Bienvenidos al invisible fútbol del interior

Durante años, lustros y largas décadas de régimen grondonista, los estamentos más bajos del fútbol argentino estuvieron viciados y contaminados por doquier. No era ninguna novedad. Tampoco lo es ahora, aunque el discurso que baja de los nuevos dirigentes afistas hable de transparencia y renovación. Cuesta demasiado creer que la cosa cambie en el interior, donde todavía por estos tiempos predomina el oscurantismo y la clandestinidad, donde aún hoy a nuestro fútbol lo atraviesa una gigantesca vidriera opaca que lo convierte en invisible para muchos, en la que no llega la televisión ni la afición masiva. Donde poco se difunde y se conoce. Donde jugar de visitante para muchos equipos es viajar a la “tierra de nadie”. Donde se corta el agua caliente con frecuencia. Donde se suspende la luz cuando la mano viene esquiva. Donde los árbitros son rehenes. No sucede en todas las canchas, pero es una tendencia típica de los torneos federales, en cuya jerga la “acostada” pasó a ser uno de los vocablos más usados. ¿O acaso vivimos en otro planeta, para que varios protagonistas del fútbol salgan a horrorizarse? Hoy muchos en Gimnasia temen por consecuencias a futuro que pueda pagar el albo, más allá de Mitre. Y es que al fútbol le ganó el descrédito y la desconfianza, aunque venga un salvador de la gran urbe a exponer el tema en el tapete nacional, aunque esto haya servido para que se cambie una designación y para que cualquier intento de maniobra oscura quede expuesta y advertida. 

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