Con recursos audiovisuales para el asombro, abre el Museo Güemes

Por María de los Ángeles Rojas 

Cuenta el historiador Felipe Pigna que a fines de noviembre de 1815, tras ser derrotado en Sipe Sipe, el general José Rondeau intentó quitarles 500 fusiles a los gauchos salteños; pero Martín Miguel de Güemes se negó a desarmar a su provincia. Rondeau encarnaba la desconfianza de muchos porteños, que dudaban de la capacidad militar de los Infernales. Sin embargo, el 22 de marzo de 1816, negociaciones mediante, se llegó al acuerdo de que Salta continuara con sus métodos de guerra gaucha bajo la conducción de Güemes y que brindara auxilio a las tropas enviadas desde Buenos Aires. Por aquel entonces Güemes se desahogaría con el general Manuel Belgrano, con quien compartía la voluntad de aunar fuerzas y preparar la resistencia frente al inminente avance español. 
“Mis afanes y desvelos no tienen más objeto que el bien general y en esta inteligencia no hago caso de todos esos malvados que tratan de dividirnos. Así pues, trabajemos con empeño y tesón, que si las generaciones presentes nos son ingratas, las futuras venerarán nuestra memoria, que es la recompensa que deben esperar los patriotas”, le expresaba en una carta. 
Unos 200 años más tarde, una cuota de aquella desafección histórica quedará saldada con la inauguración del Museo de Güemes, un espacio que valiéndose de recursos audiovisuales y técnicas de exhibición modernas evocará la memoria del héroe gaucho. Esta casa, donde funcionó la Tesorería Real en época colonial y donde vivió su niñez Martín Miguel de Güemes, abrirá sus puertas mañana, a las 18.30, para desplegar el montaje museográfico moderno -que incluye efectos escénicos, lumínicos y programas multimedia- que alberga. El visitante podrá recorrer diez salas, dos patios y sus galerías. Este tránsito lo llevará por una experiencia evocadora de la niñez de Güemes, su participación como joven soldado en las Invasiones Inglesas, la guerra gaucha, su ingente trabajo en la gobernación de Salta y la traición que acabó con su vida. La refuncionalización de la casa, declarada Monumento Histórico Nacional, demandó un monto de 30 millones de pesos. Parte de este dinero corresponde al préstamo de 54 millones de dólares que obtuvo la Provincia de Salta en 2013 de parte del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para esta y otras inversiones. Según el subsecretario de Patrimonio de la Provincia, Diego Ashur, en agosto de 2014 se inició la restauración de edificio y a fines de ese año se llamó a una licitación internacional para el diseño del museo. Debido a que el inmueble, construido en 1786 por un español de estirpe noble, Antonio Tejada, estuvo gran parte de su existencia en manos privadas, solo queda el 50% de su extensión original. En primer lugar se convocó a un especialista en el general Martín Miguel de Güemes para que diera las líneas argumentales que debían seguirse. El fin era dotar a la vida y obra del general de un tinte poético y narrativo propicio para captar la atención de un público de todas las edades. Luego se invitó a especialistas de la Universidad Nacional de Salta, la Universidad Católica, el Instituto Güemesiano, el Instituto San Felipe y Santiago y agrupaciones tradicionalistas para que aportaran otras nociones y propusieran algunas correcciones. 
El concurso para encargarse del discurso expositivo lo ganó Berra Desarrollos Creativos SRL, que desarrolló experiencias visuales, sonoras y sensoriales de altísima calidad en los museos de River y de la Pasión Boquense, en el Benfica de Portugal y aquí en el Museo de la Vid y el Vino de Cafayate. 
En el montaje del museo se destaca la tecnología audiovisual y en cada sala abundan las proyecciones a través de pantallas de distintas características y soportes. También hay maquetas, voces en off, sincronización de luces con monitores, un animatrónico (escultura con algunos movimientos), proyecciones sobre superficies con relieve, efectos 3D y video mapping. Estos nuevos recursos permitirán sin dudas que el Museo de Güemes se convierta en el ícono cultural y turístico que está llamado a ser. 

 

Las salas

Guiado por la personal voz del actor Cástulo Guerra, el visitante hallará durante su recorrido un tótem que le sintetizará el contenido de cada habitación. 
En la sala 1 “Escudo de la libertad” será ubicado en el contexto preexistente al nacimiento de Güemes. Desde una maqueta de la Salta colonial y un video explicativo conocerá acerca de la fundación de la ciudad y de su evolución desde una aldea de pocas manzanas hasta la pequeña urbe, centro político y administrativo de la región, en que acabaría convirtiéndose con la creación del Virreinato del Río de la Plata. Luego entenderá por qué el movimiento patriótico, que instaló durante once años una cruenta y costosa contienda (1814 y 1825), tendría sobre ella ese poder de transformación. 
En la sala 2 “Bienvenidos a esta casa” desde dos cuadros de marcos señoriales cobrarán vida don Gabriel de Güemes Montero y doña Magdalena Goyechea de la Corte, padres de Martín Miguel, quienes reciben a los “huéspedes” con un parloteo cálido e incesante mientras sientan las bases del hogar y las costumbres que moldearían el carácter del general. Ya en la sala 3 “La cuna”, el visitante se asombrará ante un despliegue escenográfico en el que se reconstruye la habitación de niño del general y un arcón abre su tapa para desvelar recuerdos. “Les contaré historias de un tiempo muy lejano... hace ya más de 200 años que llegué a esta casa con el niño Martín Miguel y su familia”, desgrana la voz del añejo objeto, que relata con la fuerza de un testigo presencial cómo en cada travesura se anticipaba la gran destreza de jinete y los valores del general. Pronto se agotarían los tiempos en que trepaba los cerros junto a su hermana Macacha y pergeñaban sueños orientándose por las estrellas en la finca familiar. Al cumplir 14 años Martín Miguel se convertiría en soldado del Regimiento Fijo de Infantería de Salta y luego partiría a Buenos Aires.

 

Vida militar
 
La sala 4 “La patria fue su destino” está destinada a ahondar en la formación militar en Salta y Buenos Aires y la participación en las Invasiones Inglesas del joven Martín Miguel. Este es un intento de distanciarlo de la imagen de caudillo local sin formación militar que tanto se ha difundido. En un cuarto austero Güemes le escribe una carta hipotética a su padre, fechada el 2 de octubre de 1807, 
en la que le expresaba su deseo de volver a Salta, regreso que concretaría en 1808. 
En la sala 5 “La guerra gaucha”, el visitante camina sobre el territorio en el que se desatarían los combates de liberación de realistas, que abarcaba desde los cerros tucumanos hasta el Lago Titicaca, mientras que en la sala 6 “Líder y guerrero”, La victoria en Puesto del Marqués había desatado la euforia y Güemes era recibido con vítores. El pueblo y el cabildo lo aclaman gobernador, de una provincia que, producto de la guerra permanente, tiene sus campos arrasados y padece la interrupción del comercio con el Alto Perú. 
En la sala 7 unos diálogos con el coronel Vidt y Carmen Puch de Güemes presagian el destino inicuo del general, que se concretará en la sala 8 “¿Quién vive? ¡Vive la Patria!” cuando los sectores poderosos le ofrezcan su servicio al enemigo español para eliminar a Güemes. 
En la sala 9 “Atelier del artista”, se recrea el pensamiento de Antonio Alice al crear el cuadro “La muerte de Güemes”, que está en la Legislatura de la Provincia de Salta. Allí se recompone el momento inmortalizado en ese lienzo, cuando tras haber llegado gravemente herido a su campamento de Chamical con la intención de preparar la novena defensa de Salta, Güemes reúne a sus oficiales. Luego le transfiere el mando a uno de ellos, da las últimas indicaciones y expira el 17 de junio de 1821 en la Cañada de la Horqueta. En la última sala “El legado” muerto el personaje hay una construcción de una memoria colectiva a través de los primeros escritos de Dionisio Puch, Juana Manuela Gorriti, Leopoldo Lugones y Bernardo Frías, y que sigue hasta nuestros días con ficciones para cine y TV. Además, el visitante transita una línea del tiempo en la que se reúnen los principales hechos en la vida del general con lo que sucedía en Argentina, Sudamérica y el mundo. A la par de este recorrido, se despliega el sendero de interpretación de la casa, con referencias a la reconstrucción del inmueble. 
Al salir el visitante puede sentir que el Museo de Güemes lo ha atravesado como una epifanía. “Los museos del siglo XXI apelan a que la visita sea memorable y que se retengan contenidos producto de asociarlos a esa experiencia y no tanto al proceso de lectura o análisis de algún texto o a observar una pieza de la que se brinda poca información. Apelamos a reconstrucciones y evocaciones más próximas a la forma actual de conocer el mundo a través de internet, una tablet o un celular”, señaló Diego Ashur. 

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