Hace algunos años, Luis Adolfo Saravia, un notable intelectual salteño, escribió un libro denominado "Salta, esplendores y ocasos". Allí sostenía que nuestra provincia había perdido el esplendor de la etapa en que engordaba y vendía luego mulas al Alto Perú, en tiempos de la Colonia, en buena medida porque a los salteños, en tanto mantuvimos el orgullo de habernos situado en una posición de privilegio relativo respecto a la propia Buenos Aires, nos resultó desfavorable esa actitud para las etapas que siguieron al declive de la economía alto - peruana. Tras la Independencia, Salta debió conformar lazos políticos y en alguna medida también económicos con el Litoral en desmedro del eje comercial anterior.

Crecimiento y estancamiento
Las modernas teorías del crecimiento económico, en efecto, ponen el acento no sólo en los aspectos que tradicionalmente se han asociado al avance de las economías, como la disposición de hallazgos tecnológicos favorables o la dotación de algunos recursos naturales apropiados, sino también en el papel que juegan las instituciones y la sintonía de la sociedad con la necesidad de producir los mecanismos de empuje hacia un crecimiento sostenible.
En este sentido, es cierto que existen sectores de la sociedad salteña, probablemente hoy minoritarios, que habrían mantenido una actitud pasiva hacia el avance socioeconómico y cultural de nuestra provincia.
Simétricamente, es también parte de nuestra idiosincrasia la conducta pacífica y proclive a aceptar a la dirigencia sin más reclamos que un liderazgo aceptable.
Sin embargo, no es menos cierto que muchas provincias argentinas, más allá de no haberse topado con épocas de oro como las que disfrutó Salta, también muestran inercias similares en sus aspectos culturales, lo que no les ha impedido crecer a un ritmo más cercano -e incluso, algunas, más acelerado- al de la media nacional, a la vez que los rasgos feudales que están presentes en Salta se presentan tanto o más acentuados en ellas; por su parte, Salta ha mostrado que en nuestra provincia es posible mutar de un partido político único, al mismo tiempo que disfruta de una apertura de opiniones que sería extraña en otras provincias de la Argentina.

Un repaso necesario
Al momento de producirse la Revolución de Mayo, a la que Salta adhirió instantáneamente, nuestra provincia, como es perfectamente conocido, tenía orientada su economía básicamente hacia el Alto Perú.
A la vez, como todas las economías de su tiempo y del actual, basaba su capacidad de crecimiento en el comercio exterior, no sólo por las razones que también hoy prevalecen, sino porque las posibilidades de mantener dinámico el mercado interno exigían la disponibilidad de moneda; esta era solamente provista por el comercio exterior, especialmente, con la actual Bolivia, que disponía del metal que se empleaba para las transacciones.
La guerra contra el poder colonial focalizado en el Perú, por lo tanto, amputó ese comercio y Salta se vio sometida al fuego cruzado de los combates, por una parte, y del ahogo económico y monetario, por el otro. No es casual que Güemes enfrentara una no muy solapada resistencia interna y que, luego de su muerte -que tampoco ha sido independiente de la fuerte resistencia que enfrentó- Salta retomara, en cuanto le fue posible, los lazos comerciales interrumpidos.
Sin embargo, se debe recordar que los problemas de crecimiento de Salta no se agotaban en su sangría económica por la guerra, ya que no menos importante era el inevitable declive que ya era inocultable, unido al final colapso de la economía del Potosí, cuyas menas se extinguían inexorablemente, con lo que, de no haber mediado las guerras en nuestra frontera, el debilitamiento de la economía salteña habría llegado igualmente. No menos importante, la Revolución Industrial, aunque no siempre de manera virtuosa, llegaba a todos los rincones de la Tierra y eso significaba que las ocasionales ventajas productivas que Salta, al igual que otras provincias, mantenía por su aislamiento, iban también a desaparecer inapelablemente.
Como quiera que sea, Salta mantuvo lo mejor que pudo sus ejes comerciales tradicionales, e incluso, hacia fines de 1800 se abrió una nueva oportunidad para la ganadería, en este caso, la vacuna, como consecuencia del triunfo de Chile en la Guerra del Pacífico.
Probablemente, las mayores complicaciones para Salta se presentaron a partir de la Organización Nacional, en 1862, por una parte, debido a la enorme brecha relativa que se creó entre Salta y el Litoral por el dispar crecimiento que ofrecía una región que se nutría de nuevas actividades y mayor población, y nuestra provincia, que mantenía casi sin cambios su estructura productiva.
En segundo lugar, la progresiva unificación monetaria nacional habría obligado a Salta a reducir de manera importante sus lazos comerciales habituales, lo que, unido a la conexión que generó el ferrocarril, habrían producido cambios drásticos y seguramente en gran medida regresivos, aunque desde luego inevitables, en nuestra economía.

La política y la economía
Por supuesto, corresponde plantearse hasta qué punto jugó en contra de la economía de Salta la eventual poca lucidez e inercia cultural de nuestra clase política dirigente, y en cuánto influyeron, por otra parte, las condiciones económicas objetivas que impidieron que Salta pudiera mantener, o al menos no reducir tan drásticamente, la brecha con el Litoral que otrora nos fuera favorable.
Con respecto a lo primero, es difícil establecer si efectivamente nuestra dirigencia tuvo una responsabilidad no asumida en relación al retroceso económico que Salta experimentó, ya que, por una parte, la provincia contribuyó con primeras figuras, al igual que otras provincias norteñas, a la etapa organizacional de la Argentina, y por la otra, si esa dirigencia no era todo lo competente que se habría requerido, es claro que tampoco habría estado disponible otra de recambio en tiempos en que el acceso al poder no era una alternativa sencilla para cualquiera.
Probablemente, el deterioro económico de Salta se asoció más con limitaciones objetivas, como se reseñó recientemente, que, entre otras cosas, impusieron un diferente ‘timing’ a las oportunidades que ofrecía el ferrocarril para comerciar con el Litoral, respecto a las que éste proponía para introducir nuevos y mejores productos y a precios más competitivos en nuestra economía.
Por otra parte, las ventajas comparativas y competitivas que generaba la pampa húmeda, junto a la concentración poblacional que se le asoció, constituían otra formidable e irremontable brecha en contra de nuestra provincia.

La Salta del Bicentenario
Como quiera que sea, la Salta del Bicentenario muestra algunas actividades que le otorgan un mejor posicionamiento, como el turismo, a la vez que dispone de muy buenas potencialidades, como la minería y la ganadería, y en menor medida, la vitivinicultura y otras actividades vinculadas a la agricultura junto a algunos desarrollos industriales.
Esas actividades pueden y deben ser exploradas y potenciadas, a la vez que deben resolverse los ahogos financieros y de transporte, principalmente, que sufre nuestra economía.
Probablemente, en este punto sí corresponda un reproche a la política, porque, no rigiendo las limitaciones de acceso al poder que constituían vallas casi insalvables hasta los primeros años del siglo XX, en las últimas décadas Salta ha tenido pocos gobiernos con visiones estratégicas y enfocados de lleno a revertir las condiciones de subdesarrollo absoluto y relativo de nuestra provincia.
Corresponde entonces exigirnos la conformación de un ajustado diagnóstico de situación, cuya problemática central es por demás conocida, y proceder a poner manos a la obra, profunda reforma política y administrativa mediante, para barrer las rémoras de una organización política obsoleta y enteramente ineficaz. Algunas de las necesarias medidas económicas a ser tomadas han sido ya mencionadas en artículos anteriores, en términos de atacar las deficiencias en educación, salud e infraestructura, principalmente, y acelerar las oportunidades de empleo junto a las respuestas más imperativas en cuanto a servicios esenciales para los sectores más postergados y castigados de nuestra sociedad.

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