El Tribuno

Versión para imprimir 00:25 | 24.abril.2014

Opiniones ANALISIS CULTURAL

Ponerle el cascabel al gato

Autor Paco Fernandez

03:39

El refrán “ponerle la cola al gato” según el DRAE, apunta a “arrojarse a alguna acción peligrosa o muy difícil”.

La expresión “dar gato por liebre” se debe interpretar como “engañar en la calidad de una cosa”.

En su análisis de dichos y refranes, el especialista en el tema, don José María Iribarren, nos refiere el sentido del que dice "armarse un toletole' o "se armó un toletole'.

El DRAE, al buscar la palabra "tole', nos la hace derivar del verbo latino “fero, fers, tulli, latum, ferre”, cuyo significado es (según el “Diccionario de la lengua latina” de Luis Macchi) "llevar, llevar con violencia; producir; soportar; publicar, divulgar; imponer; dar a conocer, sobresalir', además de otros significados que también consigna. Nuestro diccionario agrega lo siguiente: “por alusión a las palabras "tolle eum', con que los judíos excitaban a Pilatos a que crucificara a Jesús”, significa "confusión y gritería popular', que también se usa repetido (toletole). Asimismo quiere decir, en una segunda acepción, "Rumor de desaprobación, que va cundiendo entre las gentes, contra alguien o algo'. No incluye -añade el autor citado- la expresión popular "armarse un toletole' que hace referencia a un gran alboroto o confusión, como asimismo levantarse un cierto rumor o "runrún'. Citando al “Gran diccionario de refranes” de Sbarbi, originalmente se refiere a la frase "tolle, tolle' que, con un gran griterío, vociferaron los escribas y fariseos que pedían la crucifixión de Cristo, exigiendo que quitara de su vista a Barrabás (pues Pilatos les había propuesto la alternativa de liberar a Jesús o al delincuente) y que condenara al Señor.

No coincide Iribarren en esto con Sbarbi, considerándola como una interpretación rebuscada, porque adjudica el dicho a las fórmulas repetitivas que abundan en español, como "trochi-mochi, tipi-tapa' y otras por el estilo. Sin embargo, no parece desacertado lo que informa el DRAE. Es decir, además de la explicación adecuada de Iribarren, también se puede considerar el argumento de las frases repetitivas.

Ponerle el cascabel al gato

En los cumpleaños de los niños, uno de los juegos que se incluía (quizá, también, en la actualidad algunos lo practiquen) consistía en colocar una venda al niño y pedirle que pusiera, en un dibujo grande en cartulina, la cola que le faltaba al gato. Se suscitaban, así, escenas hilarantes porque era muy difícil acertarle con precisión. Por supuesto que también se decía “ponerle la cola al gato” pero, en relación con el dicho nacido en España e imitándolo, se usaba la frase en la que se entiende que se le pone ese elemento ruidoso ya que, como informa el DRAE, el refrán apunta a “arrojarse a alguna acción peligrosa o muy difícil”.

Aparentemente este juego se originó en una fábula de Samaniego (aunque, según Iribarren, este fabulista se inspiró en un cuento antiguo que Lope de Vega había puesto en verso), titulada “El congreso de los ratones”. En él, una asamblea de estos animales concluye que, para estar prevenidos contra los ataques de sus enemigos los gatos, hay que atarle un cascabel para que, cuando lleguen a hacerles daño, se delaten solos con el ruido. Sin embargo, llegado el momento de colocárselo, nadie se animó a hacerlo por el miedo que tenían a los felinos. Tal cuento se remonta al siglo XIV, en el apólogo número 55 del “Libro de los gatos”. Dicen que al cascabel se lo ataban al pescuezo, pero quizá no sería desacertado pensar que, dentro de todo, era más fácil atárselo a la cola ya que implicaba menos peligro pero, además, de ese modo iba a provocar un mayor ruido.

Dar gato por liebre

Martín Alonso, en su “Ciencia del lenguaje y arte del estilo”, en la sección que dedica a locuciones y modismos, consigna la expresión “dar gato por liebre” a la que explica como "engañar en la calidad de una cosa'. A esto agrega María Moliner, "engañar haciendo pasar una cosa por otra mejor'. Y la “Enciclopedia universal Sopena” añade un dato más: "Dar o vender gato por liebre, engañar haciendo pasar por una cosa otra inferior que se le parece'.

Iribarren aclara que “vender gato por liebre” era una versión más antigua que la que conocemos. Cita a Covarrubias, en su “Tesoro de la lengua castellana”, de 1611, con el verbo "vender', definiendo la frase como “engañar en la mercadería; tomado de los venteros [habla de los que venden algo: vendedores, diríamos hoy], de los cuales se sospecha que lo hacen a necesidad y echan un asno en adobo y lo venden por ternera. Debe ser gracia y para encarecer cuán tiranos y de poca conciencia son algunos”.

“Quevedo -continúa Iribarren- escribe en "El alguacil alguacilado': "Un mohatrero [engañador o fraudulento] dijo que él se condenaba por haber vendido gato por liebre, y pusímoslo de pies con los venteros, que dan lo mismo'. Acerca de esta locución citaré lo que dice Bastús en "La sabiduría de las Naciones' (2da. serie, pág. 49): "Parece que antiguamente había una fórmula, especie de conjuro, con la que los viajeros creían cerciorarse de si la pieza que el ventero les presentaba en la mesa era liebre o conejo, gato o cabrito. Al efecto, todos los comensales se ponían en pie, y el más calificado de ellos, dirigiendo la palabra a la cosa frita, decía: "Si eres cabrito, / mantente frito; / si eres gato, / salta del plato'. Entonces se separaban algún tanto de la mesa para que pudiera escaparse si saltara del plato; mas luego, no habiendo novedad, como nunca la había, comían lo que fuese, bueno o malo, persuadidos de que era conejo, liebre, cabrito o lo que quería el ventero'”.

Bueno es comprobar (aunque, por supuesto, no es alentador) que en todos los tiempos hubo gente comerciante a la que no le gustaba engañar, pero que también había, quizá, muchos más de los otros. En esto se cumple lo del tango “Cambalache”, tan sabio y actual a pesar del siglo que atesora.

El ser humano se conoce a sí mismo mejor que nadie y es capaz de acuñar lecciones de todo su rico pasado, tanto en lo negativo, pero también en lo positivo. Y en este sentido, los dichos, refranes y sentencias que acumula a lo largo del tiempo (no solo en el idioma español, sino en cualquier otro) constituyen un libro abierto, no impreso, que ha ido circulando de generación en generación para legar su sabiduría práctica y acumulativa a todos los que vienen y vendrán por los siglos de los siglos. Por eso es muy importante valorar este legado y, a la luz de esos refranes y locuciones, saber leer e interpretar el mensaje de las generaciones pasadas, puesto que ofrecen un sabio mensaje.