Salta huele a Pachamama. La Madre Tierra ya abrió su vientre y sus hijos preparan las honras que desde esta noche y durante un mes, se sucederán en cada recoveco de los Andes, con más o menos estridencia y sincretismo con la religión, pero un mismo e inequívoco sentir: el de la gratitud. Gratitud por su don de protectora y proveedora, por ser cobijo de todos los seres humanos, posibilitadora de vida y favorecedora de la fecundidad y la fertilidad. Todo, con el aditamento del sahumerio, esa mezcla de hierbas aromáticas con las que ancestralmente se "limpian" las casas y se alejan las malas vibras, los malos espíritus.
Ayer, el centro salteño mostraba la fotografía clásica: en cada esquina, a cada metro, una vendedora de las bolsitas con las mezclas para sahumar. De distintos tamaños, de distintos precios. Para una demanda variada y ansiosa por tener los materiales para encender el 1 de agosto, esta vez, en coincidencia con el comienzo de la semana. Hoy, domingo, no habrá tantas posibilidades para comprar las clásicas bolsitas con el olor develador del incienso.
"Dios me ha dado la vida,
el Sol me alumbró,
la Luna su claridad,
la Tierra me cobijó".
"25 San Santiago,
26 Santa Ana,
llegó el 1 de agosto,
Día de la Pachamama".

Quien sabe mucho de esto es María Apaza (80), una paceña que caminaba por el terreno del mercado San Miguel cuando ese sitio era un baldío en el que retozaban caballos. Desde pequeña trabajó con una de las primeras familias que llegaron al lugar. Luego de 30 años, y tras la muerte de la señora Luisa, María se tuvo que ir, con una mano atrás y otra adelante. Ahí nomás, el mercado ya empezaba a tener forma, abrió un puesto, el mismo que tiene hoy y con el que crió 8 hijos, 6 varones y dos mujeres. "He visto desde el comienzo cómo fue creciendo esto; yo siempre traje de Bolivia los yuyos y las cosas y en mi casa armo las bolsitas para traer y vender acá", relata María, el entrañable personaje del Mercado San Miguel. Sentada al lado del puesto, en el pasillo, al que se accede por Ituzaingó, por una escalera hacia la planta alta. Ahí está, como vigía de una mesa llena de sahumerios y explica a quien quiera escucharla que los paquetes más grandes cuestan $140, pero "tiene de todo, coca y otros yuyos sagrados, hojas de coca, cigarro, papel picado, misterios, dólares, sullo (feto de llama)". Con más o menos elementos y dispares precios, las bolsitas van a las manos de los visitantes que más temprano que tarde, como cada año, llevan a sus viviendas para la ceremonia del 1 de agosto.
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<div>Ayer, en la casa de los Báez, en Villa Primavera, los preparativos eran intensos. Foto: Javier Corbalán</div>
Ayer, en la casa de los Báez, en Villa Primavera, los preparativos eran intensos. Foto: Javier Corbalán
En el puesto de María este año hay menos venta que otros; inclusive, la mayoría pide las bolsitas más económicas. Aun así, la demanda es incesante porque "hay que ofrendar a la Pacha". Y aclara: "Todo el año se sahúma, casas y autos nuevos y todo lo que uno quiera proteger de lo malo, pero hay que hacerlo martes y viernes".

Preparativos en lo de los Báez

En la inmensa mayoría de las viviendas de Salta, mañana se cumplirán las honras a la Madre Tierra. Pero hay un lugar que ya es una leyenda en esta ciudad: la casa de los Báez, de Severo y Rafaela, centro de reunión de Residentes Vallistos y Puneños de Salta. Ninguno de ellos falta cada 1 de agosto a la celebración que se realiza en José Echeñique 1076, de Villa Primavera.
"Pachamama, santa tierra,
no me comas todavía,
mira que soy jovencito
y quiero dejar la semilla".

Ayer eran puros preparativos en la casa, sin embargo, las primeras visitas ya se sumaban al movimiento. Desde Amblayo y La Quiaca fueron los primeros. En la amplia cocina, carne, quesos, mazorcas, hierbas, papas, comparten mesones y bolsas; algunos esperan la preparación, otros, ya listos, aguardan a un costado. El matrimonio dueño de casa tiene la ayuda de hijos y familiares porque el trabajo el mucho. Sin embargo, como una preciada herencia ancestral, todo se hace con amor y como ofrenda a la "tierra que nos da todo".
Anoche empezó el tributo a la Madre Tierra. Hombres y mujeres de Salta, de provincias y de países vecinos se darán cita y ahí, en nombre de la Madre Tierra, coplearán, bailarán, comerán y beberán. Ese es el centro del tributo que tendrá en vela a sus protagonistas desde hoy antes de la medianoche hasta la tarde del lunes.
Entre el maíz, los quesos y las bolsas de coca, una caja asomaba de una bolsita. Era de Otilia, la recién llegada de Amblayo, que enseguida desgranó una copla en homenaje a la Pachamama. Después tomó el instrumento Rafaela y sin demorar, Severo y luego su hijo Ramiro. Familia de copleros, familia respetuosa de los ancestros y abierta al mundo que quiera compartir sus rituales.
Hace casi 30 años que la celebración del 1 de agosto se comparte en esa casa. Anoche empezó un nuevo festejo de respeto y gratitud.

El programa del lunes en la casa de Severo

Con el primer minuto de mañana se realizará la apertura del mojón con toda la concurrencia.
  • A la 1: ronda de tixtinchas (preparar comidas para el día siguiente)

  • A las 6: sahumada de la casa

  • A las 12: bendición de las comidas y almuerzo

  • A las 14.30: homenaje a la Pachamama con músicos y entrega del hilo de Lloque

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