La arquitecta Gloria Leonor Kulisevsky defendió su tesis de Maestría en Valoración del patrimonio natural y cultural de la Universidad Católica de Salta el 18 de mayo de 2017. Dicha tesis versó sobre la vida y obra de Gertrudis Chale y contó con la dirección de la prestigiosa arqueóloga María Constanza Ceruti.

Gertrude Schale (1898-1954), tal su verdadero nombre, fue una extraordinaria artista plástica europea que frecuentó y vivió largas temporadas en Salta en las décadas de 1930 y 1940. Formó parte del grupo de pintores, poetas y escritores que florecieron en nuestra provincia a mediados del siglo XX. Gertrudis era una austríaca nacida en Viena, de familia judía, que se formó como pintora en su país y completó sus estudios plásticos en Múnich y en Ginebra. Le tocó ver de cerca el surgimiento del nazismo cuando todavía eran un grupo de fanáticos que se reunían con su líder en una cervecería de Múnich.

Tempranamente sintió la necesidad de ampliar sus horizontes creativos. Viajó a Francia, donde se inundó de belleza en la París de aquellos años. Luego partió a España y vivió un largo tiempo recorriendo cada rincón de la península y pintando desde paisajes mediterráneos de cal, azul y arena, hasta aquellos otros de la terrible estepa castellana "donde polvo, sudor y hierro, el Cid cabalga".

Gertrudis vivía su idilio artístico en España cuando los vientos políticos empezaron a soplar con fuerza allí y en toda Europa. La explosión de una bomba en una iglesia vecina a su departamento la alertó de que había llegado el momento de partir. Con su esposo emprendieron el exilio hacia la Argentina. La infinitud de la Pampa era un tema que albergaba en su imaginario. Se instalaron en Quilmes buscando la comunión de la Pampa y el río. Pintó entonces escenas urbanas, caminos de tierra, árboles mochados, caballos vivos y muertos; en fin, todo lo que llamaba su atención en aquel ambiente fronterizo entre el campo y la ciudad, entre lo urbano y lo antrópico versus la naturaleza salvaje.

En Buenos Aires trabó amistad con el poeta Oliverio Girondo y su esposa Norah Lange y frecuentó los círculos intelectuales de la época. En aquellas memorables tertulias compartió con Borges, González Tuñón, Pablo Neruda, Federico García Lorca, Olga Orozco, Conrado Nalé Roxlo, entre otros.

En algún momento sintió la necesidad espiritual de ver nuevas realidades. Separada de su marido, viajó hacia el norte del país, donde quedó fuertemente impresionada por la Puna y el Altiplano, su geografía y su gente. Chale descubrió un mundo nuevo y deslumbrante, una epifanía de colores en las montañas y sus habitantes: descubre lo telúrico y americano. Siente la necesidad de pintar, de plasmar en sus telas la magnificencia del paisaje, la inmensidad del mundo andino.

Emprende un viaje existencial y nómade que la lleva por Bolivia, Perú y Ecuador. Quiere adentrase en las raíces del extinto imperio de los incas. Reniega de los medios clásicos de transporte y opta por recorridos fuera de ruta, en huellas precarias, peligrosas, cruzando ríos y montañas, al borde de precipicios, viajando apiñada en la caja de camiones destartalados donde comparte con hombres, mujeres y niños de la tierra. Llega a pueblitos perdidos, participa de sus fiestas, sus comidas y bebidas, duerme sobre pellones, todo un cuadro difícil de imaginar para una gringa bella, culta y fina, tal como la retratara su amiga, la famosa fotógrafa alemana Grete Stern.

El alma andina

Esas vivencias de viaje elevan su espíritu de artista y logra captar como nadie el paisaje andino y su gente. Según Romualdo Brughetti, Chale representó uno de los más fervientes deseos de investigar y representar la realidad del hombre y del paisaje sudamericano. Sus obras panorámicas y figurativas en óleo y témpera incorporan elementos del expresionismo y del surrealismo, y enfocan la tensión entre la intemporalidad y la enormidad del mundo andino. Más allá de las definiciones técnicas sobre su pintura, lo cierto es que Chale pintó la geología del paisaje con una magnífica profusión de líneas, formas y colores. Pudo apresar en la tela los fenómenos fuera de escala de la fisiografía andina. La inmensidad del Altiplano, la majestuosidad de sus volcanes, la imponencia de sus montañas, el amontonamiento de estratos polícromos y hasta geoformas particulares están simbolizados en algunas de sus representaciones pictóricas. Hay cuadros de paisajes puros y otros de paisajes con su gente. Uno de ellos "Montañas peruanas" es una composición donde pintó desde una perspectiva única el volcán Misti de Arequipa (Perú), un cono de laderas aterciopeladas de cenizas negras y suaves que se destaca en el paisaje ocre del desierto hiperárido de la costa pacífica peruana. En "Ceja de selva", representa un paisaje de pináculos o penitentes de tierra que se conocen como "tubos de órgano" o "paisajes góticos" tal como los definiera el alemán Franz Kuhn a principios del siglo XX.

La obra "Tormenta petrificada" muestra lo geológico desde su título y fue pintado en Bolivia en 1945. Representa una región del Altiplano donde se destacan cerros con formas cónicas y piramidales, capas rojas, barrancas erosionadas por cárcavas y un toque antrópico de caminos y cultivos de andenería.

Otro de sus cuadros se llama simplemente "Montañas" y de nuevo encontramos allí elementos geográficos y geológicos como una sucesión de cadenas de montañas, cerros cónicos, filos y cordones que se pierden en el horizonte, mientras que en un primer plano destacan terrazas fluviales que evolucionaron por la profundización de un río principal y sus afluentes.

La pintura que llamó “Paisaje” es una lograda síntesis de los elementos mayores que constituyen el Altiplano boliviano. Representa una visión de paisaje lunar, donde se divisan en la lejanía viejos volcanes, campos de dunas, un salar que parece contener una laguna salina, arenales, ausencia completa de vegetación, las paleocostas de un antiguo lago, tales como los que se sucedieron en el Altiplano en el Pleistoceno.

Otro bello cuadro es “Ojos de agua”, donde a un paisaje sublime yuxtapone a tres mujeres campesinas con sus vestimentas típicas que descansan indiferentes a la magnificencia fisiográfica que las rodea. Allí se destacan dos manantiales, montañas afectadas por una antigua erosión glaciar con sus circos, valles y morrenas, y las clásicas montañas cónicas. El paisaje andino está también exquisitamente representado en “Mujeres trabajando” y en “Tradición andina”. Como dijimos, influenció y fue influida por Salta y su mundo intelectual. Fue amiga del pintor Luis Preti y de Manuel J. Castilla. Precisamente fue ella la que ilustró certeramente esa magna obra de la poesía minera boliviana que Castilla tituló “Copajira”. Llolanda de Preti, viuda del pintor, conserva la rica correspondencia que intercambiaron Chale y su esposo y que fue rescatada en el estudio de Gloria Kulisevsky.

Es también interesante señalar que uno de los cuadros de Chale titulado “El ‘estar’ de América” tiene un estilo que guarda cierto parecido con el logo de la Universidad Nacional de Salta, obra de Osvaldo Juane y Manuel J. Castilla. Quien sí profundizó en la filosofía del “mero estar” fue Rodolfo Kush en su libro “América profunda”. Gertrudis falleció en un trágico accidente cuando el avión en el que volaba desde Mendoza a Córdoba se estrelló en la Sierra de Vilgo, en La Rioja, un 23 de abril de 1954. Tenía 56 años y estaba en el esplendor de su carrera artística. Pintaba entonces los murales de la Galería Santa Fe en Buenos Aires. Sus cuadros se distribuyen hoy en el mundo, tanto en museos como en colecciones particulares.

 

 

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