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La vida de Emanuel Reynoso, una historia de superación y sacrificio
La vida de Emanuel Reynoso, una historia de superación y sacrificio

La vida de Emanuel “Bebelo” Reynoso, el héroe de Talleres en la Bombonera, es una historia de superación, perseverancia y sacrificio. 
Este pibe es amado en el barrio Chino, donde nació y se crió. El mismo lugar donde su mamá vendía bollos para ayudarlo a pagarse el pasaje a los entrenamientos. Es también donde casi se termina antes de empezar el sueño del pibe. 


Hace tres años, una bala casi mata los sueños de este zurdito habilidoso, justo cuando empezaba a sonar su nombre entre los hinchas de Talleres, pero pasó lo inesperado. 
Era un domingo de marzo de 2014. Emanuel Reynoso fue a buscar a un amigo en su moto y mientras charlaban, un par de motochorros se bajaban de otra moto para robarle la de él. Fue a pelear por lo suyo. Pero los malhechores le pegaron un tiro en la rodilla izquierda. Y Bebelo se sentó en la vereda con una pregunta resonando en su cabeza: “¿Volveré a jugar al fútbol?”.
Por suerte para Emanuel y su familia, la bala no tocó ningún órgano y hoy en día esta historia solo es un triste recuerdo. 
De a poco se recuperó. Tres años pasaron de aquel suceso. Los ladrones y autores del balazo nunca aparecieron. 
Tras el balazo, los días internado, la recuperación, el regreso a los entrenamientos, pudo volver a jugar. Pero al tiempo tuvo un accidente en moto, se bajoneó y pensó en dejar el fútbol. El club lo fue a buscar. Lo convenció. Y regresó con todo. En octubre de ese mismo 2014, debutó profesionalmente en Talleres ante Alvarado de Mar del Plata por el Federal A.
Formó parte del plantel que logró el ascenso a la B Nacional en el 2015 y también fue pieza clave del equipo que salió campeón y devolvió a Talleres a Primera División. 
Ayer tras convertirle el gol a Boca, Emanuel se acordó de su papá, de sus siete hermanos, pero principalmente de su mamá Mary, su gran sostén. 
“Mi vieja se esforzó muchísimo para que yo pueda llegar”, repite Emanuel. Pero vender bollos no fue lo único que hizo su mamá por él. Cuando Bebelo fue a jugar al CIBI, ella no tenía plata para pagar la entrada. Entonces, se ofrecía a limpiar los baños, el buffete y de esa forma podía entrar a ver a su hijo jugar. Hoy Mary disfruta del gran presente de su hijo. 
 
 

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