Desconocido aún para muchos salteños, San Carlos es uno de los bellos pueblos del sur de la provincia que nos espera junto a la ruta. Se encuentra en el corazón de los Valles Calchaquíes, sobre la ruta nacional 40, a 24 km de Cafayate y a 210 de Salta capital.


Es cabecera del departamento homónimo, que tiene pueblos distantes como Amblayo, al que se puede llegar solo ingresando por Cachi.
Como la mayoría de los poblados de la región, San Carlos se encuentra a orillas del río Calchaquí. Es uno de los más antiguos de toda la provincia, que en un principio tuvo allí una fallida ciudad capital. Fue fundada por los españoles unas cuatro veces, porque los pueblos aborígenes ancestrales de la zona no permitían el asentamiento de una ciudad como la que pretendían los europeos.
Hasta el año de 1630, cuando los jesuitas se establecieron en una misión bajo la advocación de San Carlos de Borromeo, santo al que aún se festeja en la localidad todos los 4 de noviem bre.
Justamente, uno de los puntos más pintorescos del pueblo actual es que conservó a través del paso del tiempo y los ataques aborígenes el aspecto arquitectónico colonial de sus casas. La mayoría de los inmuebles tienen ese aire colonial metido dentro de sus paredes de adobe y ladrillo cocido, que se apoyan como abuelos centenarios entre las angostas callecitas.
Datos para no olvidar
Sobre todo San Carlos posee un interesante camping municipal, con cabañitas, baño muy cuidado y una pileta que en verano recibe a muchos capitalinos que están avisados de su existencia. Si no, hay varios hoteles, hostales y "casas", que provienen de familias tradicionales del lugar, hayan sido acondicionadas para recibir a los viajeros.
Aquí también podemos señalar que hay un turismo campesino bastante desarrollado que oferta sus servicios, con propuestas muy interesantes. Desde residir en una casa en el campo, participar de la vida diaria campesina, hornear pan y, por supuesto, hacerse de nuevos amigos.
Podemos encontrar excelentes artesanos de teleros, en cuero, cerámica, ramas de simbol, vinos regionales y cerveza.

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Corralito, el Barrial, La Cabaña, La Angostura, Payogasta, San Lucas, San Antonio, etc., todos juntos componen un sinnúmero de poblados que rodean a San Carlos y que son muy lindos de conocer ya que siguiendo las líneas de sus caminos comunicantes, podemos acceder a paisajes del corazón de los Valles Calchaquíes.
Por ejemplo, Angastaco, que es uno de los principales poblados del departamento. Tan bello como su cabecera departamental y religiosamente constituido desde sus albores. O Animaná, más cerca de Cafayate, es muy famoso por sus vinos y recomendamos sus humitas y tamales del maíz más blanco de América.
En San Carlos, podemos visitar su Museo Histórico, donde encontraremos los restos de las culturas originarias de la región, pero también los restos de las culturas criollas, sobre todo de la época de constitución de nuestro país, ya que allí se sucedieron hechos históricos relevantes durante la Independencia. Aunque pudo ser la capital de la provincia, en una elección su destino fue sellado al perder por un voto frente a la ciudad de Salta. En 1813 los realistas saquearon y destruyeron el pueblo para que no cayera en poder de las fuerzas patriotas, que avanzaban desde Tucumán hacia el norte. Y su iglesia es la más grande de los Valles y la única con crucero y cúpula de toda la región. Su construcción comenzó en 1801 y finalizó en 1854, siendo declarada monumento histórico nacional en 1971, y nombrada como patrimonio de la humanidad por la Unesco en el 2000. Pero sobre todo los visitantes encuentran en cada uno de sus parajes la belleza y sosiego que todos buscamos.

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