Preocupación por la  violencia en parejas  de policías

Jaime Barrera

Los vecinos se preguntan por qué la pareja formada por el sargento Ariel Galián y su mujer, la agente Graciela Arroyo, seguían portando sus armas reglamentarias cuando entre ambos se habían registrado varios episodios de violencia doméstica. El hecho ocurrido el martes por la tarde en el domicilio particular de la pareja de policías dejó en evidencia cómo la violencia se acrecienta cuando nadie pone freno a una serie de hechos con agresiones mutuas. En particular si se trata de funcionarios policiales, quienes portan sus armas de fuego reglamentarias para intervenir en distintas circunstancias de hechos delictivos, según apuntan los protocolos de las fuerzas de seguridad.

Son varios los casos en los que parejas de funcionarios policiales sufren en algún momento crisis de pareja o algún tipo de dificultad en su vida personal que los conduce a tomar decisiones poco felices. Las luces de alarma no tardan en encenderse porque se trata de personas armadas. Si bien adentro de la fuerza existen soportes psicológicos que ayudan a establecer el estado de ánimo de los uniformados, hasta el momento dichas herramientas parecieran no ser suficientes.

"Ayúdenme, me está matando", se escuchó desde el interior de la vivienda ubicada en la manzana 34 del barrio 60 Viviendas en Rosario de Lerma. En ese momento la criatura de 5 años de la pareja jugaba en el patio. Las casas son pequeñas y contiguas, típicas de los nuevos barrios construidos con menos presupuesto, que se entregaron hace pocos meses. Son pocos los vecinos que levantan tapias. Los gritos de la mujer se escucharon en casi toda la calle de esa manzana.

"No quise meterme. Era un grito desgarrador. Salí de mi casa después que llegó un móvil policial. La pareja seguía discutiendo delante del chico. Subieron al patrullero y se acabó todo. No es la primera vez que escucho fuertes discusiones en esa casa", contó por lo bajo María, una vecina.

El fiscal penal Gustavo Torres Rubelt no solo imputó a Galián por abuso sexual simple (dos hechos), lesiones agravadas por el vínculo y el género, desobediencia judicial en concurso real. También la mujer policía, Graciela Arroyo, fue imputada por lesiones agravadas y desobediencia judicial.

A sabiendas de los recurrentes y análogos hechos de violencia que protagonizaron con anterioridad la pareja de uniformados, la fiscalía solicitó a la Jefatura Central de Policía de Salta que retire a ambos agentes sus armas reglamentarias, a los fines de evitar males mayores ante la eventualidad de que Galián podría recuperar la libertad en los próximos días.

La comunidad esta consternada. En una pareja de policías ambos tienen sus respectivas armas reglamentarias, y son varias las parejas conformadas por integrantes de la fuerza que presentan problemas conyugales. En el interior es común ver a uniformados que conviven con mujeres policías. En algunos casos se unen en matrimonio y en otros son solo uniones de hecho.

Uno de los factores que inciden al momento de analizar y trabajar sobre el delicado tema es la falta de opciones laborales en los distintos sectores de la sociedad. Esa crisis laboral en muchos casos obliga a numerosos jóvenes del interior a seguir la carrera policial en Salta. Las exigencias en el trabajo, la remuneración y otros menesteres del mundo actual son el caldo de cultivo para que fácilmente surja la violencia.

Antecedentes con heridas graves 

En febrero pasado, en la seccional segunda de Copo Quile, a unos 5 kilómetros de El Potrero, en Rosario de la Frontera, al sur de Salta, se conoció sobre otro caso de violencia doméstica entre una pareja de policías.
La mujer, de 22 años, se desempeña en la Policía de esa zona y porta un arma reglamentaria; el varón tiene 23 años y también es policía pero estaba impedido de llevar el arma de fuego. En medio de una acalorada discusión, según los testimonios de los vecinos, los dos se descerrajaron varios tiros con sus armas en la zona abdominal.
Al igual que en el caso de Rosario de Lerma también en este caso se registraron denuncias por violencia entre ambos con anterioridad al tiroteo. Por fortuna no hubo que lamentar muertos, los uniformados quedaron heridas y algunas de consideración.

Pje. Maestra Saravia

Uno de los últimos hechos trágicos que causó una enorme consternación en la población fue el femicidio contra Delia del Socorro Lamas, de 32 años, quien dejó a tres hijos. El hecho ocurrió en marzo del año pasado en el pasaje Maestra Saravia al 400, en el barrio Villa María Esther. La joven madre murió de un disparo en el rostro o la cabeza, por entonces su pareja, también policía, Héctor Pérez, era el principal sospechoso.

 

 

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia

Debe iniciar sesión para comentar

Importante ahora

cargando...