La arquitectura salteña mezcla potentes imágenes y colores, impacta con la combinación de formas y texturas y siempre tiene a mano algo de su cultura para sostener en su trama urbana esa marca registrada que impacta fuertemente al que recién llega, inevitablemente. Es vistosa, cálida y receptiva, encanta hacia afuera y enorgullece hacia adentro. Por eso, desde la tranquilidad de su regazo entre los cerros que la rodean, compite con las más lindas sin demasiado esfuerzo. Y se distingue siempre.
La ciudad es una sumatoria de estilos arquitectónicos. "Tiene muchos rasgos de la arquitectura de la colonia, pero no es puramente colonial, como mucha gente cree", coincidieron el presidente de la Comisión de Preservación del Patrimonio Arquitectónico y Urbanístico de la provincia (Copaus), Guillermo Matach y el reconocido especialista en la materia, Roque Gómez.Consideran que darle un énfasis especial a lo que es colonial estrictamente, "deja afuera" a edificios emblemáticos de la ciudad como son la Catedral, la basílica de San Francisco, el Hotel Salta, el Palacio Usandivaras, la Casa Sola, entre otros edificios que nada tienen que ver con la colonia, pero que tienen "un valor invalorable", remarcaron. En ese listado, también incluyeron a la casa de La Florida 62, exMunicipalidad,-un buen ejemplo de la arquitectura del siglo XIX cuya preservación cuida la Copaus.
En las calles de la ciudad conviven construcciones típicas de por lo menos cinco grandes períodos de la arquitectura, con exponentes que asombran al visitante y enorgullecen a los vecinos.La arquitectura religiosa ha tenido en Salta, como en el resto de América y también en Europa, una presencia contundente y significativa, cuando surge una especie de eclecticismo -mezcla de distintos estilos de otras épocas- que se pueden observar en las iglesias con el gótico o neogótico, "por toda la representación simbólica de una fuerte verticalidad que se une con la idea ascendente hacia Dios", puntualizaron los arquitectos.
Matach y Gómez prefieren hablar de movimientos arquitectónicos y no de estilos porque "los estilos son más amplios, van más allá de la construcción en sí, incluyen más aspectos de un tiempo determinado". Ambos estuvieron de acuerdo en remarcar que "no es bueno embalsamar la ciudad, quedarnos en lo que fue. Eso es una parte muy importante, tan importante como lo que vino luego, remarcando la armonía y convivencia que debe haber entre unos y otras obras".El Cabildo de Salta (actual Museo Histórico del Norte) es el exponente más inequívoco de la arquitectura del siglo XVIII, de la época de la colonia.Hoy muestra su gallardía frente a la plaza, sobre la mítica calle Caseros, en cuyas paredes, balcones, recova y patio, deja ver detalles de lo que fue las construcciones de aquellos primeros años de vida de esta ciudad, levantada a gusto y necesidad de los españoles. Fue sede de las autoridades desde 1626 hasta 1888 y reconstruido en 1676 por el Capitán Diego Vélez de Alcocer. Las obras de construcción del actual edificio se iniciaron hacia 1780 bajo la dirección del arq. Felipe González. Su torre fue levantada varios años después. Y siempre es mantenido.
El Cabildo es el máximo exponente de la arquitectura del período colonial, pero quedan otras incontables edificaciones de uso privado que tienen en sus tejas, arcadas, balcones y pisos la impronta colonial que las identifica. Y que hacen de esta ciudad un rico muestrario de lo que fue el arte urbano a través de los siglos y con la impronta que dejó marcada cada período.
Guillermo Matach ARQUITECTO "La Copaus busca que se mantengan en la mejor condición los edificios históricos". "La idea es que la gente se apropie de la casa porque cuando la casa se usa, se mantiene".
Desde 1880 a 1900 dominó el llamado período neorrenacentista, detallaron los arquitectos Matach y Gómez. Es el turno de las iglesias, como emblemas de ese tiempo. Los profesionales indicaron que a partir de la inmigración de 1850 llegaron muchos constructores europeos, fundamentalmente italianos. Ellos empezaron a hacer un nuevo tipo de arquitectura, con una concepción mucho más acabada de las construcciones en ladrillo y formalmente toman el neorrenancentismo o lo que algunos llaman arquitectura italianizante, destacada por el ornato (molduras). La Catedral Basílica, la Basílica de San Francisco, La Viña y San José son de este período, como también las casas de La Florida 62 -donde funcionó la Municipalidad.
El período más europeizante
La nueva corriente inmigratoria iniciada en 1900 marca otro período, más europeizante, que va tomando distintos estilos. Es la época del primer edificio del Club 20 de Febrero -actual Centro Cultural América, Mitre 23-. Se inauguró en 1913 y desde 1950 funcionó como Casa de Gobierno, hasta que en 1987 se lo destinó a su uso actual: Centro Cultural América. Constituye un exponente de la arquitectura del academicismo francés en Salta; el interior es notable por la interesante secuencia de sus escaleras, en torno al vacío del hall principal, ubicado en la primera planta. La tecnología constructiva, con el uso de columnas y perfiles de hierro, fue de vanguardia en su época. Se destacan los pisos policromados de tipo veneciano, y los vitreaux importados de Milán. En este tiempo también se incluye la iglesia de La Merced, construida en un neogótico muy particular; la capilla del Corazón de Jesús. En este grupo se incluye la iglesia San Alfonso, que no es neogótica pero es de la misma época y fue hecha por el mismo arquitecto que La Merced. "Tanto La Merced como las otras iglesias se hicieron a principios del siglo XX, cuando surge el eclecticismo -un mezcla de distintos estilos de otras épocas- y se erigen en las iglesias con formas góticas o neogóticas", resumieron los arquitectos, quienes también señalaron que "son copias de la arquitectura de Buenos Aires, que a su vez era copiada de París".
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Una mirada hacia adentro
Después de esos años de tanta influencia europea, en el ámbito nacional se comenzó a ver la necesidad de "mirar un poco hacia adentro", esto es "reaccionar a todo eso y animarse a un movimiento nuevo que llamaron neocolonial y que mezcla nuestras raíces con detalles de lo que trajeron de los movimientos europeos", explicaron Matach y Gómez. Fue como recuperar nuestra arquitectura del siglo XVIII, pero con algunos agregados que le dan un toque distintivo y señorial a las construcciones.
Ahí están como ejemplos acabados de esos años 30, el Hotel Salta y el viejo Correo, en España y Deán Funes, como también el Colegio Nacional y las escuelas Urquiza, Jacoba Saravia y Alberdi.
Más cerca en el tiempo
Hacia 1960 y a partir de él, el uso del hormigón armado. Los ejemplos más importantes de la primera época del racionalismo los encontramos en el conjunto de oficinas de Ministerio de Bienestar Social y Salud Pública, de la avenida Belgrano 1.500, realizado por Mario Roberto Álvarez a principios de la década del '60. Aparece una cantidad importante de viviendas particulares que marca una época en Salta, pero el símbolo de ese período es el Monoblock Salta, inspirado en el famoso Pabellón Marsella de Le Corbusier, la obra más significativa de ese tiempo. Se destaca, también, la sede para el Banco del Noroeste en la calle Caseros; hormigón a la vista, en el interior ladrillo a la vista, gran funcionalismo y la aplicación sistemática de conceptos de arquitectura moderna, caracterizan su obra.
Lo más reciente
Matach y Gómez hablaron luego de lo ocurrido a partir de los 90 en la arquitectura de Salta. "A partir de esa fecha hay un fuerte cuestionamiento al movimiento moderno o racionalista, sobre todo porque lo que hizo este movimiento es repetir esos estilos internacionales que hicieron edificios iguales en todo el mundo. Se empezó a ver una falta de personalidad. Este cuestionamiento rompió todas las reglas", dijeron.
Opinaron que en este momento "estamos en una especie de prueba, donde hay un montón de 'ismos' que es lo que se llama el posmodernismo, con una diversidad muy grande, una especie de ensayo, de prueba". Y como ejemplo, pusieron los edificios Balcón del Tineo, el Salta Tower, sobre la avenida Belgrano. El comienzo de un nuevo tiempo, de formas, materiales y diseños diferentes que no hacen más que enriquecer una urbe que suma y sigue, con sus raíces en la historia y con su mirada en el porvenir. Rica en detalles arquitectónicos para analizar y estudiar. Rica en cultura. Pródiga para los sentidos. Abierta al mundo y dispuesta a la mejor recepción.
"Tocar los cerros con la mano
Llaman a cuidar el rico patrimonio arquitectónico. Salta tiene una características particular que es el entorno, su emplazamiento. Es esa posibilidad de "tocar los cerros con la mano", más la arquitectura, lo que hacen de ésta una ciudad "muy agradable, muy bella, para los que nos visitan y para nosotros mismos porque somos quienes vivimos aquí y podemos disfrutarla todos los días", sostuvo el presidente de la Copaus.
Creo que tenemos que empezar a pensar que todas estas construcciones que son un patrimonio muy rico, las tenemos que aprender a cuidar entre todos, primero para nosotros, porque lo merecemos como ciudadanos. Después, compartirlo con el turismo. El problema es si hacemos al revés, si ponemos adelante al turista y en función de eso empezamos a hacer escenografías falsas".
Matach agregó que Salta es una de las ciudades más lindas del país, pero tenemos que hacernos cargo de eso, es decir, colaboremos, conservemos lo que es conservable y refaccionemos lo que es refaccionable; veamos que las cosas salgan bien, seamos respetuosos cuando queremos hacer algún tipo de intervención".
"Hay -continuó- un problema de toma de conciencia que es bastante importante. Ocurre que cuando la gente tiene una casa y la quiere mejorar, no tiene por qué tirarla abajo y pensar en otra cosas nueva; la casa nueva no va a tener nunca el mismo valor que lo que está tirando".
"Creo que a la ciudad la mejoramos o la castigamos entre todos. No podemos esperar que todo lo haga el Estado. Hay edificios históricos que no se tocan, se mantienen, pero hay viviendas que es bueno que la gente las ocupe porque así es mejor que se mantengan en condicione", concluyó Matach.


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