“La madurez trajo otro modo más genuino de relacionarme con mi cuerpo: más libre, más amoroso, menos obsesivo y muy del “cuando puedo” (electrodos, cuando puedo; meso, cuando puedo; gym, cuando puedo). Tengo una mirada muy holística.

Tantos años de trabajo conmigo misma para saber quién soy y qué quiero, me amigaron con mis imperfecciones. Entonces comencé a sentirme más sensual. Entendí que mi sex appeal no tiene que ver con tener menos teta o más culo, sino con saber dónde estoy parada”, le contó Florencia Peña a la revista Gente. 

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