Entre los tres candidatos peronistas (Cristina, Duhalde y Rodríguez Saá) sumaron más del 70% de los votos.

El categórico triunfo de Cristina Kirchner en las primarias obligatorias anticipa su victoria en las presidenciales del 23 de octubre. Si bien en setenta días muchas cosas pueden cambiar, ha obtenido el 50% de los votos, es decir 5 puntos más que los necesarios para ganar en primera vuelta y cualquiera sea la diferencia en puntos sobre el segundo, que en este caso supera los 35 puntos. El porcentaje obtenido ha sido también 5 puntos más que el alcanzado por ella en la presidencial de 2007.

La concurrencia a votar en estas primarias obligatorias, transformadas en preelección, ha sido del 78%, superior a la registrada en las últimas elecciones presidenciales, con lo cual no puede especularse en que concurra a votar en octubre gente que no lo hizo en agosto.

Territorialmente ha ganado en todo el país, con la sola excepción de San Luis, donde se impuso Alberto Rodríguez Saá. Los tres distritos en los cuales no alcanzó el 40% fueron Ciudad de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, los tres que realizaron elecciones anticipadas entre el 10 de julio y el 7 de agosto, que crearon un clima político más favorable a la oposición pero que esta no supo aprovechar. En el interior del país los porcentajes a su favor fueron mucho más altos, con récord del 80% en Santiago del Estero, donde también obtuvo su máximo porcentaje en 2007 con el 77%. En la decisiva provincia de Buenos Aires la Presidenta obtuvo varios puntos más que en el promedio nacional, y la diferencia del gobernador Scioli sobre el segundo (Narváez) superó los 30 puntos.

Pero el principal problema de la oposición no solo frente a octubre sino ante la perspectiva de otro período kirchnerista es el triple empate entre Alfonsín, Duhalde y Binner. Con los resultados obtenidos no resulta fácil para ninguno de los candidatos opositores polarizar el 50% del voto opositor el 23 de octubre. Aunque para ellos ganar la elección es de bajísima probabilidad, lo importante es la construcción de una alternativa opositora para los próximos cuatro años de gobierno.

Un candidato opositor que reuniera el 30 o el 35% de los votos, aunque no ganara, quedaría mejor posicionado que los demás para liderar una oposición cuyo principal problema político es la falta de capacidad para generar coaliciones electorales. Alfonsín obtuvo un porcentaje menor al esperado, cuando dos meses atrás parecía el candidato opositor destinado a obtener un segundo lugar claro. Eduardo Duhalde, quien hace un par de meses no pudo imponerse a Rodríguez Saa en una frustrada interna abierta, creció en las últimas dos semanas.

El candidato socialista (Binner) quedó a menos de 2 puntos de ambos, obteniendo un buen resultado dado que es la primera vez que él y su fuerza política compiten en una elección presidencial. Es posible que con 15 días más de campaña hubiera llegado a un segundo lugar, y ello sí hubiera sido un cambio en la política argentina. Es que Alfonsín y Duhalde no lograron representar lo nuevo frente a Cristina como sí lo hubiera hecho el gobernador de Santa Fe.

La elección confirmó la vigencia del peronismo como expresión política y la falta de un sistema real de partidos en la Argentina. Cada vez hay menos gente que se autodefine como peronista, pero cada vez el peronismo obtiene más votos. La suma de los tres candidatos a Presidente afiliados a esta fuerza (Cristina, Duhalde y Rodríguez Saa) sumó el 70%, algo similar a lo que sucedió en 2003, cuando la suma de los tres de origen peronista fue 63%, y 2007, que alcanzó al 72%. En la decisiva provincia de Buenos Aires la suma de los candidatos a gobernador de origen peronista superó el 80%. Es que el peronismo, al presentar diversos candidatos, va ampliando su representación política, que hoy llega a sectores diferentes y contradictorios. Al mismo tiempo, las internas primarias y obligatorias que se han estrenado, al presentarse candidatos únicos en toda las fuerzas políticas, han puesto en evidencia que en el ámbito nacional no hay un sistema de partidos que funcione como tal, impidiendo que se generen dos opciones con posibilidad de alternancia. En 2003 el oficialismo logra imponer un candidato presidencial con solo 22% de los votos; en 2007, la diferencia entre el primero y el segundo fue de 22 puntos y ahora ha sido de 37. La oposición se ve así imposibilitada de poner un límite al oficialismo en los próximos cuatro años.

Hacia adelante, queda claro que Cristina Kirchner va a profundizar el modelo, como ha sostenido en repetidas oportunidades. Si bien desde el triunfo de Macri en la primera vuelta un mes atrás la Presidenta moderó su discurso político y en esta línea fue el que pronunció en la noche del 14 de agosto (y es probable que esta sea la línea que mantenga hasta la elección del 23 de octubre), su rumbo ideológico no cambiará, sino que probablemente se profundice como ha venido diciendo. El triunfo categórico influirá en esta dirección. Los sectores más radicalizados como La Cámpora seguramente ganarán influencia y poder en el nuevo gobierno en detrimento del peronismo tradicional, que en las últimas semanas dio muestras de independencia respecto al kirchnerismo. Los estilos de los comandos de campaña de Cristina y de Scioli fueron una evidencia de que existen diferencias estéticas que encubren enfoques políticos distintos. En líneas generales, profundizar el modelo implica un capitalismo con un rol del Estado cada vez más importante. Proyectos ya explicitados, como la pérdida de independencia del Banco Central y una suerte de nacionalización del comercio exterior, son el tipo de medidas en las que se avanzará en el próximo período presidencial.

En conclusión, el categórico triunfo de Cristina Kirchner en las primarias obligatorias anticipa su victoria en las elecciones presidenciales del 23 de octubre; el triple empate entre los tres principales candidatos opositores deja a la oposición con posibilidades mínimas para las presidenciales y con muchas limitaciones para construir una alternativa de poder de ahí en más; candidatos a presidente del peronismo suman 70%, al mismo tiempo que se evidencia la ausencia de un sistema de partidos que pueda articular la política argentina en dos opciones alternativas y, en cuanto a un próximo gobierno de Cristina queda claro que va a mantener su propósito de profundizar el modelo, más allá del estilo de campaña moderado de las últimas horas.

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