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Inteligencia emocional: cómo manejar las emociones

04.06.12 Las emociones no son sólo custión femenina.

Inteligencia emocional: cómo manejar las emociones
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Bronca, alegría, vergüenza son sentimientos que nos abordan diariamente, pero a veces nos preguntamos por qué hemos reaccionado de tal o cual ma­nera, si la situación no daba para esa reacción. Ahora, ¿qué son las emocio­nes? A nivel corporal, se puede decir que son esas sensaciones que nos produce cosquilleo en la panza, nos ponemos rojos, el corazón se acelera, estas son algunas de las manifestaciones físicas. Es decir, las emociones se sienten en el cuerpo.

Nos permiten darnos cuenta de cómo nos sentimos: placer/malestar; agrado/desagrado, nos hacen saber qué es realmente impor­tante para nosotros y qué no lo es, con quién estamos cómo­dos y con quién no lo estamos,
cuándo estamos a gusto en al­gún lugar y cuándo no lo esta­mos. Pero a este mundo hay que su­marle el nivel cognitivo, donde intentamos dar cuenta, expli­carnos que sentimos, pensar­nos, comprender qué nos pasa
para, en función de todo ello, saber cómo actuar y proceder ante determinadas situaciones.

Las emociones nos orientan en el establecimiento de nuestras metas, objetivos y en función de ello es que ponemos en marcha nuestro motor para in­tentar su realización, así las emociones nos motivan, nos alientan, o bien nos asustan, inhiben, aíslan. También orien­tan nuestra atención, percep­ción y hasta la memoria, por
ejemplo si estoy embarazada, muy posiblemente vea más panzas que lo habitual por ejemplo.

Por eso no debemos pensar a  las emociones separadas o in­dependientes del cuerpo, del pensamiento y del comporta­miento. El desafío está en aprender a registrar, conocer, regular, expresar. Es a partir de un trabajo de conexión inte­rior, de auto-observación que podemos aprender a registrar nuestro sentir. Las emociones
dan cuenta de nuestra vida in­terior. Hay que pensarlas como seña­les internas que nos ayudan a una mejor adaptación a nues­tro entorno, nos permiten co­nectar nuestra esencia con la realidad externa para lograr una mejor supervivencia, por ejemplo: el miedo nos advierte de un peligro, el asco de algo en mal estado, la compasión nos pone en empatía con el otro, la culpa nos ayuda a re­parar, el enojo que hay algo para resolver.

Las emociones también sirven para comunicarnos, así el llan­to avisa a un ser querido que necesitamos contención, com­pañía, la risa demuestra felici­dad y ganas de compartir. Es­tamos permanentemente emi­tiendo señales, leyendo e interpretando las que generan nuestros otros, esto es inevita­ble en todo vínculo, en toda in­teracción. Lo que suele suceder más frecuente de lo que uno cree, y ser motivo de conflicto, es la distorsión en la interpreta­ción de estas señales o bien la dificultad en la expresión de nuestras propias emociones Se puede decir que una perso­na es inteligente emocional­mente cuando logra identificar sus emociones, integrarlas con
su pensamiento y alinearlas con su accionar, para ello tiene que identificarlas y expresarlas adecuadamente.


¿De qué se trata la inteligencia emocional?


La inteligencia emocional no apunta al control de las emo­ciones sino al conocimiento, al ser consciente y poder regular su expresión. Si bien no hay que controlar las emociones, tampoco hay que dejarse inva­dir y avasallar por ellas. Lograr postergar su realización o apla­car su expresión puede ser un desafío que muchas personas
suelen intentar y al que  mu­chos suelen fracasar.

De chicos nos enseñan a cami­nar, a comer pero no nos ense­ñan, por ejemplo, a enojarnos adecuadamente. Creemos en el aprendizaje emocional, no desde la idea de programar lo que sentimos, ni desde la cre­encia que está bien o mal sen­tir de una u otra manera, pero sí creemos que la falta de regu­lación emocional genera con­
ductas desadaptativas y esto trae conflictos en diferentes áreas de la vida.
Muchas veces esta regulación surge espontáneamente, pero muchas otras no. Cuando esto no se logra naturalmente y la repetición de la experiencia no es suficiente para generar un cambio, entonces la terapia es
un marco privilegiado para po­der aprender de uno mismo y lograr incorporar habilidades de cuidado personal.

Las emociones tienen un signi­ficado, un sentido. Enojarse no es lo mismo para todos, cada uno tiene un sentido personal en su modo de sentir, y este modo surge como resultado de experiencias tempranas, de vínculos importantes, del tipo de familia, costumbres, etc. Cuando algo nos sucede pode­mos aprovechar la oportuni­dad para preguntarnos qué es­tá pasando, por qué nos está pasando, para qué nos está pa­sando y esas respuestas nos van a dar la idea del sentido, del por qué y para qué.

Nada es casual, nada es porque  sí; todo en la vida tiene un sen­tido, a veces más claro, otras más oculto. Pero allí radica la cuestión, comprender el senti­do de lo que nos pasa, ya sea para intentar resolver, modifi­car o bien aceptar.

Algunas de las emociones que suelen generar mayor dificul­tad en su manejo son: enojo, celos, envidia, ansiedad.
En los consultorios se suelen ver situaciones en las cuales los celos parecieran estar justificados por conductas de infidelidad. Otras veces, ciertas conductas de celos están moti­vadas no por una cuestión  re­al sino por pensamientos exa­gerados, sobredimensionados, creencias rígidas de exclusivi­dad absoluta que generan con­
flicto en el vínculo. Digo víncu­lo y no pareja porque los celos no son un sentimiento exclusi­vo de la vida amorosa, sino que también suelen observarse es­cenas de celos entre amigos, entre familiares y hasta compa­ñeros de trabajo.

Hay personas que se caracteri­zan por ser especialmente eno­jadizas. Se los suele reconocer por repetidos estallidos de fu­ria, gritos, peleas, ofensas, in­clusive insultos y hasta golpes. Independientemente del moti­vo explícito del enojo, cual­quiera de estas conductas des­criptas anteriormente, lejos de lograr resolver el conflicto que dio motivo a dicha pelea, lo complica más aún, incluso mu­chas veces siendo este último episodio más grave que la si­tuación disparadora o de ori­gen.

Tips a tener en cuenta:


Hoy día hay cantidad de biblio­grafía y autores que hablan de las emociones y su manejo. Le­er sobre ellas, investigar en si­tios de internet es una buena forma de cultivar nuestra emo­cionalidad. Así mismo hay películas que muestran situaciones de eno­jos, furias, celos, traiciones, poder verlas y luego debatirlas es interesante.

Ejercicio 1:
. Realizar un listado de las emociones que conozco. Lue­go intentar ampliarlo con la consulta de amigos, familiares o bien diccionarios.

. De cada una de ellas tratar de recordar situaciones concretas de mi vida personal en las que me vi involucrado afectiva­mente.

. Describir la situación que me activó dicha emoción y a conti­nuación como fue mi compor­tamiento.

. Evaluar mi satisfacción o no en cómo fue el desarrollo de la secuencia.

. Reconocer si esta actitud lo­gró resolver la situación o bien si la complicó más todavía.

. Marcar cuál de estas emocio­nes me generan más dificultad o bien cuáles aparecen con mayor frecuencia.

Ejercicio 2:
1. Identificar qué emoción nos cuesta, cuál nos hace saltar la térmica.

2. Registrar que situación la disparó: puede ser una situa­ción externa, algo que haya ocurrido o bien alguna sensa­ción interna o un pensamiento.

3. Observar cómo nos compor­tamos, qué hacemos, qué no hacemos, qué creemos que hi­cimos mal, cómo creemos que deberíamos haber hecho.

4. Observar a otros, amigos o familiares con quién podamos tener una charla intima y pre­guntarles cómo hubieran pro­cedido ellos.


Esto no quiere decir que el otro sea mejor que nosotros ni que no se pueda equivocar, solo nos permitirá poder ver la si­tuación de otro modo, desde otro punto de vista.

Si al concluir los ejercicios y la lectura de este informe ustedes se ha sentido especialmente iden­tificado o bien hay alguna cuestión que le genera inquie­tud personal, puede consultar a un psicólogo que trabaje con
emociones y podrá ayudarlo. Hay centros que realizan talle­res grupales para adquirir habi­lidades especificas, por ejem­plo talleres de manejo del eno­jo, talleres de fobia social o de desinhibición para trabajar so­bre la timidez y la vergüenza.
 

Para mayor información:Hémera, Centro de estudios del estrés y la ansiedad.

info@hemera.com.ar
www.hemera.com.ar
 

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