Lucrecia Martel: "La gran industria del cine no existe en  nuestro idioma"

La jornada inaugural del 19º Bafici tuvo un plato fuerte con acento local: la salteña Lucrecia Martel dialogó con cuatro de las actrices que supo dirigir en la pantalla grande, en una conversación pública a sala llena.
No cabía un alfiler en la sala 8 de los cines Village, frente al emblemático cementerio porteño de la Recoleta. Decenas de jóvenes hipster y algunos otros de pelos celestes o violetas, amantes del cine o estudiantes del séptimo arte, se acercaron en la tarde del jueves a la masterclass titulada ‘El territorio de las actrices‘, allí y presentada por el director de la muestra internacional, Javier Porta Fouz, Martel conversó con Graciela Borges, María Onetto, Julieta Zylberberg y María Alché.
En rol de cineasta pero también de entrevistadora, la salteña jugó a un relajado y reflexivo ping-pong de preguntas y respuestas con las protagonistas ‘La ciénaga‘, ‘La mujer sin cabeza‘ y ‘La niña santa‘.
Emulando el formato de un reality show, tal vez por la presencia del público, Martel bromeó además respecto de coquetear con la conducción. 
La creadora que pronto estrenará ‘Zama‘, una coproducción entre Argentina y España basada en la novela de Antonio Di Benedetto publicada en 1956, reveló: ‘Quería darme este gusto de conversar con actrices del nivel de las que hoy están aquí fuera de las agendas de compromiso que se tiene con los estrenos de las películas, que limitan los diálogos a esas películas, y evitan las preguntas sobre otros temas‘, indicó.
Sobre el itinerario del encuentro, detalló: ‘Los temas que pensé son aquellos de los que tenía curiosidad, y ninguno es concretamente sobre las cosas que hicimos juntas... y además estoy como ensayando el rol de conductora de ’Utilísima’... todos estamos sabiendo lo que está pasando con el cine, por eso ahora decidí esto, la próxima será cocinar‘, dijo refiriéndose a la compleja actualidad del INCAA.
‘Estamos preocupados porque no se entiende, vienen mensajes de que la cosa no va a cambiar, esperemos que así sea, pero vamos a tener que estar bien atentos para que sea de esa manera, porque si no se va a complicar‘, recalcó.
Graciela Borges rompió el hielo e indicó ‘estuve toda la noche y lo que va del día muy emocionada por el hecho de que hace mucho tiempo no veía a Lucrecia, que es para todos nosotros alguien a quien todas las que estamos acá amamos‘. 
‘Es una directora absolutamente genial, compañera, y de la que hemos aprendido tanto‘, dijo la actriz de extensa trayectoria.
Martel condujo a las actrices con preguntas sobre su profesión: el concepto de verdad en su trabajo, la verosimilitud de los roles, aquel momento fundacional en que se sintieron actrices por primera vez, la dificultad de los desnudos, el idioma español dentro de la industria angloparlante e incluso las selfies en una época que la salteña denominó “de hiper narratividad”.
En un itinerario extenso y variado, las actrices relataron diversas experiencias en primera persona. Así, Julieta Zylberberg explicó: “Necesito creer para poder hacer un personaje y como espectadora también necesito que (lo que se ve en pantalla) que tenga un carácter realista”.
Por su parte, María Onetto, opinó: “Uno construye una verdad en relación a lo que puso en juego quien escribió el guión. Es importante estar presente y desear actuar. Cuando el actor está presente y comprende el tema, las escenas llegan”, consideró.
En seguida, Martel explicó: “A veces el actor se enoja porque uno no ve algo que él siente que ya pasó. Por ejemplo, yo hice once veces una toma en “La niña santa”. A eso, Borges añadió que “hay dos clases de actores: los que actúan y los que necesitan sentir todo”. Y Onetto reflexionó: “Uno funda una realidad paralela a la propia con esa posibilidad de explorar un imaginario. Y a veces se quiere quedar ahí, en esa otra realidad”.
Las actrices además analizaron la posibilidad de mimetizarse con los personajes y Graciela Borges declaró haber pasado por situaciones de ese tipo con los filmes “El dependiente”, de Leonardo Favio, y “La ciénaga”, de la propia Martel. La destacada actriz aseguró además: “En los últimos años empecé a ser más feliz haciendo cosas. Mi papá no quería que yo fuera actriz y sentía una especie de culpa por eso”, respondió ante la consulta de un joven del auditorio que indagó a las presentes sobre la construcción de género en el cine.
Asimismo, desde el público consultaron a Martel sobre la vinculación del cine como selfie de la realidad. “Muchas cosas extrañas del cine tienen referencia directa con la realidad, pero hay una distancia que nos permite sobrevivir al dolor. Ser espectador de la vida es bastante peligroso y es un riesgo”, subrayó.
Para cerrar la reunión, que se extendió por 90 minutos, Martel detalló: ‘La gran industria del cine no existe en nuestro idioma y reflexionar acerca de esto requeriría otras instancias. Me parece que la lengua es un derecho humano, y creo que no se está apreciando el idioma como un derecho‘.
Y casi fuera de contexto, pero evidentemente porque es un tema que le preocupa, añadió: ‘En el Talent Campus de Berlín vi a unos chicos malayos que tenían en carpeta un proyecto, discutiendo entre ellos en vistas a una charla con un productor o con productores occidentales, si no les convenía hacer su película en inglés en vez de en malayo... Lo digo porque parece que eso empuja a nuestra industria desde un lugar legitimado por el mercado, y es terrible‘, sentenció antes de recibir el aplauso caluroso de los presentes.
‘Zama‘, la última pieza de la destacada salteña se estrenará el 6 de junio y recrea la historia de Don Diego de Zama, interpretado por Daniel Giménez Cacho, un oficial español del siglo XVII asentado en Asunción, que espera su transferencia a Buenos Aires.
 

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