La alternancia y el pluralismo político en el reparto del poder, proporcionan los equilibrios y contrapesos que se requieren para construir una sociedad democrática con progreso e inclusión. Salta necesita salir de un modelo de organización que al concentrar el poder, anula la diversidad, el debate y la construcción de consensos. Enumeramos algunos puntos de la agenda de cambio que se debería concretar. En los sistemas de Ejecutivo fuerte, los límites a las reelecciones son la regla, porque la permanencia en el cargo durante demasiado tiempo aísla al gobernante, agota la imaginación, cansa a la sociedad y quien ejerce el poder lo usa además para buscar perpetuarse impidiendo saludables renovaciones.

En lo que respecta a la Legislatura su legitimidad es cuestionable, ya que se penaliza con subrepresentación al voto urbano de una manera tan distorsionada, que el sistema funciona como una "fábrica" de dos tercios de la representación a favor de un solo sector que no cuenta con ese caudal de sufragios. El sistema democrático está pensado para que nadie tenga por sí solo tamaña mayoría agravada con la cual se toman las decisiones más graves.

Con semejante número se vuelve innecesario el debate y los consensos. Se viola además el art. 37 de la Constitución Nacional y los tratados internacionales incorporados a su texto que establecen que el sufragio debe ser "igual", es decir un voto por persona de igual valor o eficacia para generar representación.

Es necesario por lo tanto cambiar el sistema para que todos los votos tengan el mismo valor, y de esta manera cada sector político por aplicación del principio democrático tenga una cantidad de legisladores proporcional a los sufragios que obtuvo. Se debe garantizar la independencia de la justicia, hoy condicionada por el mandato de solo seis años que tienen los integrantes de la Corte de Justicia, y revisar el funcionamiento del Consejo de la Magistratura, para que a la función judicial lleguen los mejores en procesos de selección trasparentes.La Auditoría como órgano de control de la hacienda pública, tampoco funciona como debiera.

La experiencia indica que la calidad institucional es condición indispensable para el progreso, el desafío es debatir un nuevo modelo de organización del Estado, con límite a las reelecciones; respeto al derecho constitucional al igual valor del sufragio de todos los salteños, para contar con una Legislatura con pluralidad, equilibrio y debate; justicia independiente; y órganos de control que funcionen. En algunas sociedades, el Poder Judicial en ejercicio del control de constitucionalidad hizo cumplir el derecho al igual valor del sufragio, en otros casos desde la política se lideraron procesos de reforma, valga para su época el ejemplo del presidente Sáenz Peña y de su ministro del Interior el salteño Indalecio Gómez, quienes hicieron posible la democracia con voto secreto y obligatorio, o en nuestros días el acuerdo entre Cambiemos y el Frente Renovador que permitió el año pasado sancionar una ley que pone límite a las reelecciones en la Provincia de Buenos Aires.

¿Es posible el cambio en Salta? Depende de todos y fundamentalmente de quienes ocupan posiciones dirigenciales, lo que está claro es que el actual esquema de concentración del poder, sin pluralismo ni límites, no da para más.

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