Valeriano Colque: “Hay que moderar la inflación”

La inflación es uno de los temas que más preocupa a la gente y en ese escenario mientras los gremios se preocupan por las paritarias, los trabajadores hacen magia para poder llegar a fin de mes. Valeriano Colque es un economista de mucho oficio y nadie mejor que él para hablar de lo que puede suceder en los próximos meses.

 

¿Cómo ves la situación actual?

Es importante moderar la inflación, algo que cualquier economía necesita, no para tener éxito, sino para empezar a hablar, no involucra solo a los sindicatos o al Estado. Impone fuertes desafíos a las empresas. A todos nos gustaría la inflación cercana a cero. Pero nadie quiere hacer lo que le toca. Todo es desagradable. A medida que los agentes económicos no se hacen cargo, las miradas se concentran en el Banco Central. Muchos esperan magia del presidente del Banco Central, quien manifestó que tiene los instrumentos para cumplir con la meta de inflación menor a 17 % que se fijó para este año. Falta que la baja del ritmo inflacionario sea visto como herramienta para salir de la recesión.

 

¿Cómo sucedería?

Teóricamente, es así: el Banco Central puede elevar la tasa de interés hasta el infinito y, en algún momento, los pesos comenzarán a atesorarse y a dejar de circular. Pero en términos políticos eso tiene un límite: la desinflación se conseguiría sólo a fuerza de una brutal recesión, que pagarían hasta los sectores más competitivos de la Argentina. El Banco Central le dará más estabilidad a la tasa de interés durante este año, pero los valores seguirán altos.

 

En todo este problema, ¿tiene que ver el déficit fiscal?

Por supuesto. Si el Gobierno no termina de encontrarle la vuelta en serio al déficit fiscal, deberá seguir financiándose en forma artificial, con un mix de pesos que le tirará el Banco Central y endeudándose en dólares. A esos dólares se los cambiará el Banco Central por pesos. Todo eso junto tiene dos efectos: incrementa más o menos en forma artificial la oferta de pesos en la calle. Y también contribuye al ingreso de más dólares. Es tendencialmente inflacionario. En pesos y en dólares. Y obliga al Banco Central a mantener altas las tasas para volver a encerrar en el corral los pesos a los que el Ejecutivo les abre la tranquera.

 

¿Y respecto a la inversión?

Hay algunos sectores que comenzaron a ponerse en marcha: la construcción, lentamente en relación con las expectativas previas, aunque en este año tomará un gran impulso. Desde su lanzamiento en abril de 2016, el sistema financiero ya desembolsó 2.000 millones de pesos en préstamos hipotecarios que se actualizan por la Unidad de Valor Adquisitivo (UVA), según datos del Banco Central de la República Argentina. El campo se lleva las mejores expectativas. La siembra de trigo superó en 20% a la campaña anterior y hay buenas perspectivas para la soja y para el maíz, si el clima acompaña. Las fábricas de maquinaria agrícola han vuelto a levantar las persianas.

 

¿Se están demorando demasiado?

Convertir el país en un centro atractivo para las inversiones productivas no puede ser el único instrumento de la política económica. Si bien reducir la inflación debe ser el objetivo irrenunciable de un país que en los últimos 60 años destruyó de modo implacable el valor de la moneda, la adopción de otras medidas heterodoxas se impone en una coyuntura signada por el aumento del desempleo y de la pobreza. Un mayor equilibrio entre la contención de la inflación y el aliento al consumo aparece como imprescindible, ya que la obra pública y las anunciadas inversiones requieren un tiempo hasta que se vean los resultados.

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