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Sarmiento y la ciudad

 

 

Domingo Faustino Sarmiento concebía al espacio público como constructor de ciudadanía, soñaba con lograr el ágora de su tan ansiada República que permitiese a la sociedad tener la oportunidad de encuentro, diálogo y discusión.

De esta forma, el espacio urbano era para él, principalmente, un ámbito formador en sí mismo. Un ejemplo de ello era su tozudez respecto a la necesidad de que existiesen escuelas, pero no de cualquier manera. Esos edificios debían ser distinguidos y resaltar de la trama urbana general. La escuela se debía convertir en el templo más importante del barrio, y el nuevo credo debía ser la alfabetización, que igualaría a criollos, mulatos e inmigrantes para fundar los cimientos de la Argentina grande. Qué actual resuena este concepto, en medio de las nuevas olas de migrantes y la necesidad de las ciudades de lograr una convivencia pacífica en la riqueza de la diversidad.

Otro gran ejemplo de esta concepción sarmientina que hoy todavía disfrutamos es el parque Tres de Febrero. En 1871, la gran epidemia de fiebre amarilla que azotó a Buenos Aires puso en evidencia las precarias condiciones sanitarias en las que se vivía en una ciudad pujante que comenzaba a notar los primeros problemas de concentración y hacinamiento. Sarmiento había presenciado un proceso similar en Nueva York en plena construcción del Central Park. En ese período, la cuestión sanitaria era una de las problemáticas a abordar en todas las grandes urbes, y en ese contexto, los parques y paseos públicos como el Hyde Park en Londres y el Bois de Boulogne en París- dejaban de tener una función meramente ornamental para transformarse en una solución ambiental: el aire puro y la práctica de deporte se sumaban al tendido de agua potable y cloacas.

Así, Sarmiento impulsó el nacimiento del parque como artefacto sanitario, lugar de esparcimiento y escenario de la vida social pero principalmente como formador de ciudadanía.

Ese anhelo transformador y transformante del espacio público alentado por Sarmiento estaba fundado en un proyecto social: “Solo en un vasto, artístico y accesible parque, el pueblo será pueblo; sólo aquí no habrá extranjeros, ni nacionales ni plebeyos”, afirmaba en el discurso inaugural del Parque Tres de Febrero. Un país en el que hubiese igualdad de oportunidades más allá del credo, la raza y la clase social.

Como afirma el arquitecto e historiador urbano Adrián Gorelik, Sarmiento sostenía que si la sociedad estaba cambiando, la Ciudad debía reflejarla y cambiar. Y en nuestros días, su visión de avanzada sigue más vigente que nunca: “Inventar habitantes con moradas nuevas”, decía Sarmiento en 1886 refiriéndose a La Plata, pero es perfectamente aplicable a esta Buenos Aires que hoy crece y se expande. La ciudad se renueva para acompañar y fortalecer el cambio social, y los desafíos que Sarmiento enfrentó toman una renovada dimensión en la actualidad: fomentar la cultura del encuentro, recuperar el disfrute del espacio público, pensar la Ciudad que queremos entre todos, integrarnos en la diversidad y, sobre todas las cosas, no conformarnos con el status quo, animarnos a pensar en grande. En definitiva, recuperar la capacidad de soñar la Ciudad en la que queremos vivir y trabajar para concretarla.

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