Una cosa es corregir un error cuando se lo comete, esa es la humildad que se le debe reclamar a cualquier gobernante sensato, pero otra muy distinta es no tener rumbo y ejercer el poder con torpeza. Esto último fue lo que ocurrió anteanoche cuando el Gobierno modificó por decreto la ley de movilidad jubilatoria para ahorrarse unos 3.000 millones de pesos al año. La falta de rumbo en el macrismo no es nueva, ya pasó con el feriado de Gemes, con el feriado del 24 de marzo, con el ajuste tarifario, con Fútbol Para Todos y con la designación de jueces de la Corte por decreto. En este caso lo que realmente sorprende es la falta de tacto del Presidente: esto ocurre justo en momentos en los que el Estado le condonó una deuda millonaria a su familia y en los que se multiplican los aumentos de precios en todos los sectores de la economía. Querer recortar gastos en jubilaciones o asignaciones familiares es lisa y llanamente inaplicable en una Argentina que aumentó la pobreza y el desempleo en muy poco tiempo. La Casa Rosada dio marcha atrás con esta decisión, eso no es ninguna novedad en el Gobierno macrista, pero lo que no puede hacer es evitar el costo político: toda la sociedad fue testigo de que, para el Gobierno, los fondos sociales están en la agenda del ajuste. Una de las cosas más llamativas de la cuestión es que esto sucede a pocos meses de unas elecciones trascendentales para la gobernabilidad de la Argentina. Si Cambiemos piensa imponerse en los comicios ajustando jubilaciones y asignaciones familiares, subiendo todas las tarifas y frenando aún más el consumo con los Precios Transparentes, la estrategia es como mínimo inocente. En lo que va de 2017, Macri no tomó ni una sola medida favorable a los sectores más castigados por su gestión. Ni una sola. Modificó la ley de ART pese a las críticas sindicales, cerró las paritarias educativas nacionales y autorizó subas en colegios privados, peajes, servicios y naftas. En paralelo, no se gravó la renta financiera y ni se frenaron los despedidos, coctel peligroso si los hay. La falta de inversiones, que el Gobierno descontaba que llegarían para esta época, está llevando al Gobierno a salir a buscar plata a donde no la hay. En una entrevista conEl Tribuno, el expresidente Eduardo Duhalde había advertido de que el país corre riesgo de volver al “default” porque la deuda externa era “impagable”. Por ahora, no se avizora que el Palacio de Hacienda vaya a incrementar la recaudación ni que se vaya a recomponer el consumo, por lo que el endeudamiento sería otra vez la salida oficial.

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