Salta: potencialidad y efectividad

Eduardo Antonelli

Salta: potencialidad y efectividad

La Salta colonial. Los salteños recordamos siempre con nostalgia aquellos tiempos de la colonia en que nuestro desarrollo relativo estaba sustancialmente por encima del de Buenos Aires tanto en población como en ingreso por habitante. Desafortunadamente, como sabemos, por un lado, la progresiva ruptura de las ataduras al comercio que fue logrando Buenos Aires hasta la liberación total desde 1810, las guerras de la Independencia y la organización nacional fueron cerrando para Salta las posibilidades comerciales con sus fronteras económicas naturales y, pese a algunos logros esporádicos, nuestra provincia quedó endémicamente postergada, junto a la casi totalidad de nuestras hermanas provincias del norte.
¿Debemos recuperar nuestros antiguos ejes comerciales?
Sin ningún ánimo de crítica a los intentos que se sucedieron en nuestra Provincia para recuperar el antiguo eje comercial, probablemente esa sola estrategia no bastaría para los requerimientos de desarrollo.
En primer lugar, Salta no tiene poder de decisión sobre cuestiones que trascienden nuestras fronteras, e incluso dentro de ellas nuestra capacidad es limitada: no podemos emitir moneda ni deuda en moneda extranjera a nuestra entera libertad, celebrar convenios más allá de ciertos límites, etc.
Por otra parte, cualquier decisión en materia de transporte, por ejemplo, que vaya más allá de los límites provinciales, requiere acuerdos con otras provincias y la Nación, para no hablar de las posibilidades de financiamiento, absolutamente limitadas y condicionadas también a la venia nacional.
En segundo lugar, los ejes de comercialización se han modificado sustancialmente y, por supuesto, no se repiten tal cual existían en la Colonia y algún tiempo después. Asimismo, la estructura económica de hoy es completamente distinta a la de nuestros tiempos dorados, porque ya no existe el Potosí, y el comercio de mulas es inexistente.
Por último, si bien una conexión moderna, por ferrocarril y camión, con Chile potenciaría obviamente nuestra economía, no necesariamente el corredor oeste debe interpretarse como excluyente del ya existente -aunque completamente deteriorado y requerido de reparación y perfeccionamiento- hacia el puerto de Barranqueras, toda vez que el mismo nos conecta con el mercado nacional, además del internacional, y aunque la distancia al puerto del Chaco es similar al de Antofagasta, el tránsito es sustancialmente más simplificado por las características del relieve.
¿Cuáles son las alternativas para Salta?
Entendiendo que no se están objetando los esfuerzos por recuperar nuestros antiguos corredores comerciales, a los que debe añadirse también la conexión con Paraguay y Brasil, esfuerzos que, por supuesto, deben fortalecerse, debe ser también claro que existe una enorme potencialidad para Salta en el comercio norte-sur a través del Ferrocarril Belgrano para reducir los costos de los insumos de origen nacional y extranjera para nuestra producción, a la vez que se abaratan los fletes hacia los principales mercados nacionales y del Atlántico.
Por otra parte, es también claro que, como se sostenía al principio, es imposible para Salta acometer en soledad estas iniciativas, no solo por obvias limitaciones presupuestarias, sino porque precisamente involucran otras jurisdicciones, lo que conduce a la necesidad de establecer acuerdos que probablemente el propio Plan Belgrano facilite, lo que no exime a Salta de diseñar "motu proprio" su estrategia de crecimiento y la búsqueda de entendimientos con, por ejemplo, Chaco y Formosa, para la adecuación de los puertos fluviales donde desembocan los ramales ferroviarios.
A este respecto, Salta debería conformar con las provincias que involucra el Plan Belgrano, acuerdos de complementación e incluso debería elegirse una coordinación interprovincial, sin poder político pero sí administrativo, para colaborar con este plan a los efectos de hacer más fluidas y rápidas las decisiones que deban tomarse.
El papel de la política económica provincial
Sin perjuicio de las iniciativas en el plano regional, dentro de la Provincia hay mucha tela para cortar.
En los últimos años, el presupuesto para obras públicas descendió verticalmente, y naturalmente, al crecer aunque más no sea por cuestiones vegetativas las necesidades de caminos, escuelas, viviendas, centros de salud, redes de agua, desagües, etc., la brecha de carencias en infraestructura económica y social se agrandó ostensiblemente.
Simétricamente, el presupuesto en administración y personal aumentó exponencialmente, dándose el caso de que en varios años la tasa de incremento del rubro personal aumentó varias veces por encima del crecimiento vegetativo de la población, siendo que, en general, en las economías el PBI aumenta menos que el empleo.
En otras palabras, el empleo público en Salta creció por encima de la población, en tanto la obra pública lo hizo por debajo de las necesidades, tanto estructurales, como de crecimiento vegetativo.
Peor, aún, dentro de la Provincia, en lugar de buscar un desarrollo equitativo de los departamentos a través de una nueva ley de coparticipación municipal que redistribuya el presupuesto de obras públicas en función directa a la población e inversa a las necesidades básicas insatisfechas, se creó un monstruo antirrepublicano, el Fondo de Reparación Histórica que, en el mejor de los casos, reparte en función del arbitrio del gobierno con una clara intencionalidad electoral, al mejor estilo feudal, y en el peor -como efectivamente ocurre- no reparte ni ejecuta nada porque carece de recursos.
Claramente, es tiempo de repensar la Provincia, no con planes faraónicos que rápidamente desaparecieron de la escena, pese a los despampanantes anuncios del Gobierno en su momento, además de costosísimos y realizados por incompetentes de otras provincias despreciando el talento salteño, sino con los instrumentos republicanos: la discusión parlamentaria, el concurso del Consejo Económico y Social y el aporte de especialistas de Salta.

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