Viacheslav Mólotov (comisario del Pueblo para los Asuntos Exteriores de la Unión Soviética) quedó inmortalizado en el artefacto incendiario que lleva su apellido. El arma fue usada en la Guerra de Invierno (1939), cuando Rusia atacó Finlandia, que llamó irónicamente al explosivo bomba molotov.

Justamente, con la bomba molotov, fue intimidada en su hogar una profesora de contabilidad de varios colegios de General Pico (La Pampa). Su identidad se mantiene en reserva, por ahora, en la investigación.

Los "cultores" de Mólotov comunicaron en una amenaza por escrito dejada en una casa vecina cuál era el móvil: la docente debía aprobar los exámenes a todos los chicos de establecimientos privados de General Pico, si no "habrá venganza".

A pesar de que el hecho fue registrado por las cámaras de seguridad de la vivienda, aún no se sabe nada, con certeza, de los victimarios. Por la nota se sospecha que son alumnos. Los dueños de la casa no estaban en ese momento. El fuego fue controlado por una persona que pasaba por el lugar. La utilización de material explosivo muestra el odio con que los autores se encarnizaron contra la profesora.

El campo de la educación está plagado de episodios violentos y todos en escalada. Los alumnos de los distintos niveles tienen modos de gozar peligrosos para sí mismos y para terceros. Las normas que regulan la convivencia entre escolares fueron una necesidad impuesta por la sociedad para evitar que cualquier tipo de violencia haga explotar al sistema educativo, precario de contención.

A pesar de la ley como tenue defensa institucional, igual la violencia escolar desbordó a la comunidad escolar. Indudablemente, los chicos de las molotov no usan los métodos que la escuela les otorga para plantear las diferencias, que son el rendimiento estudiantil y el diálogo. Lejos de tener una posición ética frente al cumplimiento del examen y al valor de la palabra para dirigirse a la cátedra, respondieron con un atentado vandálico sabiendo que éticamente no es aceptado por la sociedad civilizada.

La pregunta que circula en General Pico, luego de los hechos, fue: ¿qué les pasó a estos alumnos?

Las posibles respuestas serían que actuaron por diversión, no les interesa aprender, son adolescentes que no sacrifican nada, no les importa el futuro o tienen un vacío colegial que lo llenan solo con el hiperindividualismo de cada uno; ¿el mismo que les dio vértigo y adrenalina al tirar las molotov? Eligieron el terror en nombre del "todo vale". Es el goce particular del grupo que acaso pensó que hoy "vale más ser temido que querido". Aunque lo realizado es un acto sin ninguna significación racional, lo tomaron como un hecho reivindicativo.

A ese frío cálculo de los autores se lo visualiza en las cámaras de vigilancia, lo que hace pensar, a partir de la imagen siniestra, cómo jaquearon a la docente con la violencia. Allí aparece fácticamente la declinación de autoridad del saber que reciben y la evasión a las reglas institucionales. Sus sombras movedizas "rompen" el contrato educativo basado en que una parte estudia y la otra da el conocimiento.

Banalizaron el porqué se va al colegio a aprender y lograron que el comisario ruso Mólotov sea terroríficamente recordado en General Pico.

 

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