La sequía más grave es la ausencia de sensatez
Martín de los Ríos, Presidente de PROGRANO
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El país atraviesa una de las peores sequías de su historia. Sin embargo, el hombre de campo sabe que esas son las reglas de juego que impone la madre naturaleza; por eso ahorra cuando el clima ayuda, invierte en sistemas de riego y toma decisiones en base a la experiencia.
Y también espera del Estado, pero no espera subsidios ni reintegros, sino políticas que incluyan infraestructura. ¡Cuánto ganarían nuestras provincias del NOA y del NEA si se aplicaran fondos nacionales para recuperar el ferrocarril Belgrano, mejorar todo el sistema de transporte, garantizar agua y combustible en toda la región y asegurar el suministro de servicios esenciales!
En otras palabras, cuánto ganaríamos todos si, en lugar de inventar batallas absurdas, el Gobierno nacional tratara de pasar a la historia garantizando el desarrollo equilibrado del país.
No es aconsejable decidir sobre lo que no se sabe, sentado en una mesa urbana donde en serio creen que la soja es "un yuyito" y que la carne, la leche y el cereal brotan de la tierra y son inagotables.
Son recursos renovables, es cierto, pero es nefasto tomarlos como "cuerno de la abundancia" para garantizar, en cualquier circunstancia, el superávit fiscal.
Ojalá que seamos granero del mundo
El campo argentino ha vivido una década de bonanza, gracias a la demanda mundial de nuestra producción, a los buenos precios internacionales y a la mano que nos dio el clima. Por ese motivo, la producción agropecuaria pudo sacar al país del pozo de la recesión.
Ahora estamos en un momento crítico. Solamente quien no ha trabajado en el campo y no se da tiempo para reflexionar con sensatez puede pensar que se trata de "dinero fácil". En este caso, lamentablemente, quien piensa eso es el ex presidente Néstor Kirchner, que se niega a que seamos "el granero del mundo".
Ojalá que podamos volver a ser el granero del mundo. Es posible, si se asume como un valor a la actividad agrícola, ganadera y forestal, y a todas sus industrias derivadas, y se fijan para alentar las políticas de largo plazo.
Hoy ya no cabe hablar de "materia prima" para referirse a los productos del campo. Nuestra actividad requiere un enorme aporte de tecnología, y son esas las inversiones que, realizadas a lo largo de décadas, permiten capitalizar las bonanzas. Ningún cereal es hoy el mismo cereal que hace un siglo atrás, y la producción bovina supone un bagaje fundamental de genética.
El campo es y seguirá siendo una actividad económica multiplicadora, generadora de empleo, de desarrollo regional y de divisas. No existe ninguna razón para que deba soportar impuestos extorsivos.
El estrangulamiento tributario sobre el agro, que se fue agudizando en los últimos dos años es una arbitrariedad, pero es también un error cuyas consecuencias las va a pagar el productor, el trabajador y los consumidores.
Una batalla absurda y destructiva
El actual Gobierno considera que el campo es un partido político, con el cual debe desarrollar una batalla ideológica. Lisa y llanamente, un disparate.
El agro es un sector productivo esencial dentro de la economía nacional, que requiere un proyecto.
Pero ese proyecto no puede ser diseñado con criterios que no sean productivos. El anuncio de la creación de un ministerio de agricultura y ganadería fue realizado como todos los anuncios del kirchnerismo: sin aviso previo y con alto impacto.
Luego de seis años de desgobierno en materia rural, con tres secretarios de Estado que jamás participaron en el diseño ni en la ejecución de políticas, hoy tenemos un ministro tan atado de manos como sus antecesores. Lógicamente, con un poder hiperconcentrado, en manos de personas que creen sabérselas todas, sin reuniones de Gabinete ni capacidad de diálogo desprejuiciado, no hay mucho margen para hacernos ilusiones.
Hay sequía de proyectos de parte de quienes ejercen el poder. No es la primera vez que pasa. En una de esas, quién sabe, viene una lluvia de ideas y el Gobierno nacional se decide a celebrar el segundo centenario con un plan de desarrollo rural que sea para bien de todos.
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