima en el que se vivió en esos años.
Recuerdo las largas colas de estudiantes para ingresar al predio universitario pues debían presentar su documento en la puerta; la hilera de autos detenidos en la ruta por soldados para revisarlos y pedir la documentación de sus ocupantes; el solipsismo de los Departamentos (hoy Facultades), pues no había contacto ni intercambio entre ellos; tampoco al interior, entre las carreras, por lo tanto había un enorme desconocimiento entre las/os docentes.
Me parece que silencio es una palabra que describe perfectamente la vida universitaria en ese tiempo: hablar solo con las/os amigas/os, cuidarse muy bien de lo que se decía en las clases, ocultar bibliografía, retirarse del predio apenas cumplida la tarea.
Recuperada la democracia, fue un impacto primero, la posibilidad de que los claustros eligieran a quienes conducirían la normalización de la Universidad, después, compartir con los representantes de todas las facultades la elaboración del estatuto que regiría de ahí en más la vida académica.
La democracia en el país se replicó en la Universidad, a la que se le reconoció autonomía para elegir libremente su gobierno.
Cierta conmoción vivimos visitando los mostradores de las librerías, llenos, a partir de ese momento, de revistas y libros vedados para nosotros hasta entonces.
Una maravilla imposible de olvidar. También pudieron las facultades suscribirse a revistas internacionales especializadas, algo totalmente habitual hoy.
A la luz de lo vivido en estos cuarenta años, creo que debemos congratularnos de que fuera Alfonsín quien ocupara la presidencia al momento de recuperar la democracia porque tuvo el coraje de adoptar, apenas asumido el gobierno, las medidas conducentes a que el país y el mundo supieran la verdad de lo sucedido en esos años y fueran juzgados sus responsables. Queda para los especialistas explicitar los logros, los aciertos, los quiebres, las falencias, los errores, las debilidades y las expectativas de los argentinos desde entonces.
Los cuarenta años transcurridos pueden ser un largo o corto camino según en qué aspectos se ponga el acento. En lo positivo, pienso que los argentinos estamos demostrando, como nunca antes, la convicción de que ese proceso democrático que se inició en 1983 es irreversible.
Sin embargo, estamos lejos todavía de ser ese país, que prometía lo que tan firmemente declamaba Alfonsín a un pueblo inundado de esperanza: "con la democracia se come, se cura, se educa", porque todavía es una enorme e injustificada deuda.

[1] "Nunca Más", Informe de la Conadep. Eudeba, 1984, p.7

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Sección Editorial

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· Hace 8 meses

BASTA YA DE ESTO...LISTO SE CONMEMORO LOS 40 AÑOS Y YA ESTA...!! DEJEN DE JODER CON EL PASADO NEGRO, MIREMOS AL FUTURO


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