Lo peor de la enfermedad es no reconocerla

Fue más de lo mismo. Sin proyecto ni contundencia y plagado de improvisación, el rearme del técnico Jorge Sampaoli llamado “Selección argentina” volvió a defraudar. Sabíamos que Perú no venía a perder y el empate los benefició y hoy, no solo quedamos fuera de los cuatro clasificados para ir al Mundial de Rusia del próximo año, sino que además no estamos ni siquiera en zona de repechaje. Pero la ilusión está. Y esa ilusión apasionada de los argentinos nos lleva a convencernos en un 1.000 por ciento que los milagros existen.

Aún nos queda una vida y soñamos con vencer en la altura de Quito a Ecuador, esa misma Selección que en la primera fecha de las Eliminatorias Sudamericanas nos ganó 2 a 0. Soñar no cuesta nada, pero ayer pareció un partido más de Primera División en la Bombonera que un partido casi definitorio de la Selección argentina. Esa misma Bombonera que en casi todos los partidos late y que hoy “tembló” de bronca e impotencia.

Ni siquiera el goleador de Boca y actual delantero de la albiceleste como Darío Benedetto, que tuvo las mayores oportunidades pudo darnos una alegría al mejor estilo Martín Palermo.

Quizás la manos que nos dio Paraguay al vencer a los cafeteros nos permita soñar con el último de los suspiros, pero lo cierto es que, al margen de Brasil que con el técnico Tite sacó una distancia luz, la última fecha será para la mayoría de los equipos una batalla de “matar o morir”.

Con el optimismo no alcanza, ni tampoco con el “supergaláctico” Lionel Messi. Nos faltan 10 jugadores  que tendrían que haber explotado desde el primer partido. Nos falta un técnico. Nos falta dirigencia. Pero sobre todo nos falta sepultar la hipocresía de sentirnos los mejores del mundo.

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia

Debe iniciar sesión para comentar

Importante ahora

cargando...